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Instituyen el Año Hernandiano en honor de quien es considerado símbolo de la República

El Instituto Cervantes de Madrid dedicó 12 horas de lectura en voz alta a sus versos

Murió encarcelado por el franquismo, que lo acusó de traidor; ahora, la familia exige declararlo inocente

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Miguel Hernández murió en la cárcel a los 31 años como preso político. Una vida corta en la que logró un grandioso trabajo poético. Sobre estas líneas se muestra una de las fotografías más famosas del poeta que circula en Internet
Agencias
Periódico La Jornada
Domingo 31 de octubre de 2010, p. 3

Madrid, 30 de octubre. La vida y obra del poeta alicantino Miguel Hernández fueron recordadas este sábado durante un homenaje que se le ofreció en el Instituto Cervantes de esta capital, al conmemorarse en centenario de su natalicio. Durante 12 horas continuas escritores, actores, músicos y familiares del poeta leyeron versos de quien es considerado uno de los mejores vates de España del siglo XX, símbolo de la República y víctima de la Guerra Civil española.

Con el título de La voz de la palabra, desde el mediodía hasta la medianoche, sus versos resonaron en el homenaje colectivo organizado por el ayuntamiento madrileño y la Unión de Actores. También se realizaron actividades infantiles con cuentacuentos, además de teatro, música y danza.

El homenaje comenzó con un fragmento de La elegía, poema dedicado a Luis Almarcha Hernández. En el auditorio resonó: Un manotazo duro, un golpe helado,/ un hachazo invisible y homicida,/ un empujón brutal te ha derribado, grabadas por Paco Rabal, fallecido en 2001.

Entre quienes participaron en este homenaje estuvieron Carmen Caffarel, directora del Instituto Cervantes; Jorge Bosso, secretario general de la Unión de Autores; Pilar Bardem, presidenta de Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión; el cantante Luis Eduardo Aute, además de Rosa Moreno Hernández, María José Hernández y Lucía Izquierdo, sobrina, nieta y nuera del poeta, respectivamente.

En Elche, Alicante, concluyó también el tercer Congreso Internacional acerca de Miguel Hernández, con la conferencia Viento del pueblo y la poesía oral, del catedrático Juan Cano Ballesta.

Vida herida

Miguel Hernández nació en Orihuela, Alicante, el 30 de octubre de 1910. Niño autodidacta que se rebeló contra su destino de cabrero, fue poeta de los pobres y del pueblo, de la reivindicación social y de un compromiso que lo llevó a la cárcel terminada la Guerra Civil española. El 30 de octubre habría cumplido 100 años. Pero murió a los 31, en la prisión de Alicante, por tuberculosis.

España conmemora este 2010 el Año Hernandiano y ha recuperado la memoria de uno de los poetas más importantes del siglo XX español, a quien el franquismo quiso censurar, incluso muerto.

Es recordado con homenajes por toda la geografía española, la publicación de sus obras completas, la gira de Joan Manuel Serrat con Hijo de la luz y de la sombra, que se completa con 18 cortos de destacados cineastas como Manuel Gutiérrez Aragón, Isabel Coixet y José Luis Garci.

Un congreso internacional sobre la vigencia de su obra y la exposición La sombra vencida, en la Biblioteca Nacional, están entre las actividades que lo han reivindicado, además del Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández, creado por el gobierno.

La del poeta fue siempre una voz herida por las dificultades: el esfuerzo por ser reconocido por una generación de intelectuales en la que no todos lo apoyaron, la tragedia de la pérdida de un hijo y la Guerra Civil española. Una vida corta en la que logró un grandioso trabajo poético.

Obligado a seguir el empleo de su padre, dejó la escuela en su Orihuela natal a los 14 años para dedicarse al cuidado de cabras. Pero por las noches leía, con un interés muy vivo por la poesía.

Su amistad con el canónigo Luis Almarcha Hernández y con los integrantes de un grupo literario en Orihuela alimentaron con libros su ansia autodidacta.

Como pastor un poquito poeta, como se definió en una carta enviada a Juan Ramón Jiménez pidiéndole en 1931 que leyera sus versos, marchó a comienzos de la veintena a un Madrid en el que le costó ser reconocido y aceptado por muchos de los integrantes de la Generación del 27, entre ellos Federico García Lorca. Sus verdaderos amigos fueron Vicente Aleixandre y su admirado Pablo Neruda, otra de sus fuentes de inspiración, como Jorge Guillén.

No había cumplido aún los 26 años cuando escribió El rayo que no cesa, magistral poemario con el amor por tema.

Supo conjugar lo íntimo con lo político, la emoción vivida en privado con la arenga pública. Escribió sobre el deseo sexual, sobre los sentimientos profundos, sobre el compromiso social y político y sobre el desaliento de una Guerra Civil que duraba demasiado.

Fue un poeta universal, porque su obra se conoce en el mundo; un poeta necesario, porque refleja un periodo terrible de la historia española y un poeta de la memoria, porque su muerte lo convierte en símbolo de la misma para España, según Rovira.

Se afilió al Partido Comunista, se alistó en la contienda y se convirtió en el poeta de trinchera que escribió versos como los de la Canción del esposo soldado. Con la guerra en marcha, en marzo de 1937 regresó temporalmente a Orihuela para casarse con Josefina Manresa. En diciembre nació Manuel Ramón, su primer hijo, quien murió a los 10 meses. A él le dedicó Hijo de la luz y de la sombra, entre otros poemas recogidos en Cancionero y romancero de ausencias.

Del desaliento que le provocó la guerra habló en El hombre acecha, poemario en el que la militancia política cobra relieve.

En enero de 1939 nació su segundo vástago, Manuel Miguel, a quien dedicó ya desde la cárcel las famosas Nanas de la cebolla, así como cuatro cuentos escritos en papel higiénico: El potro oscuro, El conejito, Un hogar en el árbol y La gatita Mancha y el ovillo rojo, cuatro metáforas de la libertad que ya nunca recobraría.

Terminada la guerra y con la derrota republicana sobre su espalda intentó huir de España a través de Portugal. Pero la policía lusa lo entregó a la Guardia Civil. Lo mandaron a las cárceles de Huelva, Sevilla y Torrijos, en Madrid.

Luego, por sorpresa, lo dejaron libre, y en lugar de huir de España, como otros, regresó a Orihuela junto a su mujer y su hijo. Allí lo detuvieron en septiembre de 1939. Sin haber cumplido los 29, comenzaron para él dos años de suplicio, de cárcel en cárcel.

En enero de 1940, un tribunal militar lo condenó a muerte por chivato traidor y por escribir versos y ser el poeta del pueblo. La pena capital le fue conmutada por 30 años de prisión gracias a la intercesión de amigos afines al régimen. Pero el 28 de marzo de 1942, la tuberculosis acabó con él en la enfermería de la prisión de Alicante. Tenía 31 años.

La condena a muerte nunca fue anulada, y 100 años después de su nacimiento, su familia aspira a que el Tribunal Supremo la revise y se demuestre su inocencia. Para ello presentó en julio nuevos documentos, entre ellos los de otro proceso sumarísimo contra el poeta que se desconocía hasta entonces.

En marzo, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero entregó a la familia una Declaración de Reparación y Reconocimiento Personal del poeta. Pero para su familia no es suficiente. Quiere que los jueces dicten lo que tienen que dictar: inocente.

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About Author: asbaeza