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Expropiado de jornada

Magdalena Gómez

El 9 de agosto de 2003, en Oventic, Chiapas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) anunció la creación de los caracoles y las juntas de buen gobierno, en sustitución de los municipios autónomos rebeldes zapatistas (MARZ), cuyas funciones continuarían. Se propuso una auténtica segunda instancia de mediación y resolución de conflictos a través de las juntas para «atender denuncias contra los consejos autónomos por violaciones a los derechos humanos, investigar su veracidad, ordenar a los consejos autónomos la corrección de estos errores y para vigilar su cumplimiento».

Constituyeron así una organización inédita en América latina. Con ello, se reafirmó su congruencia en cuanto al respeto a los pueblos indígenas a contrapelo de posturas vanguardistas. La palabra del entonces subcomandante Marcos, hoy Galeano, compartió reflexiones estratégicas. Destaco dos de ellas: la decisión de ubicar a la organización militar en el plano de la defensa y deslindar este componente de las funciones de gobierno plenamente civil, nos hablan de la reiteración de la postura de no suplantar a los pueblos y, en última instancia de no «militarizar» su cultura. Por otra parte, el deslinde categórico frente al «fantasma separatista» (discurso oficial defensivo), señaló: «La autonomía no es fragmentación del país o separatismo, sino el ejercicio del derecho a gobernar y gobernarnos según establece el artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos».

Una década después, finales de 2013 y enero de 2014, el EZLN se empeñó en sistematizar y compartir su experiencia mediante la escuelita zapatista, un gran esfuerzo, con el afán de acercar el espejo y dar sustento a su llamado constante a la organización en el país y fuera de él. Por cierto, la Travesía por la vida, capítulo Europa, realizada en 2021, guarda continuidad con la convicción de aprender y compartir para fortalecer la lucha mundial anticapitalista.

Este aniversario de los caracoles y las juntas de buen gobierno nada tiene que ver con una mera efeméride festiva. El proceso ha sido complejo y su desarrollo se ha dado en un entorno problemático como la falta de recursos, la militarización, la paramilitarización, las campañas de contrainsurgencia, el acoso de delincuentes y del narcotráfico, entre otros factores que enmarcan su desafío al Estado mexicano para construir la autonomía en los hechos y recrear su derecho al derecho propio. Es un terreno de claroscuros.

Con un salto significativo, el EZLN informó el 17 de agosto de 2019 que «ya rompimos el cerco», creó siete nuevos caracoles o centros de resistencia autónoma y rebeldía zapatista (Crarez) –la mayoría serían sede de juntas de buen gobierno (JBG)–, adicionales a los cinco que ya tenía, los cinco caracoles originales (Oventic, La Realidad, La Garrucha, Roberto Barrios y Morelia y cuatro nuevos municipios autónomos rebeldes zapatistas en Chiapas. Y sin embargo, tanto los territorios zapatistas como el resto de municipios en Chiapas viven bajo asedio y violencia marcados por la impunidad y la omisión o acción desde los tres niveles de gobierno. Situación grave y lamentablemente también presente en otras regiones del país. Un ejemplo de ello es el pronunciamiento emitido el pasado 28 de julio por la Red de Resistencias y Rebeldías Ajmaq, la Red Universitaria Anticapitalista (Ciudad de México), Mujeres y la Sexta, Abya Yala, Resistencias Enlazando Dignidad-Movimiento y Corazón Zapatista (Red MyC Zapatista) con la adhesión de numerosas personas y organizaciones de México y otros países, denunciando las agresiones a comunidades del caracol 10 Floreciendo la Semilla Rebelde, de la junta de buen gobierno Nuevo Amanecer en Resistencia y Rebeldía por la Vida y la Humanidad del EZLN: quema de sus casas, riesgo de sus cosechas provocando su desplazamiento forzoso.

¿Quién se hace cargo de detener la violencia y el despojo? Un eje de la ­disputa contra los zapatistas está en los territorios recuperados desde 1994 y en los grupos que fuera de todo control o con alianzas en sectores políticos. Un panorama así nos lleva a suponer que el EZLN no está para festejos por más significativos que puedan ser y en este caso, obviamente, lo es. No sabemos la situación concreta del conjunto de los caracoles, ellos son quienes deciden cuándo y cómo se pronuncian respecto de agresiones como la que se denuncia contra el caracol 10, que no es la única. El ambiente de provocación está activo y dirigido a varios sectores del movimiento social y de pueblos indígenas en la entidad chiapaneca. Mientras esta situación se vive en Chiapas y otras entidades y pueblos, no nos sorprenda que siendo el próximo 9 de agosto también el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, de parte oficial ataviada no sólo con mascarilla, sino con una venda en los ojos se despliegue la retórica de la celebración autocomplaciente.

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