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Tomado de jornada

Marcos Roitman Rosenmann

¿Qué democracia es aquella que estrangula, ahoga, oprime y viola los derechos humanos gritando libertad? ¿Y qué demócratas aquellos que se refugian en la crítica fácil denunciando el hambre sin apuntar a sus responsables? ¿Serán los demócratas que no tienen empacho en declarar que viven en democracia y sus gobiernos venden armas, desestabilizan países, justifican invasiones, patrocinan magnicidios y golpes de Estado? ¿Serán acaso los demócratas que bajan la cabeza cuando se trata de pagar impuestos? ¿O serán los demócratas con cuentas en el extranjero y gritan libertad? ¿Serán acaso los gobiernos democráticos cuyos gobernantes dejan morir a miles de personas que cruzan el Mediterráneo en pateras? ¿O acaso son los demócratas que construyen campos de hacinamientos para refugiados donde esperan un asilo que nunca llega? ¿O, por el contrario, son los gobiernos democráticos que esquilman las riquezas naturales en América Latina, bajo el principio de practicar la libertad de mercado? ¿Serán, acaso, los demócratas que denuncian fraude cuando pierden elecciones y patrocinan el terrorismo judicial? ¿O, por el contrario, serán los reyes que gozan de impunidad y mandan callar, mientras roban a mansalva? ¿Serán los gobiernos democráticos que contaminan ríos, mares y se ufanan de hacerlo en nombre de la libertad? ¿O, por el contrario, son los gobiernos democráticos que han deforestado y desertizado, poniendo en riesgo la biodiversidad del planeta? Me pregunto si ¿serán aquellos gobiernos donde asesinan a dirigentes sindicales y defensores de los derechos humanos? O por el contrario, ¿serán los demócratas que persiguen al inmigrante bajo la estatua de la libertad? ¿Igual son los que levantan muros de la vergüenza? Me cuesta pensar que fuesen los demócratas que han vaciado las arcas públicas en beneficio propio. Tal vez sean otros demócratas, los que pagan sueldos de miseria, defraudan a la seguridad social, solicitan planes privados de pensiones ¿O tal vez, sean los demócratas, cuyos principios les impide condenar el racismo? Igual me imagino a los demócratas homófobos y machistas que niegan la violencia de género.

Contra Cuba, ¿podrían ser demócratas convencidos de la superioridad de la raza blanca? ¿Tal vez, sean los democráticos gobiernos que patrocinan guerras, negocian con la muerte y trafican con la paz? ¿O los políticos democráticos cuya corrupción les preceden y cuyas fortunas son fruto de la estafa y el narcotráfico? ¿Tal vez, pueden ser los sacerdotes pederastas y la iglesia que les protege, quienes levanten la bandera de la libertad en Cuba?

Las preguntas se me acumulan cuando pienso que pueden ser los demócratas que a precio de saldo vendieron empresas públicas a compañías trasnacionales. No sé si quienes hablan de falta de medicamentos en Cuba, son los mismos que han privatizado la salud, hacen negocio con la enfermedad, desmantelan hospitales y construyen clínicas privadas. Tengo más dudas: ¿serán los gobiernos democráticos que lucran a fondos buitres, rematando la vivienda social al tiempo que desahucian a sus legítimos dueños? Y ahora que hablamos de las falsas noticias y la libertad de prensa, ¿pueden ser los democráticos dueños de los medios de comunicación, que mienten, censuran y rotulan libertad y democracia para Cuba? En este suma y sigue: ¿tal vez, pueden ser los democráticos banqueros y sus consejos de administración, cuyas entidades se han beneficiado de la crisis, llevando a la quiebra a cientos de pequeños y medianos empresarios? ¿O pueden ser los bien pagados y democráticos periodistas condenados por difamar, mentir y ­desinformar?

En este mar de preguntas, busco respuestas para entender cómo han surgido tantos demócratas y democracias cuyos gobiernos se arrogan el poder de exigir a Cuba aquello de lo que carecen. No dejo de interrogarme sobre los gobernantes democráticos cuyas promesas se van al limbo y no renuncian. Pienso en los oligarcas, terratenientes, empresarios que expropian tierras comunales, matan a dirigentes de los pueblos originarios bajo el grito de libertad de mercado y democracia, apoyados en sus fuerzas paramilitares. En definitiva, pienso en los gobiernos democráticos y tantos demócratas, literatos, académicos, cantantes y tertulianos, que se rasgan las vestiduras al hablar de Cuba, desde la equidistancia, pero restan importancia al bloqueo o lo minimizan hasta dejarlo en una caricatura. Una excusa de izquierdistas trasnochados, dirán. Hoy, todos contra Cuba. No son los defensores de la democracia son sus verdugos.

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