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529 años después del “descubrimiento” de América, los pueblos mayas zapatistas llevan un mensaje a todo el mundo: “la supervivencia de la humanidad depende de la destrucción del capitalismo”.

Raúl Romero

Tomado de elsaltodiario

El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón, al mando de tres barcos, llegó por error a lo que hoy conocemos como las Bahamas, en la América Insular. No fueron los primeros viajeros en encontrar el “nuevo mundo”. Siglos antes ya habían llegado poblaciones vikingas y otras provenientes de Asia. Colón y compañía querían ir a “las Indias”, para establecer nuevas rutas de comercio y de paso satisfacer sus aspiraciones de ascenso social. Colón murió pensando que habían llegado a la India.

La expedición era financiada por la alianza matrimonial entre las coronas de Castilla y Aragón. Lo que hoy conocemos como España, y más precisamente como Estado Español, no existía en realidad.

Lo que siguió después fue una larga, brutal e insuficiente guerra de “conquista”, brutalidad que incluso mereció la denuncia de personajes como Fray Antonio de Montesinos y Fray Bartolomé de las Casas. Los datos sobre las poblaciones originarias que existían antes y después de la guerra son muy variados. Problemas de fuentes, de método y también ideológicos influyen en las investigaciones. Sin embargo, los estudios más serios coinciden en una disminución considerable de la población originaria producto de la violencia, de las enfermedades y de las hambrunas, principalmente. Un genocidio, sin lugar a duda.
El “descubrimiento” de América supuso un paso fundamental para el desarrollo del capitalismo

El “descubrimiento” de América implicó cambios profundos para el mundo entero. El reino de España se posicionó como potencia y centro imperial en aquella época. La mayor parte de los pueblos de América fueron sometidos, exterminados o muy disminuidos. Los pueblos esclavizados de África fueron vendidos y trasplantados al “nuevo mundo”. Otros reinos de Europa también se favorecieron con el aumento significativo de los ritmos de acumulación de capital. Las nuevas rutas de comercio tuvieron un impacto significativo para Asia. Los cambios en el comercio, en la agricultura, en el tráfico de esclavos y el florecimiento de la minería de oro y plata significó un paso fundamental para el desarrollo del capitalismo. El mismo Karl Marx observaría esto en la llamada acumulación originaria: “El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, el exterminio, la esclavización y el sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: tales son los hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista”.

El análisis del “descubrimiento” de América como un momento clave en el desarrollo del capitalismo y su expansión mundial fue también retomado por Immanuel Wallerstein en su moderno análisis sobre el sistema mundial, con su economía-mundo capitalista. Resulta igualmente interesante por este lado la propuesta de Jason W. Moore, quien coincide con ese planteamiento. Pero, además, propone el análisis de la ecología-mundo capitalista como unidad dialéctica de la acumulación de capital, la búsqueda del poder y la producción de la naturaleza. La propuesta de Moore nos ayuda a entender cuándo, cómo y con qué fin la visión de la naturaleza separada de lo humano se comenzó a imponer como dominante en el mundo entero.

Las grietas que los pueblos originarios de América venían haciendo a la ‘historia de los de arriba’ se agrandaron y empezaron a convertirse en ventanas y espejos para el mundo

El “descubrimiento”, la guerra de “conquista” y la colonización de América son fenómenos arduamente analizados y debatidos. Todavía hoy surgen nuevas investigaciones, interpretaciones y polémicas. También hoy los hombres del poder siguen utilizando esa larga y compleja historia para ganar votos y simpatías: hay aquellos que reivindican la barbarie, la xenofobia, el racismo; y también hay aquellos que exigen perdones, aunque en los hechos impulsen la colonización de pueblos y sus territorios por parte del capital, pero ahora en nombre del desarrollo nacional.

Algo muy distinto comenzó a suceder a finales del siglo XX. En 1992, a propósito de la conmemoración de los 500 años del “descubrimiento”, pueblos y organizaciones indígenas, afrodescendientes y populares se movilizaron por toda Sudamérica el 12 de octubre para resignificar la fecha: el día de la resistencia indígena, negra y popular. Aquel día, varias estatuas en honor a los conquistadores cayeron. Las grietas que los pueblos originarios de América venían haciendo a la historia de los de arriba se agrandaron y empezaron a convertirse en ventanas y espejos para el mundo.

Las rebeliones indígenas que se extendieron por toda América Latina, contra el capitalismo neoliberal y sus renovados procesos de colonización, echaron luz sobre un mundo al que le imponían el fin de la historia y el “consenso” de Washington. En 1994, la rebelión zapatista en el sureste mexicano logró dar voz a la demanda de miles de personas en el mundo: Otro mundo es posible.
La destrucción de otras civilizaciones y modos de vida

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), compuesto principalmente por indígenas choles, mames, tojolabales, tzeltales, tzotziles y zoques, se presentó como “producto de 500 años de luchas” contra la explotación, el despojo, el racismo y la discriminación. Resisten, como pueblos, a la violencia que la acumulación de capital trajo consigo desde la conquista hasta nuestros días. Y es que la guerra de conquista se tradujo en una guerra capitalista que busca la colonización de todos los pueblos y sus territorios. Digámoslo claro: la civilización moderna capitalista, con su economía-mundo, su concentración de poder y de riquezas, y con su destrucción de la naturaleza, se realiza con la barbarie, con la destrucción de otras civilizaciones y modos de vida.

