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Expropiado de jornada

Víctor M. Quintana S.

Del cúmulo de análisis sobre la guerra en Ucrania hay uno que merece ser destacado. Lo ha difundido el teólogo Leonardo Boff: la Declaración del Ágora de Habitantes de la Tierra, capítulo Italia, dado a conocer el 22 de mayo.

El Ágora de Habitantes de la Tierra fue creada en 2018 en Italia por ciudadanos y organizaciones de diferentes regiones de Europa, África, América Latina y Asia. Parte de que nada justifica la desigualdad en el derecho a la vida y de que como seres humanos somos responsables de vivir bien y juntos en la Tierra. Buscan concretar un «pacto de humanidad» que proscriba la producción deliberada de la pobreza, la devastación ecológica a través de la mercantilización de bienes comunes, las finanzas deshumanizadas y las armas de guerra.

El economista italiano Ricardo Petrella, también impulsor de un pacto mundial en torno al agua, es el principal promotor de la declaración ante la guerra de Ucrania. El documento tiene dos apartados: el primero sobre la naturaleza de esta «guerra global». El segundo, las propuestas para el «qué hacer».

La primera parte, sin dejar de denunciar la atrocidad de la invasión rusa a Ucrania, plantea que las razones internas ruso-ucranias no son suficientes para explicar esta guerra; es necesario que se entienda ésta como expresión de una violenta guerra global por tres razones básicas:

Primera razón: el principal interés que lleva a Estados Unidos y a («su») OTAN a apoyar la guerra en Ucrania no es la defensa del pueblo ucranio. Es la oportunidad que se le ofrece a esta alianza de reducir la creciente potencia militar, económica y política de Rusia, a la vez que disminuir la dependencia energética y alimentaria de Occidente con respecto a ésta. Estados Unidos busca mantener así su supremacía y promover los intereses de poder económico de los grandes grupos multinacionales. Todo esto sin descartar las ambiciones dictatoriales de Putin para reconstituir el poder de la gran Rusia zarista, pero tampoco sin dejar de denunciar las mentiras y la hipocresía de los otros beligerantes no declarados, como Estados Unidos y la OTAN.

Segunda razón: la premura con que Estados Unidos/OTAN y, subordinadamente, la UE, quieren ganar a Rusia, empezando por Ucrania, se debe a un elemento crucial: la globalización económica y las revoluciones tecnológicas han contribuido a que China se convierta en la segunda gran potencia económica y tecnológica del mundo. Esta guerra es un medio para fortalecer la alianza atlántica contra quien considera su enemigo sistémico: China.

Tercera razón: la guerra global hace posible la estrategia de apropiación financiera privada de la vida por parte de los operadores bursátiles de todo el mundo, como está sucediendo con los cereales en los mercados mundiales, donde los accionistas de los agronegocios obtienen ganancias a costa del hambre de países enteros. O la forma en que los grupos dominantes de Estados Unidos y Europa intentaron desacreditar las vacunas chinas y rusas alegando que las únicas buenas eran las estadunidenses y luego las europeas.

Estas razones develan la lógica de dominación de la guerra global que se expresa hoy en el conflicto en Ucrania: transformar la seguridad del poder global y la supremacía de las corporaciones y grupos dominantes estadunidenses globales en seguridad económica y seguridad militar globales.

En el apartado «Qué hacer», el documento considera urgente denunciar la inaceptabilidad e ilegalidad de esta guerra global fundada en el principio de la dominación y la mercantilización y privatización de la vida; denunciar la invasión militar de Rusia a Ucrania como un desastre, un acto criminal, producto inaceptable de la «guerra global» en curso. Propone acciones en siete ámbitos:

Cese de las operaciones militares: que Rusia retire sus tropas de los territorios invadidos, que Ucrania deje de recibir ayuda militar de Estados Unidos y la Unión Europea, de acuerdo con los Tratados de Minsk. Apertura de negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania. Negociaciones entre Rusia y la Unión Europea para un nuevo acuerdo para el siglo XXI de cooperación y seguridad paneuropea. La salida de la OTAN de aquellos países europeos que lo deseen en el contexto de una revisión en profundidad del estatus y las funciones «atlánticas» de la OTAN. La apertura de un proceso «fundacional» de una Comunidad Europea basada en la paz. La puesta en marcha en la ONU (recreada) a partir de 2025, de un pacto global por la paz, la seguridad y la solidaridad entre todos los habitantes de la Tierra para la preservación y el cuidado de la comunidad global de vida de Tierra. Esta sería «la agenda 2045» en honor al centenario de la ONU.

Esto sería un gran paso para ir construyendo formas de gobierno mundial plural, democrático y participativo desde lo local a lo global, pluricomunitario, promotor y defensor de los derechos de y a la vida de todos los habitantes de la Tierra.

Ejercer nuestra ciudadanía global desde lo local, como contrapeso a las guerras globales de los grandes poderes y garantía de vida para todos los seres, es un necesario camino a emprender.

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