Print Friendly, PDF & Email

Expropiado de piedepagina

Estas son voces de mujeres que participaron en la Okupa Cuba, las cuales dan cuenta de su evolución, contradicciones, y reflexionan sobre los aprendizajes que les deja. Hablan de cómo puede ser una herramienta de lucha, de los sucesos que llevaron a desvirtuar un movimiento y de las violencias hacia las mujeres

Por Daliri Oropeza Alvarez

Fotos: Andrea Murcia/ Cuartoscuro, María Ruiz, Isabel Briseño

CIUDAD DE MÉXICO.- Es condenar la violencia, pero no replicarla:

No estoy a favor de la criminalización del Estado, de la persecución a las feministas, la criminalización de la protesta. Pero debemos ser más críticas con las cosas que dejamos hacer. En qué momento nuestros compañeres de lucha la están regando a tal punto que van a tener consecuencias. Y sí, acompañarles en esas consecuencias, pero ser lo suficientemente autocríticas para decir ‘la regaste, lo hiciste mal, atente a esas consecuencias’.

Mars es su nombre virtual. Denunció a cinco integrantes de la Okupa Cuba por violencia en distintos niveles en su cuenta de redes sociales. Ella fue participante de la okupa, y después se refugió ahí por casi tres meses, cuando su familia la corrió de su casa por no estar de acuerdo con su activismo.

Es activista desde hace más de cinco años. Antes de involucrarse en el feminismo era defensora de los derechos de los estudiantes y más recientemente creó la Asociación Civil llamada Sendería. También es estudiante universitaria.

Primero se llamó “Ocupa, Casa de Refugio Ni Una Menos México”.

Las instalaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) fueron tomadas por familiares y víctimas de la violencia , feminicidio, y mujeres feministas que desde el 3 de septiembre del 2020 se plantaron afuera, después de una reunión con Rosario Piedra Ibarra; al no ver resultados, el 4 de septiembre entraron y lo convirtieron en refugio. Para sostener la ocupación, convocaron a colectivas, y así llegaron grupos feministas afines al bloque negro.

El 13 de septiembre, otros grupos feministas de las periferias tomaron la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (Codhem).

Mars conoció en la protesta en la Codhem de Ecatepec al grupo de mujeres que se organizaba en la okupa recién tomada. Se ayudaron mutuamente durante las detenciones arbitrarias, y fueron después reprimidas en Atizapán, por exigir la liberación de las activistas. La ayudaron a localizar a su hermana. Ella, con estudios de paramédico, les ayudó tras los golpes de la policía en Atizapán.

Ella después fue a agradecerles su apoyo en aquellos momentos y desde entonces comenzó a hacer activismo desde el refugio. Mars llegó a la ocupa después de que su familia la corrió por estar en desacuerdo con su activismo. Ahí la recibieron. Estuvo de dos a tres meses.

Me salí de la okupa en muy malos términos. A los tres meses. Las personas que estaban adentro ya se conocían de muchos años, yo era un caso raro. Pero en los últimos días comencé a ver que estaban reclamando que por qué las dejaron solas, porque no están acuerpando. El hacerte sentir mal, el chantaje, y manipulación emocional, que me molestaron. Siempre que hay que ir a acuerpar, acuerpo. Pero no lo voy a hacer por mi agresora. No voy a acuerpar a la persona que me corrió y que me violentó, que promovió discursos de odio. Yo ya no estaba de acuerdo con cosas que se hicieron.

Lo que vieron en el video y lo que hacen al carro de la profesora es solo una parte de un chingo de cosas violentas que se vivieron ahí. Son indicadores donde dices: ‘esto para mí ya se terminó. Esto es un cierre de ciclo para mí, y si no hablo ahora, ¿cuándo lo voy a hacer?’. No me sorprendió nada lo del auto. No había horizontalidad. Mi desacuerdo era frente al modo vertical, obediente, violento, jerárquico. Cuando señalé esto, tuve roces con la que era la líder ahí, y el grupo de las 5 que puse en el tuit.

