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Tomado de jornada

Raúl Romero*

El año 2011 fue uno de los años más atroces para la comunidad nahua de Santa María Ostula, municipio de Aquila, en Michoacán. El 6 de octubre, aproximadamente a las 9 de la noche, en el poblado de Xayakalan, Pedro Leyva fue asesinado por un grupo de paramilitares. Pedro tenía 34 años y era un hombre clave en el proceso organizativo: era miembro de la Guardia Comunal de Santa María Ostula y representante de su comunidad ante el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

Dos meses después, el 6 de diciembre de 2011, una caravana compuesta por periodistas y personas defensoras de los derechos humanos, que participarían como observadores en una consulta de la comunidad, fue asaltada por un comando paramilitar cuando salía del poblado de Xayakalan. Las 12 personas que integraban la caravana fueron secuestradas, amenazadas y luego puestas en libertad, excepto una: don Trinidad de la Cruz Crisóstomo. A don Trino, como cariñosamente le llamaban sus compañeros, lo torturaron y luego asesinaron. Don Trino era uno de los líderes históricos de la resistencia de Ostula: su trabajo también era clave dentro de la comunidad y entre su comunidad y otras comunidades de la región y del país.

Sólo en 2011, al menos 14 integrantes de la comunidad nahua de Santa María Ostula que participaban de la lucha por la defensa de sus territorios fueron asesinados y una persona más fue desaparecida. En total, hoy día, la comunidad cuenta 35 comuneros asesinados y cinco desaparecidos.

La lucha que ha librado en los últimos años la comunidad de Ostula es emblema de nuestros tiempos. En junio de 2009, los pueblos Nahua de Ostula y de otras regiones del país, junto a pueblos Wixárika, Purhépecha, Binnizá, Hñahñuu, Coca, Tzeltal, Ñu Sabi y Rarámuri, dieron a conocer un manifiesto en el que reiteraron su empeño por continuar ejerciendo su «derecho histórico a la autonomía y libre determinación». Unas semanas después de dar a conocer el documento, miles de comuneros de Ostula se dieron a la tarea de recuperar cientos de hectáreas de tierra que tenían en su poder caciques y «pequeños propietarios».

El ecosistema característico de la región es codiciado por empresarios del turismo, de la minería, del crimen organizado, de las maderas preciosas… Además, Ostula se encuentra en un área estratégica: entre los puertos de Manzanillo y Lázaro Cárdenas, los dos más importantes de México y el tercero y décimo tercero, respectivamente, de América Latina, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe en 2019.

En esa defensa del territorio y de la vida, el pueblo de Ostula enfrenta enemigos legales e ilegales que, de manera coordinada, estuvieron a punto de eliminar la resistencia a base de plomo y terror. Pero no fue así. La comunidad sigue resistiendo y, lejos de lo que podría pensarse, más y más comunidades se han sumado al proceso organizativo.

Así quedó demostrado el pasado 13 de agosto, cuando miles de personas salieron a las calles del municipio de Aquila, para exigir desde allá a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que atraiga su caso y resuelva en su favor el reconocimiento de su territorio. Al mismo tiempo, en la Ciudad de México, María de Jesús Patricio Martínez, indígena nahua y vocera del Congreso Nacional Indígena-Concejo Indígena de Gobierno, entregó en las oficinas de la SCJN un amicus curiae, una herramienta jurídica con la que la comunidad de Ostula, acompañada de la opinión de personas especialistas y del ámbito de la academia de México y de otros países, aportan elementos que sustentan la propiedad comunal del predio conocido como San Diego Xayakalan.

Las tierras y playas que hoy tienen en propiedad comunal los nahuas de Ostula son paradisiacas. Los plantíos de jamaica y papaya son la antesala a lugares en los que las tortugas llegan a desovar. Los productos del mar también son abundantes. Es en ese lugar sobreviven y se impulsan proyectos autogestivos de turismo, decididos y administrados de manera ­comunitaria.

Ostula y las comunidades que la acompañan en la resistencia han pagado con mucho dolor la defensa de su territorio. Hoy, como ayer, continúan la batalla por todos los medios posibles. Apelan a los órganos de justicia del país para ganar también por esa vía el reconocimiento de lo que les pertenece. En su territorio, se apoyan en la organización de base, comunitaria. Organizados han logrado sobrevivir y resistir a la guerra que contra ellos desataron. Ostula es emblema del tiempo nuevo que vivimos: el tiempo de los pueblos.

*Sociólogo. @RaulRomero_mx

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