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Expropiado de jornada

Carlos Fazio

Mientras el eje Estados Unidos/OTAN/Unión Europea libra una guerra híbrida contra Rusia con epicentro en Ucrania, por razones de «seguridad nacional» y con la mira puesta en su enemigo principal, China –que le disputa la hegemonía del sistema capitalista−, el Pentágono busca reforzar el control sobre lo que en la primera mitad del siglo XX los teóricos geopolíticos Alfred Mahan y Nicholas Spykman definieron como el «Mediterráneo Americano»: zona marítima que abarca los litorales del golfo de México y el mar Caribe; área integrada por México, los países de Centroamérica, Colombia, Venezuela y el cinturón de islas que se suceden desde Trinidad a la punta de Florida.

A partir de entonces, para EU el linde entre Norte y Sudamérica no estaba en el canal de Panamá, sino al sur de Colombia y Venezuela. «Espacio vital» que, como sostenía Mahan retomando la visión del «destino manifiesto», debía permanecer bajo la exclusiva e indisputada tutoría de EU. Lo que implicaba para México, Colombia y Venezuela, según definió de manera cruda y elocuente Spykman, «una situación de absoluta dependencia con respecto a Estados Unidos, de libertad meramente nominal».

Ante la emergencia de un multipolaris­mo (EU, China, Rusia) que está erosionando la «dictadura del dólar» y la sacrosanta hiperglobalización del «mejor de los mun­dos posibles de toda la historia de la humanidad» (Fukuyama dixit, 1992), la situación parece encaminarse hacia un nuevo «equilibrio de poderes», noción que antes de la guerra fría consistía en la existencia de varias potencias capitalistas rivales y con cierta equivalencia entre sus respectivas capacidades expansionistas.

En un contexto de exacerbada disputa hegemónica y cuando 80 por ciento del comercio mundial circula por rutas marítimas, cobran relieve las actividades de los comandos Norte y Sur del Pentágono en el hemisferio. En particular, el protagonismo de la generala Laura Richardson, jefa del Comando Sur, quien en sendos testimonios ante el Comité de Servicios Armados del Senado en Washington, los días 8 y 24 de marzo pasado, dijo que China es el «competidor estratégico a largo plazo» de EU y continúa su «marcha implacable» para expandir su «influencia económica, diplomática, tecnológica, informativa y militar en América Latina y el Caribe», desafiando «la influencia de EU en todos esos dominios».

A Richardson le preocupa que China esté invirtiendo cerca de 35 mil millones de dólares en infraestructura y producción energética en Argentina, Colombia, Cuba, Jamaica, Panamá y Perú. Por lo que pidió mayor inversión para la cooperación securitaria subregional en tres áreas claves: la capacitación y capacidad de ejércitos y cuerpos de seguridad para la «protección de fronteras» y la «seguridad interna»; la exportación de formación «de otros países en América Latina», y para «operaciones de mantenimiento de paz».

Señaló también que Rusia está aumentando sus relaciones y compromisos en «nuestro cercano extranjero», y destacó los dichos del vicecanciller ruso en enero último, sobre que no podía «afirmar ni excluir» si Rusia enviaría activos militares a Cuba o Venezuela, países que, según Richardson, «ofrecen a Putin un punto de apoyo en nuestro hemisferio». Respecto de Venezuela, repitió la propaganda del Comando Sur de que el gobierno de Nicolás Maduro «participa activamente en actividades de narcotráfico y alberga dentro de sus fronteras a grupos terroristas regionales».

El 28 de marzo, Richardson recibió al comandante general de las Fuerzas Militares de Colombia, general Luis Navarro. Colombia, país extra-OTAN, es el principal aliado regional de EU y el gobierno de Iván Duque ha estado lanzando provocaciones armadas transfronterizas contra los estados venezolanos de Apure y Zulia, a través de grupos civiles irregulares (mercenarios, paramilitares y narcotraficantes).

Asimismo, los días 27 y 28 de febrero, las fuerzas navales del Comando Sur y la Cuarta Flota de EU realizaron un ejercicio marítimo de «entrenamiento de guerra antisubmarina» con la Marina colombiana en el mar Caribe, que incluyó al submarino de ataque rápido Virginia USS Minnesota (SSN 783) y al buque de combate litoral Freedom USS Billings (LCS 15).

En ese contexto, y siguiendo los cánones del «destino manifiesto» en su proyección actual, llama la atención el papel que el Pentágono quiere hacerle jugar a la Armada de México en sendos ejercicios militares donde la Semar figurará como «coanfitrión»: Tradewinds, auspiciado por el Comando Sur, y otro que responde a la Iniciativa de Seguridad Marítima Estadunidense (Namsi, por sus siglas en inglés), en la que participan el Comando Norte y el Comando de Operaciones Conjuntas de Canadá.

Ambos ejercicios de capacitación y simulación de guerra se desarrollarán simultáneamente entre el 7 y el 21 de mayo en la zona marítima de Quintana Roo. Tradewinds tiene un enfoque de colaboración multinacional y multidominio (terrestre, aéreo, marítimo, anfibio y escenarios de ciberseguridad) y busca fortalecer la interoperabilidad militar entre las fuerzas navales, terrestres y policiacas de 23 países, entre ellos varios de la OTAN. A su vez, Namsi responde a los acuerdos realizados en el marco de la Alianza para la Prosperidad y la Seguridad de América del Norte (ASPAN, 2008), y su fase operacional, la Iniciativa Mérida, para combatir el terrorismo, el crimen organizado y la piratería (ver «Ejercicios militares en el Caribe mexicano», Ana E. Ceceña y David Barrios).

Enclavada en el «mar Mediterráneo» de EU, por su cercanía la zona marítima de Quintana Roo abarca los megaproyectos del Tren Maya y el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (colocado por el gobierno de López Obrador bajo responsabilidad de la Semar), espacios, ambos, asiento de la riqueza petrolera del sureste mexicano y de sus selvas tropicales.

Al consolidarse como aliado subordinado de la estrategia militar continental del Pentágono −y funcionar como bisagra de sus comandos Norte y Sur en un área de gran importancia geopolítica, por ser la vía de conexión entre las rutas marítimas de los océanos Atlántico y Pacífico−, en momentos de rediseño de las hegemonías y de confrontación de EU/OTAN contra China y Rusia, México podría quedar involucrado en una situación de guerra real. Miremos Ucrania.

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