Mars describe que después de señalarlas de manera directa, la corrieron y la amenazaron de no regresar o “me iban a romper la madre”. Esa violencia se replicó en varios ámbitos y por eso pudieron llegar a golpear así el auto de la maestra, describe. Al mismo tiempo, asegura que estuvo en desacuerdo en el modo en que hacían acciones directas en las calles, para obtener recursos económicos para el refugio.

Empezaron a perder recursos y legitimidad a partir de las violencias que corrieron, los discursos transfóbicos, y desde que se fueron las mamás de víctimas; porque mucha gente ya no quería la ocupa. Pierden recursos y recurren a botear, y luego a las acciones directas… Vamos a decirlo como es: extorsión. Bueno o malo, se sentían con poder porque la policía no entraba ahí. Pensaron que, como siempre, no les iba a pasar nada.

Al inicio había familiares de víctimas, hombres y mujeres. Ahí empezó el roce. Porque había varones adentro, si se planeó como refugio para mujeres. No es lo mismo cómo vive la cuestión de género cada persona que es víctima. Pero la mayoría de la morras que ejercían el bloque negro no les parecía.

Mars ubica como puntos de quiebre con las mamás como Yesenia Zamudio y el grupo del bloque negro el carácter fuerte de ambas, que el diálogo subió de tono con insultos, y además hubo diferencias por el tema de los fondos. “El tema de los recursos es lo que terminó por darle en la torre a todo”, asegura la activista.

Cuando estaban las mamás de víctimas, era un ambiente más familiar, abierto y una lucha más fuerte. Luego se volvió estratégico, de intereses personales, frío y violento, incluso. No es la misma convivencia cuando hay más adultos, o niños, que morras.

Uno de los aprendizajes más grandes fue el ego y la individualización de la lucha. Es de ambos lados, tanto del grupo feminista, el bloque negro, como de los colectivos de familiares. Apostarle a trabajar más en lo colectivo, no en lo individual, ni poner una lucha encima de la otra. Ninguna es primero, ni encima de la otra. Son juntas. Cómo sumamos esfuerzos para que estén en el mismo plano. Unirnos. Hacerlo juntas. Hubo errores de ambos lados.

Hay dos grandes aprendizajes. Uno es la congruencia política: de lo que creo, actúo en consecuencia, y no al revés: hacer cosas opuestas a lo que se supone que defiendo. La otra es la horizontalidad. Compañeras que las conoces de años, con las que se trabajaba de la mano, codo a codo, pero ahí adentro era tener el control total de la alacena, del refri: ‘tú cierras la alacena y tú comes a la hora que yo te diga’. No sé si fue el poder, el dinero, los protagonismos. Pero yo no quiero replicar eso en ningún espacio donde yo participe. Dejar los egos a un lado. Ser reflexivos, ser autocríticos.

Todas las compañeras con las que estuve ahí adentro habían sido violentadas. Creo que ellas justificaron la violencia y el hecho de ser víctimas con: ‘entonces yo replico eso y puedo ejercer esa violencia, y estoy legitimada’. Entonces dejas de ser víctima y pasas a ser victimario. Dude, es condenar lo que te sucede pero no por eso tienes que replicarlo.

«Las familias de víctimas se fueron aterradas«

Algunas de las madres de víctimas de feminicidio que participaron en la Okupa al inicio tienen carpetas de investigación abiertas desde noviembre, por lo cual prefirieron no dar testimonio.

Karla Guerrero busca a su esposo desde el 27 de marzo del 2014. Él primero fue víctima de secuestro, luego desaparecido. Cuando llegó a la CNDH en aquel 2020, lo recuerda como una temporada en la cual había mucho rezago de quejas, mala escasa atención.

