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Por Arturo Anguiano

Publicado en Camino al andar

26 de julio de 2021

Así como en el 2017 los zapatistas del EZLN sorprendieron al proponer irrumpir en las elecciones presidenciales de 2018 con una candidatura indígena independiente –que a la postre fue asumida en tanto vocera del CNI-GIC por María de Jesús Patricio, Marichuy–, ahora de nuevo llaman la atención al convocar a participar en la muy controvertida consulta propuesta por el presidente, si bien reformulada por la SCJN. Entrometerse en los trances de arriba, para subvertirlos y darles otra significación se ha vuelto una siempre inesperada apuesta de esos insumisos que así no dejan de propiciar la organización y la rebeldía en una sociedad cada vez más desesperada.

La consulta popular, al igual que la revocación de mandato, son algunas de las figuras centrales de la democracia participativa, que por presión de la gente muchos países han añadido de manera formal a los mecanismos tradicionales de las democracias restringidas y elitarias que por todas partes prevalecen. Andrés Manuel López Obrador ha echado mano de ellas, como fue el caso respecto a la segunda con una ridícula consulta telefónica que puso en práctica durante su gestión en el Gobierno del entonces Distrito Federal, luego, ya como presidente, primero a través de consultas simuladas (“acarreos desvergonzados”) como las del aeropuerto de Texcoco (AICM) y los megaproyectos como el llamado tren Maya y el Corredor Interoceánico en el Istmo de Tehuantepec. Con la incorporación a la Constitución de ambas figuras participativas, se tienen ya previstos dos procesos muy publicitados por el presidente, el primero una consulta para el 1 de agosto próximo y el segundo la revocación de mandato para el verano de 2022.

De entrada, de ninguna manera representan una intención de democratizar un régimen político autoritario que durante la larga crisis estatal se ha venido recomponiendo como una suerte de democracia oligárquica, con autores políticos exclusivos reconocidos y financiados públicamente, que reafirman el monopolio del poder por parte de una clase política ampliada que se reproduce a sí misma desde el aparato estatal, al tiempo que excluye a la inmensa mayoría de la sociedad que es considerada solamente clientela prescindible, mientras persigue y acorrala a quienes escapan de esa visión mercantil de la política. Incluso se puede decir que López Obrador desvirtúa y desnaturaliza de manera fundamental la revocación de mandato y la consulta popular, al confiscárselas a la gente, a la sociedad, en tanto iniciativas de control o decisión político-sociales, apropiándose de ellas y transfigurándolas en formas de legitimación y manipulación del poder.

No pretendo insistir aquí en la capacidad de AMLO para reproducir el viejo régimen autoritario en decadencia o en la ficción manipulatoria de la llamada 4T. Lo cierto es que la polarización y deslindes que se han producido en torno a la consulta llamada del juicio a los expresidentes, no hace sino expresar en general el grado de descomposición de todos los actores poíticos institucionales y de los medios que se entrelazan y definen por unos u otros.

Muchas son las lecturas que se han estado haciendo, pero precisamente el EZLN ha introducido otra, muy a su estilo, que es la que se enfoca en los mayormente afectados: los excluidos y las víctimas, esto es, en los actores sociales despreciados e ignorados que no han dejado de multiplicarse en el largo ocaso del régimen autoritario. No solo por poner el acento en las múltiples caras de la violencia legal y extralegal de los diversos gobiernos –de masacres y guerras sucias, desapariciones, persecusiones, tortura y paramilitarismo, a la corrupción y el fraude, el despojo y la explotación, la precarización generalizada de la población y la concentración extrema de la riqueza–, sino en la ruina del país que han provocado, su entrega al capital mundial, la degradación de la naturaleza y el abandono de las necesidades humanas. Esto es, por priorizar la muerte sobre la vida y secuestrarnos el futuro.

