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Colectivo Híjar

Tomado de desinformemonos

Practicante de la línea de masas, el Cura de Dolores, reunió a su grey y al grito de viva la independencia decidieron marchar a Guanajuato. Unos tres mil campesinos y comerciantes lo siguieron armados de sus herramientas de trabajo y de uno que otro fusil y pistola de chispa. Los tenientes Allende, Aldama y Abasolo, avisados, nada menos, por la Corregidora de Querétaro del descubrimiento de la conspiración, se sumaron con algunos subordinados a caballo. Dos líneas estratégicas emprendían la guerra contra el virreinato con el predominio de la línea de masas desarrollada por el ex rector de la Universidad Nicolaita donde había captado para la causa a José María Morelos y otros estudiantes con los que había hecho un minucioso trabajo de convencimiento. Conspirador profesional, el Cura de Dolores no era bien visto por el obispo Abad y Queipo ni por las autoridades virreinales. Su talante vivaz le ganaba simpatías en jaripeos y toreadas, tertulias y talleres que lo mismo leían los libros sustentantes de la Revolución Francesa de 1789, que enseñaban el cultivo de la morera prohibido por el sistema productivo protector de los empresarios bajo control de la Corona Española. Hidalgo supo distinguir a los más radicales para darles encargos mayores, una vez probadas su discreción y eficiencia. Tal fue el caso de los hermanos Emeterio y Epigmenio González, encargados de reunir el armamento y los explosivos disfrazados de las mercaderías propias de su trabajo legal. Cuando estaba ya decidido el principio de la guerra popular, su descubrimiento prematuro por el enemigo exigió tomar una decisión sin someterla a consulta y a discusión. La decisión que lo hizo Comandante en Jefe con todo y sotana puesta, tendría la prueba de fuego durante el camino a Guanajuato para ir sumando adeptos resistentes a la disciplina militar de los oficiales que no más servían a la Corona Española. Los ricachones de Guanajuato se refugiaron en la aparentemente inexpugnable Alhóndiga de Granaditas con sus altos muros de piedra y sus grandes puertas de entrada y salida resistentes y pesadas. Sin lugares para la defensa militar, la Alhóndiga fue sitiada hasta que un grupo de mineros con cartuchos explosivos logró acercarse a las puertas para hacerlas volar con su conocimiento de expertos. El primer héroe popular revolucionario no tiene más nombre que su apodo: El Pípila. El ataque contra los gachupines fue feroz y desordenado a los ojos de los militares insurgentes. No podía ser de otra manera por la furia incontenible acumulada a lo largo de siglos contra los explotadores. La primera victoria ganó a la causa a unos treinta mil voluntarios que recogieron armas y cañones para partir hacia Guadalajara donde el Cura de Dolores dejó de serlo en definitiva al proclamar el fin de la esclavitud.

Gran lección de tácticas resueltas al calor de las batallas para alimentar una estrategia definitiva por su poder militar y por su claridad libertaria. Abolir la esclavitud y contar con los mineros y los campesinos como combatientes, a la par de ir sumando intelectuales distinguidos a la causa como el Corregidor de Querétaro Andrés Quintana Roo o los hermanos López Rayón, es prueba histórica del poder organizativo de las masas en guerra popular. Las deficiencias militares se hicieron más notorias en la medida de la organización del enemigo al mando de un experimentado comandante como Félix María Calleja y de oficiales propietarios de minas donde sometían a los trabajadores a explotación extrema. Agustín de Iturbide era uno de estos criminales que pronto se distinguió por sus capacidades contrainsurgentes. La derrota en Puente de Calderón significó una retirada tan costosa que los militares insurgentes depusieron del mando a Don Miguel Hidalgo y Costilla que en calidad de prisionero regresó hasta El Bajío. Alcanzó todavía a alentar la lucha guerrillera para descubrir en José María Morelos al digno sucesor para la siguiente etapa donde la línea de masas adquirió pleno sentido armado militar con la guerra de guerrillas en la que las tropas virreinales tenían la experiencia de las resistencias de los pueblos y comunidades explotados por la Monarquía Española incapaz de construir un Estado-nación a la altura de la acumulación originaria del capital. Sin embargo, tres siglos de coloniaje produjeron intercambios mercantiles y culturales complejos al incorporar tradiciones comunitarias de pueblos del Caribe y África por la vía del tráfico de esclavos, el contrabando de piratas y corsarios, la prostitución necesaria a los marineros y sus estancias de meses y años en los mares, todo lo cual forma parte de la complejidad de la acumulación originaria en el Caribe disputado por piratas y corsarios protegidos por las monarquías inglesa, holandesa, portuguesa, belga, francesa.

Los proyectos de nación en condiciones de lucha de clases racista y sexista extremas, dieron lugar a una “plebe” formada por los “pelados” mestizos ocupados como servidores para resolver sin éxito la gran suciedad característica de las urbanizaciones españolas. De los pueblos limpísimos con grandes baños ceremoniales no solo de lujo, se convirtieron en lo que Kusch caracteriza en el título de un texto clave: El hedor de América. Las supersticiones europeas se sumaron para, por ejemplo, asegurar que un eclipse era propio de la suciedad de los cielos novohispanos. Un rico y complejo saber analfabeta desarrolló recursos integrales de autodefensa con consecuencias comunitarias reivindicadoras de orígenes culturales considerados demoniacos y despreciables por los blancos en el poder. La reivindicación del diablo como ser festivo contra las aberraciones morales judeo cristianas, da lugar a los diablos de Oruro, a la pelea cubana contra los demonios estudiada por Fernando Ortíz, a las danzas eróticas de los garífuna de la Costa Atlántica, a los diablos como personajes principales de las pastorelas y fiestas patronales en los atrios de los conventos e iglesias virreinales. Criminales de Estado como Luis Echeverría coleccionaron máscaras y vestuarios asombrosos que en el caso del agente de la CIA que a la par fue presidente de México, cubrían un muro de tres niveles en un suntuoso edificio que pretendió ser Centro de Estudios del Tercer Mundo. Tercer Mundo el de los pueblos subdesarrollados en busca de las ayudas de alianzas para el progreso y ocupaciones militares por el remedo de democracia al gusto de los imperios. Nada de Patria hay en todo esto. A cambio de una permanente diferenciación de lo que en el coloniaje fueron las castas pintadas en la bóveda de la Capilla del Palacio de Minería por Rafael Ximeno y Planes, símbolo del desarrollo tecnológico distinto y opuesto a lo que Carlos Salinas llamó “rezago histórico” cuando decretó la tregua de enero frente a la poderosa emergencia del EZLN.