Quienes comenzaron todo esto fueron mis compañeras de Tamaulipas, ellas fueron quienes llegaron a tomar la instalación. Después se sumaron mujeres que decían ser feministas. Ahí vimos que eran chicas que se hacían llamar del bloque negro. Pero a partir del día 2, mis compañeras salieron de ahí. Ya había situaciones raras. Ellas no se sintieron seguras, tuvieron que salir. Me contacta mi compañera y me dice ‘no queremos que se pierda el motivo del por qué fuimos a tomar la institución’. Yo les dije que contactaría a más compañeras o familias para ver si querían ir.

Marcela Alemán, madre de una niña víctima de abuso sexual, se amarró a una silla en las oficinas de la CNDH y dijo que no se iría hasta que e resuelvan su caso. Silvia Castillo, madre de un joven asesinado, la acompañó. Pero no duraron más de dos días. Karla cuenta que, después de que llegó, de manera consecutiva llegaron casi 60 familiares de desaparecidos y desplazados.

Empezamos a llegar a [la Okupa] Cuba, nos encontramos una guerra de peleas, prácticamente por el dinero. Se peleaban quien manejaba el dinero, quién se quedaba con esto, quien no, llegó mucha donación. Decían ‘no toques esto, no se agarra acá, no se agarra allá. Una serie de cosas que yo no entendía. El motivo ya se estaba desvirtuando.

Duramos una semana ahí, fue lo que nos dejaron estar. Fuimos amenazadas, violentadas por las chicas del bloque negro. En ese momento nos corrieron, nos cerraron la cocina para comer, no nos dejaron entrar a las despensas. Yo llevaba una diabética. Fue una situación muy complicada. Nos vimos en mucho riesgo porque las chicas se empezaban a poner más agresivas.

Nuestra lucha no era tomar una institución. El motivo era presionar para que se hiciera algo con las carpetas de nuestros familiares. Nos quisimos sumar y ayudar a las chicas que de verdad habían sido violentadas. Dos chicas, después supimos, terminaron por irse después de nosotras. Me llamaron para agradecer la vivencia.

Ella detecta que hay momentos donde la lucha se comienza a desvirtuar, incluso con violencias que no esperaba:

Yo llegué cuando había muchísima donación; yo no sabía qué tanta era la magnitud, hasta que alguien que todo mundo conocemos, la señora Yesenia, me estaba involucrando para que yo supiera, pero quería que lucháramos con ella y tener el poder sobre las chicas, entonces había peleas entre ellas. Nosotros quedamos en medio. Queremos buscar ser visibilizados pero no a ese grado.

No buscamos dinero o donaciones; siempre nos movemos con nuestros recursos o si nos apoya el gobierno. Me alejé de Yesenia cuando vi que nos usaba para su causa. Para las donaciones.

Me pareció agresivo y violento, porque hacían sus reuniones, y era atacarse, se ponían violentas, nosotros no conocíamos ese ambiente. Decidimos salirnos de ahí. Y salimos escoltadas por personas del mecanismo de protección de Segob porque sí se tornó feo el asunto ahí.

Violentaron mucho a un papá de personas que son desplazadas, que no hablan nuestro idioma. Que porque su esposa se levantaba a calentarle una tortilla. El señor me decía ‘sáquenme de aquí’, llorando. No fue agradable. Así supimos que no iba a terminar bien. Y empezamos a saber de chicas que salieron de ahí por lo mismo, porque fueron violentadas por las chicas de ahí.

Olvidaron cuál era su objetivo y su lucha. Se desviaron tanto que se les olvidó todo, cuál era el objetivo. Era un muy buen movimiento el que se estaba creando, a favor de las mujeres violentadas, que necesitaban ser escuchadas, visibilizar lo que ellas venían sufriendo. Eran unas niñas, de 17 a 19 años que habían sufrido violencia, abuso sexual, maltrato y no se les apoyó como se debió, era preocupante para mí como mamá. Tengo una hija de su edad.

