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Expropiado de jornada

José Steinsleger

Mi invitado luce jovial, lúcido, saludable («a pesar de los achaques», aclara). Confiesa que dedica el tiempo que le resta a leer, pensar, y practicar ejercicios de tai-chi. El invitado nació en un país europeo hace 92 años, llegó a México a mediados del siglo pasado, y en la cátedra o el periodismo se mantuvo atento a «la marcha del mundo», Europa en particular.

La invitación surgió en una reunión social, tras oír su curiosa teoría acerca del «temperamento europeo», inspirada en los «cuatro humores» que los médicos de Grecia empleaban para diagnosticar la salud de sus pacientes: «sanguíneo», «flemático», «melancólico» y «colérico». Y que, explicó, habrían predominado desde finales de la Segunda Guerra Mundial, en periodos de 20 años. Veamos.

1946-66. Temperamento «sanguíneo» (esperanzado, optimista, tolerante). Años del Proceso de Núremberg contra altos criminales de guerra del nazismo, de la guerra fría, y de solidaridad entre los países comunistas. Creación de la CIA, el FMI y el Plan Marshall para la reconstrucción europea. Años de ideologías claras entre socialdemócratas, demócratas cristianos, socialistas, comunistas, liberales, conservadores, y con líderes de la talla de Konrad Adenauer, Dwight Eisenhower, Charles De Gaulle, John Kennedy, Nikita Kruschev.

1967-87. Temperamento «flemático» (indiferente, calmo, contenido). Años en que el «tercerista» De Gaulle veta el ingreso de Reino Unido (1967) a la Comunidad Económica Europea, de la encíclica Populorum progressio, el mayo francés, y de grandes movimientos pacifistas. Fin del sistema monetario de Breton Woods y creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Tratados de desarme entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Fin de la dictadura de los coroneles en Grecia y del franquismo en España. «Revolución de los claveles» en Portugal, inicio del pontificado de Juan Pablo II, triunfo conservador de Margaret Thatcher, guerra de las galaxias de Ronald Reagan, perestroika en la URSS. Con todo, gran respeto por líderes como Willy Brandt y Olof Palme (socialdemócratas) y François Mitterrand (socialista).

1988-2008. Temperamento «melancólico» (abatido, somnoliento, depresivo). Fin de la guerra fría, la URSS y el bloque de países socialistas. Reunificación de Alemania y caos institucional en Rusia. Vertiginoso desarrollo de la informática y de Internet. Ataque de la OTAN a Yugoslavia, y atentado terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York. Invasión de Estados Unidos en Afganistán e Irak. Creación de la Unión Europea (UE) y de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Centrifugación de las ideologías, avances de la extrema derecha, y del integrismo islámico. Pero ya no hay líderes respetables: sólo dirigentes cautivos del capital financiero: Bill Clinton, Helmut Kohl, los Bush, Barak Obama, Tony Blair, Felipe González, Silvio Berlusconi, José María Aznar…

El invitado toma aire, afirmando que a raíz de la crisis financiera de 2008, Europa cayó presa de un innegable temperamento «colérico» (fácil de enojar, irracional, agresivo). En parte, por cierta impotencia consentida que estratégica y económicamente la subordina a Washington. Y en parte porque sigue convencida de que sus «luces» inventaron «la humanidad». Omitiendo que también inventaron el colonialismo, el «racismo científico», la eutanasia, la teoría lombrosiana y los campos de exterminio diseñados por ingenieros y técnicos de «excelencia académica».

Pregunto al invitado cómo encaja su comentario en la guerra de Ucrania. Responde: “Es como si Europa, a más de los cuatro humores referidos, cultivase la amnesia histórica. ¿No bastaron 100 millones de muertos en las guerras del siglo pasado? Sin embargo, ahí tiene a los dirigentes de la UE. Hablan de la guerra como si fuese un juego de Play Station. Observe al canciller de la UE, Josep Borrell. Lo único que sabe decir es ‘¡guerra!’ ¿No se supone que su cargo es ‘diplomático’? Y todos, aplaudiendo de pie al payaso neonazi que preside Ucrania”.

Añade: “Por tercera ocasión en 100 años, han convertido a Ucrania en escenario de feroces y despiadadas batallas sin cuartel: las de 1918 a 1924 contra la revolución bolchevique; las de 1939 a 1945 por haber subestimado el nazifascismo, y la en curso, fogoneada por Washington para dirimir la interna política entre republicanos y demócratas. La verdad salta a la vista: con el pretexto de acabar con la «autocracia» de Putin, Europa queda endeudada, nuevamente, con las corporaciones económicas de Estados Unidos.

Finaliza: «Rusia es nuestro socio natural, mientras China es el objetivo final de Estados Unidos en Ucrania. Mucha demencia belicista ¿no? El domingo entrante tendrá lugar el balotaje en Francia. ¡Póngase a rezar para que gane Emmanuel Macron! Macron… un conservador neoliberal. ¡El único que, acaso, podría frenar a la extrema derecha y a los neonazis en Europa! ¿Nos estamos haciendo el harakiri?»

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