Desde el inicio lo recalcó el Subcomandante Moisés: se trata de participar en la consulta “para cumplir con el derecho a la verdad y la justicia de quienes han sido víctimas por acciones y omisiones del Estado Mexicano (que eso, y no otra cosa, es lo que señala la pregunta que elaboró la Suprema Corte de Justicia de la Nación del país que se llama México). Hay que entrarle, no viendo hacia arriba, sino mirando a las víctimas. Hay que convertir la consulta en una consulta ‘extemporánea’. Esto con el fin de que así arranque, independiente de los de arriba, una movilización por una Comisión por la Verdad y la Justicia para las Víctimas, o como quiera que se llame. Porque no puede haber vida sin verdad y justicia” (https://www.caminoalandar.org/post/la-extempor%C3%A1nea-y-una-iniciativa-nacional)

Ahora el Sub Galeano abunda en los motivos, describe el panorama desolador en el que nos encontramos en México, la fragilidad y precariedad de una existencia atrapada por la incertidumbre, la violación generalizada de los derechos humanos y la ominosa legalidad a modo de un Estado de derecho inexistente. Insiste en la necesidad de acompañar a las víctimas en la búsqueda de la verdad y la justicia, lo que por supuesto quiere decir un largo camino de movilización y organización, de sensibilización y resistencia. Más que limitarse en los expresidentes, como pretenden el gobierno y Morena, en realidad se trata de echar luz sobre las responsabilidades “de todos los actores políticos: ejecutivos federales y sus gabinetes legales y ampliados; gobiernos estatales y municipales; diputados locales y federales; senadores; jueces y todo el aparato de justicia; organismos descentralizados; organismos autónomos (como el IFE antes y después el INE); ejército, fuerza aérea y marina; policías federales, estatales y municipales” (https://www.caminoalandar.org/post/por-qu%C3%A9-s%C3%AD-a-la-consulta-y-s%C3%AD-a-la-pregunta) Y no solo del pasado que no pasa, sino del ahora que alimenta el desasociego.

Más allá de simulacros y mascaradas de actores políticos autistas, prepotentes y degradados, al margen de pretendidas legitimaciones democráticas de un gobierno cuyos disfraces no logran cubrir sus imposturas y miserias demagógicas, lo cierto es que lo que está en juego es la posibilidad de que las mayorías excluídas de la escena oficial de la política puedan expresar sus sentimientos agraviados y su disposición de exigir la reparación de tantos perjuicios y sobre todo la verdad que se requiere para arribar a la justicia. La consulta popular no es sino una figura democrática elemental que para nada excluye las formas de autoorganización y de política distintas de la sociedad de abajo; por ello los zapatistas harán la consulta en sus comunidades mediante sus modos. Debe, sin embargo, aprovecharse la consulta del 1 de agosto para volverla efectiva y necesaria en la vida social, a pesar de trabas y acotamientos que de entrada la anulan (40 %), como anularon por ejemplo la efectiva posibilidad de las candidaturas presidenciales independientes y ajenas a la oligarquía del poder. Es también, como nunca, la posibilidad de alimentar la fraternidad y la solidaridad no solamente con las víctimas que ya somos casi todos, todas, sino para convertirlas en el cimiento y el cemento de las acciones colectivas, en la base y la motivación de la organización, la resistencia y la rebeldía de una sociedad urgida de cambios de fondo, que solamente pueden producirse por sus propias iniciativas.

Como lo proponen los zapatistas, habrá que “seguir con encuentros, foros, festivales, apoyos para las víctimas”, construyendo de este modo “una campaña nacional por la verdad y la justicia” que imponga en forma contundente al poder medidas efectivas “para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas […] por los actores políticos, encaminados a garantizar la justicia y los derechos de las probables víctimas”. Esto es, desde la perspectiva de los oprimidos y excluidos que rebasa las intenciones de los de arriba, proseguir por otros medios la campaña por la vida que recorre la Europa insumisa en medio de solidaridades que van venciendo obstáculos en el camino de la búsqueda por recobrar las posibilidades de defensa de la humanidad frente a la devastación del capitalismo.

Tlalpan, Ciudad de México, 26 de Julio de 2021.

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