Me hubiera gustado traerme a todas las que necesitaban ayuda. Lamenté no poder hacer nada por las chicas que sufrían violencia. Pero nosotras buscamos a nuestros desaparecidos. Buscar herramientas para encontrarlos y esa [la okupa] no nos funcionó. Buscar otras y seguir. Hasta tener noticias de ellos.

El transcurso de estos 19 meses no ha sido favorable. Muchas tienen carpetas de investigación. Me llamaron a declarar en la FGR. Pero lejos de ayudar, no me gusta perjudicar tampoco.

Karla crítica que no había organización en las integrantes de la okupa, que cada quien hacía las cosas de manera independiente y que peleaban siempre, hasta por el horario de la comida:

Yo tuve su edad. A lo mejor están desubicadas. Estaban creado un buen movimiento, pero se les fue de las manos cuando vieron dinero, o cosas que no habían tenido. Lo entiendo. Si no has tenido una buena vida, y de repente tiene algo, se te olvida el por qué estás ahí. No podía hacer nada, estaban cegadas por las niñas del bloque negro. Yo veía que estas niñas no se dirigían como se debía. Hablé con dos, tres chicas, mira si quieren seguir con el movimiento… pero no escuchaban.

Nosotras llegábamos a cocinar, a acomodar la despensa, nos poníamos a hacer algo, armábamos pequeñas despensas para dar a la gente en la calle, que necesitaba. Eso se dejó de hacer dos días antes de que nos fuéramos.

Al preguntarle si esa violencia se equipara al video donde agreden un auto, responde:

Al enterarte que las chicas se comportan como delincuentes, es feo, es muy lamentable que mujeres abusen de mujeres. Y eso es lo que a mí no me pareció. Ellas tienen una versión, pero el video cuenta otra versión. No es que digas: ‘¿a quién le voy a creer?’. Es que nosotras conocemos a las muchachas. Sí creemos que el vídeo es verídico.

Son niñas necias, aferradas. ‘Te cobro el derecho por pasar’… a ver, ¡espérame! Me quedé en shock de ver mujeres que conociste, valiéndoles todo. Pero lamentablemente las cosas suceden cuando se desarticulan movimientos. Mientras menos organizada estés, mejor para el gobierno para desarticular movimientos y fue lo que hizo.

Karla abunda en el objetivo de lucha inicial de la okupa, que es un importante horizonte de lucha y muy actual: el apoyo a mujeres que fueron violentadas sexualmente. Cuenta que hablaba con las chicas para que no se dejaran llevar por las dirigentes y que vieran al futuro. A una chica le ofreció su casa, por las problemáticas que tenía.

Le dije que si necesitaba familia estaba la mía. La chica nunca ha conocido esa solidaridad, ese cariño, sin pedir nada a cambio, hasta ella se sentía rara. Me dice: ‘nadie se había acercado a decir, qué quieres. me siento rara de ver que la gente se preocupa por mi’. El motivo era ver que estas niñas recuperaran su vida. Nadie estaba haciendo nada. Yo las veía a todas como si fueran mis hijas, porque estaban bien chavitas. Ellas también merecen justicia.

Karla habla que le hubiese parecido una lucha importante si siguiera con la causa del inicio. Por ejemplo, cuando Érika Martínez, mamá de víctima de abuso sexual cuando convirtieron las instalaciones en refugio, declaró: “Yo ya no pido nada porque ya lo tengo. Yo pedía un hogar. Que mi hija estuviera en un lugar libre de violencia. Aquí estoy segura. Está el apoyo de todas las compañeras y así como mi hija obtuvo justicia por su propia madre, vamos a luchar por la justicia de más niñas”

Teníamos visibilidad en otros países, entrevistas en medios internacionales, España, Colombia, y yo decía: ‘qué bueno, está bien, nos estamos visibilizando’. Como familiares de desaparecidos y como mujeres que hemos sido violentadas. Se veía un panorama bueno, pero se desvirtuó en tres o cuatro días, esa segunda semana de la toma que yo estuve. Cuando yo llegué la cosa ya estaba tensa, y se tornó violenta. Yo no estoy aquí, mi lucha no es ésta, yo no estoy aquí para luchar por la agresividad, ni intereses económicos, sino por los desaparecidos. Salimos aterradas de ver cómo sí hay mujeres que pueden violentar mujeres violentadas.