A fines de agosto en el Teatro de la Ciudad, se presentó el grupo Saltapatrás que reivindica el nombre peyorativo de la casta resultante del matrimonio de indios, negros y mestizos. Incorpora en su música de percusiones tras las melodías de instrumentos de cuerda expropiados a los europeos, una pequeña marimba africana llamada balafón que acompaña las danzas consideradas demoniacas por la moral judeo cristiana. Arturo Cipriano congrega a importantes músicos para mantenerse en la línea antimelódica que ha producido música inspirada en poetas negros como Nicolás Guillén, Aime Cesaire, Eldridge Cleaver de los Panteras Negras y otros demoniacos seres como Mick Jagger que nunca sonríe mientras cruza casi corriendo decenas de veces el escenario exhibiendo una sospechosa eterna juventud. Simpatía por el diablo.

La Patria “no es el amo, no es el juez, son los hijos, la dulce compañera” como canta León Chávez Teixeiro. La Patria es la compartida con los compañeros y compañeras desde abajo y a la izquierda, como canta Gabino Palomares; la de los que “somos muchos los proscritos, los bastardos, los malditos”, como canta el demoniaco Mastuerzo también conocido como Francisco Barrios con todo y su saber antropológico bien aprendido. Encargado para legislar sobre la población negra en Cuba, Fernando Ortiz graduado en Italia, hizo trabajo de campo para descubrir la riqueza nacida y crecida en los campos del cultivo impuesto del tabaco y el azúcar y en los cuentos de curas ambiciosos para apropiarse de los terrenos campesinos. Sobre estas bases, Fernando Ortiz funda una antropología libertaria que acompaña la proclama de José Martí sobre Nuestra América antiimperialista por los derechos históricos de pueblos y comunidades indígenas. La historia de las vanguardias estéticas en Nuestra América es la historia de repudio al eurocentrismo racista de élite auspiciada por los estados burgueses. Los Antropófagos del Brasil manifiestan la necesidad de tragar todo lo que esté a la mano para digerirlo y desechar los desperdicios. Para ellos, la cultura plena de nuestra América terminó el 11 de octubre de 1492 y tuvo su esplendor en 374 cuando el obispo Sardinha fue deglutido por quienes dejaron de ser creyentes en el Dios y los santos y santas católicos, apostólicos y romanos. De aquí los “Tres llamamientos a los plásticos de América” lanzados por la Revista Vida Americana promovida por Siqueirosdesde Barcelona hace 100 años desapercibidos para los funcionarios culturales de la Cuarta Transformación. La proclama del único número de la Revista la firman, entre otros, Joaquín Torres García del Grupo Taller del Sur promotor de los espacios plenos para el buen vivir con muebles de madera, espacios verdes por todas partes, tal como puede gozarse en la muestra existente en Montevideo a donde regresó después de su permanencia en España.

Contra los arqueologismos y los indigenismos capaces de construir una insignificante pirámide de utilería iluminada con efectos heredados de Walt Disney, Siqueiros llama a aprender de los grandes centros ceremoniales prehispánicos, también de los grandes atrios de los conventos obligados a las celebraciones al aire libre con sus hermosas capillas abiertas y sus capillas posas. Llama a no hacer caso de las falsedades de los poetas que toman como pretexto la grandeza de pueblos que no entienden para sus efusiones metafísicas.

La Patria en construcción es ya la Patria Grande bolivariana y es Nuestra América en construcción constante de resistencia contra el panamericanismo yanqui y el afrancesamiento latinoamericano. Estos tiempos posmodernos de globalización capitalista tienen la virtud de ponernos frente a culturas que por siglos ignoramos. Árabes, musulmanes, islámicos, budistas, procesos peculiares de liberación nacional como la de los kurdos, los vascos, los irlandeses, los pueblos y comunidades del antiguo imperio persa, exigen contradecir con la práctica histórica y social los modelos avasallantes del imperialismo. La Patria en construcción está en la complejidad de comunidades y colectivos libertarios actuales que llegan hasta medidas de gobierno como el repudio a la Organización de Estados Americanos que Fidel llamara la oficina de colonias, para sustituirla en el inminente encuentro de gobiernos Nuestramericanos. La Patria liberal de momificación de los héroes con el mármol de Juárez, el metal de Cuauhtémoc y Cuitláhuac, la reducción de la revolucionaria Leona Vicario a una más de las estatuas para la indiferencia publica en Paseo de la Reforma, contrasta con los Antimonumentos por la memoria, la verdad y la justicia de los 93,000 desparecidos y las víctimas y familiares de crímenes de Estado que reúnen mes con mes, año con año a los opositores al perdón y olvido imposible de sostener ante la prolongación constante devastadora del planeta y del territorio y los bienes de la nación. ¡Viva la Independencia nacional!

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