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Tomado de jornada

Gloria Muñoz Ramírez

Esta semana, la realidad se impuso en tiempo real al discurso oficial y a la narrativa de las buenas intenciones. Mientras en Washington se solicita al gobierno estadunidense «dejar de rechazar migrantes», en territorio mexicano dos caravanas de migrantes procedentes de Centroamérica, Haití, República Dominicana, Cuba y algunos países sudamericanos, son contenidas por la Guardia Nacional y agentes del Instituto Nacional de Migración (INM). El flujo de personas continúa, pero los bloqueos los dispersan y los llevan a buscar otras rutas, generalmente más peligrosas. Otros se mantienen en grupo.

Hay una emergencia humanitaria y no existe ninguna salida institucional. Nada. Que se queden en sus países plantando árboles es la opción mexicana, que deja de lado las diversas violencias de que están huyendo, incluida, sí, la económica, pero no sólo ésta.

Año con año, el flujo migratorio reconfigura su composición. Sus integrantes, mayormente del género masculino, pasaron a familias completas con niños en brazos, menores de edad sin compañía, mujeres solas. El informe de la Caravana de Acompañamiento Gilberto Bosques Saldívar (en honor al diplomático mexicano que ayudó a los perseguidos por el nazismo y el franquismo), describe la pesadilla del recorrido en su paso por el istmo de Tehuantepec, Oaxaca, donde registraron el hambre, la sed, las altas temperaturas, los pies semidescalzos sobre el concreto, la enfermedad y la desesperación.

Las cámaras y flashes estaban en Washington cuando la brigada de acompañamiento atestiguó “la negociación de estira y afloja entre la Guardia Nacional y los migrantes… La Guardia acusa de ilegalidad el traslado de personas en camiones y tráileres y reitera que abrirá el paso sólo si se bajan y siguen su camino a pie. En tanto, la caravana acusa a la Guardia y al Grupo Beta de que es ilegal la obstrucción de su derecho de tránsito”, pero parece que el argumento de la ilegalidad es de uso exclusivo del Estado, y los obstáculos persisten. Se trata, en esta etapa, de contenerlos y disuadirlos.

México, dicen, ya no será el patio trasero de Estados Unidos. Pero los hechos confirman lo contrario.

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