Se desvirtuó, desde el día 1 pasaron cosas feas. Mis compañeras quedaron aterradas por lo que vivieron. no quisieron regresar. Fue ver cómo todo eso se caía poco a poco. Ya nadie cree en el bloque negro. No vemos que vienen a apoyar sino que vienen a agredir. Ya lo veíamos así.

Aprendí que entre nosotras nos podemos cuidar, siempre y cuando no perdamos el objetivo. Si te puedes organizar, con dirigentes, o como sea, siempre y cuando se consensúe todo. Mutuo acuerdo y la comunicación entre nosotras. Creo que la unión es lo que ha podido sobre llevar al situación en nuestro tema. Es lo que nos va a fortalecer. Si no hay unión no hay nada.

«Fue refugio de mujeres desde el primer día y hasta el desalojo«

Fénix prefiere nombrarse así por la criminalización del Estado. Habla de que hay carpetas de investigación contra participantes de la Okupa. Su principal preocupación durante la entrevista son las tres mujeres detenidas durante el desalojo que realizó la policía de la Ciudad de México.

El inicio [de la okupa], me tocó verlo por redes sociales. Con las mismas compas que estaban afuera del plantón, no se estaba haciendo viral. Estuvo raro porque las mamás se amotinan. Silvia se amarra a una silla y dice que no se va hasta que le resuelvan el caso de su hija. Ahí hacen el llamado a compas feministas para acuerparles. no llegué después, lo vi por las redes sociales. Llegan cuatro morras y con ellas hacen la toma. Al día siguiente llegaron más mamás, Yesenia y Érika.

Erika busca justicia para su hija Judith, abusada sexualmente a los siete años; Yesenia lucha para que las autoridades actúen en contra de los presuntos feminicidas de su hija, Marichuy, asesinada en 2016, a los 19 años.

Fénix continúa con el relato:

Una de estas 4 morras que llevan la toma es amiga mía. Me escribe para que vaya y por motivos de salud no pude estar presente. Pero participé y le di seguimiento, a ella en el interior, para acuerparla emocionalmente. Para llevar donaciones. Estaba siempre viendo que necesitaba mi amiga.

Lo que yo pude entender, lo que se veía en los medios y lo que me llegaba internamente, es que hubo una escisión con Yesenia por el tema de los dineros. Eso es algo que nunca se ha platicado. Pueden ser malos entendidos porque no había transparencia. Yesenia se enoja con las chicas del bloque negro, las chicas se enojan con Yesenia, y se hace una ruptura. Ella le pide a las mamás que vienen con ella que se retiren con ella. Se fueron todas las visibles. Queda una imagen en la que parece que se quedan puras chicas del bloque negro. Y se fueron familias de víctimas, pero no fue así.

Por seguridad de las refugiadas que se quedaron, ya no se quiso seguir poniéndole el foco a las víctimas. Esto es algo que hizo Yesenia en su perfil. En un en vivo, se ven las caras de todas las familias de víctimas que vienen acompañándola. Para las morras del bloque negro, eso fue un momento de decir: ‘esto no puede volver a pasar. Si le van echar mierda a alguien que sea al bloque negro, pero que nunca más se graben a las refugiadas’.

Desde entonces no se grababa a nadie a menos que se encapucharan. Siempre se cuidaba su identidad. El que llegara la policía y no hubiera refugiadas es porque teníamos un protocolo, de qué íbamos a hacer en caso de tener peligro de ser desalojadas con las refugiadas. Nunca íbamos a permitir que morras que no fueran del bloque negro terminaran detenidas.

