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Hoy se cumple un año de tu siembra. Debo confesarte que mi mente tenía bloqueada la fecha, seguramente como un burdo intento de no aceptar que ya no estás entre nosotros. Si embargo, fue un día de mucha pesadez, y ahora ya entiendo la razón, pues aunque lo negara una parte, otra parte de la mente lo tenía presente.

Suelo pensar en lo que pensarías ante la caricatura de transformación que nos quieren vender, especialmente ante la terrible realidad de Guerrero, tu estado por adopción, aunque muchos de nosotros solo supimos que así lo era luego de despedirte. Recuerdo ahora las horas finales en el velatorio, cuando, viles e insensibles, pretendieron jugar con nuestro dolor para extorsionarnos ante una inventada dificultad para realizar los trámites pertinentes. En respuesta, estuviste a nada de realizar tu última acción disruptiva, que habría resultado un justo homenaje de cuerpo presente a tu digna trayectoria de lucha. Seguramente te reirías mucho tan solo de imaginar la escena de tu féretro bloqueando la Avenida Cuauhtémoc.

Por lo demás, tal vez no tengamos muchas cuentas buenas que rendirte, pero te sentirías feliz y orgulloso de ver cómo los compas están descolonizando Europa, a la que ya renombraron como Slumil K’ajxemk’op, tejiendo bonito, hilando fino, abajo y a la izquierda (mientras nosotros seguimos haciendo nudos).

Hemos hecho unas cuantas cosas, pequeñitas, y entonces siempre tratamos de pensar qué habrás sugerido, cómo le habrías hecho.

Se te extraña, canijo. Ha sido difícil cubrir aquellas tareas que tú asumías, de tantas que eran en tantas causas, pero tu ejemplo nos sigue motivando para avanzar, aunque sea lento, como los caracoles.

Gracias por tanto, compañero querido de tantos frentes. Descansa tu esencia, que por acá tu legado sigue siendo irreverente y alegremente rebelde.

Hasta siempre.

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About Author: asbaeza