Desde sus primeros días, los pueblos zapatistas lograron dialogar y articular con movimientos indígenas y con las más diversas izquierdas de todo el planeta. Y es que los pueblos zapatistas nunca se han puesto como vanguardia o como la causa más importante. No asumen la “cuestión indígena” como la contradicción principal. Por el contrario, abrazan las resistencias de clase, raza, género. “Para todos todo, nada para nosotros”, dijeron desde sus primeros días. Y también dijeron que su lucha era “por la humanidad”.

El 12 de octubre de 1994 los pueblos zapatistas expresaron: “Nuestro andar armado de esperanza no es contra el mestizo; es contra la raza del dinero. No es contra un color de piel sino contra el color del dinero. No es contra una lengua extranjera, sino contra el lenguaje del dinero”. Esbozaron así, desde entonces, la complejidad y alcance de su lucha: la lucha contra el capitalismo.

Tiempo después, el 24 de septiembre de 2021, en Viena, la voz de los zapatistas se escuchó en la Marcha contra la destrucción de la Naturaleza. El mensaje fue precioso y a la vez terrible. La tierra es una mujer. El macho es el capitalismo. Estamos por presenciar un feminicidio. “Ella será asesinada y con su muerte morirá todo”.

La metáfora del feminicidio a la que recurren los zapatistas en este discurso es muy precisa. El ecocidio, y los riesgos que para la vida humana y no humana significa, es ya una tesis comprobada por las ciencias. Las razones de ese ecocidio cada vez quedan más claras: el capitalismo nos ha llevado a tocar los límites planetarios. Aunque algunos negacionistas rechacen esta idea, pues afecta a sus intereses económicos, lo cierto es que tanto los pueblos originarios como las comunidades científicas y un amplio y diverso movimiento ecologista, han llegado a la conclusión de que es la “civilización” capitalista la causa de esta crisis.

Los pueblos originarios de México y de muchas partes del mundo tienen una visión distinta del lugar que habitan. No son “recursos” naturales o materias primas. El territorio es ese entorno con el cual y por el cual se realiza la reproducción cultural y material de la Vida. En esa concepción del mundo no cabe la propiedad privada de la tierra. Además, muchos pueblos originarios se asumen como guardianes del territorio: asumen en su ser como pueblos el cuidado de lo común, el cuidado de la Vida. “Cuando nosotros decimos que estamos luchando por la tierra, es que estamos luchando por la Vida”.

La metáfora del capitalismo-macho asesinando a la mujer-tierra, también deja ver el carácter antipatriarcal de los pueblos zapatistas; un elemento presente, por lo menos, desde diciembre de 1993, año en el que EZLN vivió una rebelión dentro de su propia rebelión. Las mujeres indígenas zapatistas impulsaron una Ley Revolucionaria de Mujeres, que significó el principio de un largo proceso de cambio material y cultural para ellas en sus comunidades. En 2018, con los multitudinarios e históricos encuentros de Mujeres que luchan, las zapatistas nos dejaron ver muchos de sus logros en materia de género. Una historia similar se puede contar sobre las disidencias sexogenéricas u otroas.

La lucha por la humanidad es mundial y el tiempo cada vez es menos

En La declaración por la Vida, documento que firman el EZLN y miles de organizaciones y personas de todo el mundo, se explican las razones y objetivos de la Travesía por la Vida, el recorrido que hombres, mujeres y otroas zapatistas harán por los cinco continentes. Quienes firman, reconocen que los dolores de la tierra son responsabilidad del sistema capitalista y las múltiples formas de dominación que se despliegan en él. Aseguran que “no es posible reformar el sistema” y que “la supervivencia de la humanidad depende de la destrucción del capitalismo”.

Lo que nos están proponiendo los indígenas zapatistas, observo, es el diálogo entre los pueblos, organizaciones y personas que luchan por un mundo mejor, sin racismo, ni patriarcado, ni capitalismo. La lucha por la humanidad es mundial y el tiempo cada vez es menos. Defender la Vida frente al sistema de muerte y la guerra capitalista es algo que los pueblos originarios de América llevan haciendo por 529 años.

“Hay una guerra entre el sistema y la naturaleza. Esa confrontación no admite matices ni cobardías. O se está con el sistema o con la naturaleza. O con la muerte, o con la vida”. Las comunidades zapatistas han decidido luchar junto a la Tierra, por ella y para ella. También a [email protected] nos toca elegir.

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