También hay que decir que las morras del bloque negro eran refugiadas. Ahí no vivía nadie que no necesitara dónde vivir. Cuando yo llegué, fui refugiada, ninguna del bloque negro tenía dónde vivir. Todas eran víctimas de violencia. Todas necesitaban un lugar dónde vivir. Eso las hace refugiadas.

Por eso es tan lamentable y tan doloroso que el discurso del Estado sea encarcelar refugiadas y activistas feministas.

Las que hemos estado mayormente en la okupa y no nos enganchamos ni involucramos en chismes y diferencias, que al final no abonan al movimiento, pues seguimos apoyando. Con todo lo que podemos. Lo que te menciono de que todas éramos refugiadas, lo puedes comprobar en las redes sociales de la Okupa. Además desde los seis meses dejamos de recibir donaciones masivas.

https://www.instagram.com/p/CN39Sy4jPSu/?igshid=YmMyMTA2M2Y=

Un requisito para entrar a la okupa era no tener donde vivir. Fénix describe el modo en que fueron explorando el ser refugio con sus propias herramientas.

Había protocolos de seguridad. Al principio, no se sabía bien cómo recibir personas, nadie tenía experiencia llevando refugios. Hasta que llegó una morra de la Red Nacional de Refugios y se implementaron protocolos.

Entre más tiempo duró y menos se hablaba de la Okupa, más latencia había de ser desalojadas. Como ocurrió. Fueron desalojadas las compañeras. Por eso se implementaron protocolos que con el tiempo se volvieron más rígidos.

Hubo varios meses en los que no pudimos recibir refugiadas, septiembre 2021, porque nos rodearon con Ateneas [policías mujeres], no dejaban pasar a la gente. Nosotras no podíamos salir. Pero de eso nadie habló. Les pedíamos agua, comida a los vecinos desde el balcón. Y tratábamos de no dejar entrar a la policía, con los recursos que teníamos. Nadie habla que hace un año estábamos sitiadas y que tuvimos que mandar a las refugiadas a otros refugios. El ambiente fue muy pesado. Ahí mi amiga me dijo ‘vete, tu no eres bloque. en cualquier momento pueden entrar y llevarte’. Pero yo soy refugiada, le dije, y soy víctima del Estado, y tengo elementos para comprobar el crimen.

Fue un refugio desde el primer día hasta el viernes que las sacaron, porque siempre hubo refugiadas. Se tuvo que aprender. Hay una temporada que yo puedo reconocer, cuando ya llevaba seis meses el refugio y hasta ahora que las desalojaron violentamente, en el que se ve una marcada diferencia.

https://www.facebook.com/monumentaviva

La Okupa tuvo episodios donde captaron pintas transfóbicas en bares del centro de la ciudad.

Los primeros seis meses pasaron cosas muy polémicas en la okupa. Incluso hicieron que la imagen de la okupa fuera posesionada como espacio transfóbico. Después de eso, la okupa no se ha vuelto a meter en ninguna cosa polémica de este tipo.

Yo aprendí porque también fue un espacio cultural, artistas pasando por ahí. Hay fotos de las condiciones del lugar, de los juguetes de las infancias, fotos de nosotras en el patio, documentos para legitimar que ese espacio fue un refugio. Que hubo una agenda cultural, una agenda de talleres enfocada y dedicada a que las morras que nos refugiamos pudiéramos reinsertarnos a la sociedad.

La Yeca ayuda a personas en situación de encierro, lo han hecho en penales, ceresos, y con nosotras llevaron terapias, talleres. Porque por la naturaleza del refugio no podíamos salir las refugiadas. Eso también generaba un poco de estrés. Porque se volvía más difícil reinsertarlas en lo económico. Muchas dependían total y absolutamente de nuestras actividades económicas.

Para ella había esperanza de estar en este espacio okupado al ser víctima de violencia.

Cuando estás en un espacio donde hay tantas morras poniendo su corazón para sacarnos adelante a todas, y vienes de un mundo que te ha maltratado tanto, que te ha herido tanto, llegar a un espacio tan amoroso, porque eso fue la Okupa, es shockeante volver al mundo violento.

En el afuera la imagen que importa de este lugar es un video donde cuatro encapuchadas, que no sabemos si son las mismas que están detenidas. Yo no logro identificar a las morras que están en el video. Como refugiada les vi sus rostros. No puedo identificar a ninguna morra con las que yo conviví con las que están en el video. A las detenidas las ubico como refugiadas pero no del bloque negro. En ese lugar todas fuimos refugiadas.

Al principio cuando salió el video de la destrucción del auto de la maestra mayor de edad, la Okupa publicó un mensaje que, después borró.

En el post de Facebook decía que “Ahora estamos en la hoguera porque una señora nos acusa de haberle roto los vidrios de su coche sin mencionar que fue una respuesta de autodefensa por aventarnos el coche mientras estábamos boteando. Y que por legitimar su dinámica de poder casi atropella a dos infancias que viven en esta calle y a una compañera del bloque que se atravesó para evitar que les alcanzara”.

No podemos identificar quién hizo ese post, yo llevé redes. Teníamos las cuentas hackeadas y ayudé a su recuperación. Ahora cada red social la lleva una persona diferente. Pero las recuperamos después de que son detenidas. Esa publicación que se hace no reconocemos esa publicación y tampoco hemos tenido tiempo de hacer esa aclaración. Por seguridad. Y ahorita estamos por liberar a las compañeras. No nos parece relevante detenernos en esto cuando las compañeras fueron detenidas y les están inventando cargos.

Las tres activistas fueron presentadas ante el Ministerio Público por delitos contra la salud en posesión simple al momento de la detención. El informe policial dice que dentro de su pantalón encontraron “una bolsa de plástico transparente que contenía vegetal de color verde, al parecer marihuana”. Sobre las investigaciones que denuncian, las mujeres de la okupa difunden un video donde los policías hablan de las bolsas que debían escribir en el reporte a cada una de las detenidas. Mientras, las mujeres detenidas se encuentran en el penal de Santa Martha Acatitla, después del aparatoso operativo policial con el que las detuvieron.

Es una burla al movimiento feminista. Ojalá nunca tengan que ver el dolor de tener a una de tus mejores amigas presa, a tu hija, ni a tu sobrina ni a tu tía. Las familias están destrozadas. Tenemos que defenderlas.

Sobre las acusaciones de violencia por parte de cinco mujeres organizadoras de la okupa, prácticas violentas hacia adentro, Fénix no responde a la pregunta ¿a ti te tocó vivir violencia entre las mismas compañeras de la okupa? y sin embargo argumenta:

Al principio eran tantas, que no se conocían unas entre otras. Es una mera suposición. Pienso que convivir en un departamento con dos rumis es complicado, imagínate cómo fue convivir 40 morras con familias, con activistas, con madres de víctimas. Seguro ahí se dieron dinámicas que no están chidas. Pero no son dinámicas que no sucedan en la convivencia diaria entre familias, por ejemplo. Más parecen chismes, que cosas que puedan ser sostenidas con pruebas. Gente aprovechándose del hate [odio] que hubo después del video. Gente que no aportó al espacio, opinando de cosas que no puede sostener. No lo pueden probar. Todo lo que te describo del refugio te lo puedo probar.

Recuerda que después de los señalamientos hubo personas trans y no binarias refugiadas en el lugar; sin embargo, por seguridad de sus compañeras, no da nombres.

Le exigimos a las autoridades parar la persecución política, y que pare la criminalización de la protesta social, feminista en particular. Y pedimos que liberen a las tres.

Tags:
About Author: asbaeza