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Tomado de jornada

Silvia Ribeiro*

Estamos en tiempos de Guelaguetza, días de celebración de los pueblos de Oaxaca, que para muchos que vemos desde afuera, parece una fiesta para disfrutar danzas y comida tradicional. En realidad es mucho más que eso. Desde el corazón de los pueblos, el Espacio estatal en defensa del maíz nativo de Oaxaca recuerda su verdadero significado: es una afirmación de la comunidad y la ayuda mutua. Ahora amenazadas por la entrada de agrotóxicos y semillas de empresas trasnacionales, por proyectos y políticas que desolan sus territorios y debilitan las bases de la vida comunitaria.

«La palabra guelaguetza ha sido utilizada por los gobiernos en turno para mostrar hacia afuera una cara bonita de Oaxaca, pero hacia adentro niega la diversidad cultural existente en los pueblos indígenas y trata de deslegitimar el verdadero significado de la palabra, que trasciende la fiesta y en realidad se trata de una forma distinta de ver el mundo, en donde la solidaridad y el intercambio de esfuerzos están por encima de la ganancia» comparten en la Declaración por el futuro del maíz, el campo indígena y el planeta (https://tinyurl.com/4bdaryxs).

La fiesta oficial ha pervertido el significado profundo de esta tradición: «No necesitamos dinero para hacerla, tampoco es un momento para mostrar lo bonito. Guelaguetza es compromiso de ayuda mutua durante toda la vida que fortalece lazos de amistad entre familias y comunidades, entre otros significados; es hacer milpa colectivamente para garantizar el alimento de todas las familias que participan en su ejercicio».

El Espacio estatal en defensa del maíz nativo de Oaxaca se formó como tal en 2012, y en él convergen 25 organizaciones, comunidades e instituciones educativas de todo el estado por la defensa del maíz y sus pueblos. Varias organizaciones son a su vez uniones de comunidades, algunas trabajan en esta defensa desde que se reveló la contaminación transgénica del maíz nativo en 2001.

Denuncian que empresas trasnacionales han despojado a las comunidades de sus semillas, incluso intentando patentarlas, como el caso del maíz oaxaqueño Olotón, único en el mundo, que fija nitrógeno para autofertilizarse. (https://tinyurl.com/ym98fx87).

La entrada de semillas híbridas y agrotóxicos, promovidas por empresas y programas oficiales en varios sexenios, ha devastado el campo, la salud de las y los comuneros y acelerado la migración y el despojo.

«La falta de apoyo al campo que se profundizó durante los últimos 40 años ha dejado un campo sin campesinos o con campesinos de la tercera edad, la misión de esas políticas no ha sido otra que la de expulsar a los jóvenes de sus comunidades para convertirlos en mano de obra asalariada que tiene que comprar su comida, al mismo tiempo que mina la resistencia para defender los territorios frente a los proyectos que hoy ofrecen desarrollo y prosperidad. Resultado de las políticas hacia el campo ha sido la pérdida de soberanía alimentaria y como consecuencia estemos consumiendo alimentos procesados que nos enferman y que son causa de las pandemias más peligrosas que actualmente afectan a la humanidad.»

Hacen por ello un llamado a indígenas y campesinos a seguir sembrabdo semillas nativas y criollas, a no dejarse convencer por empresas y gobiernos a sembrar otras semillas. «No necesitamos bancos de germoplasma para conservarlas en vitrinas. Sembremos nuestras semillas para conservarlas vivas. La diversidad genética de semillas que conservamos en Oaxaca y en los territorios indígenas del mundo es garantía de nuestra sobrevivencia y la de la humanidad, sembrar diversidad como en la milpa es garantía de vida, hacerlo con nuestros sistemas tradicionales de cultivo o con formas agroecológicas es fomentar la vida. No caigamos en el engaño de ahorrar trabajo con el uso de herbicidas u otros agrotóxicos, esos productos sólo traen destrucción. El futuro será sin agrotóxicos o no será».

Invitan a la gente de la ciudad «a procurar alimentos sanos a sus mesas, a investigar de donde viene su comida y cómo se produce, de esa manera se ayudarán a prevenir la enorme cantidad de enfermedades que los aquejan, es mejor consumir un alimento sano que tener que entrar enfermo al mejor hospital del mundo». A buscar y consumir alimentos producidos por campesinos y a sembrar alimentos en nuestros espacios, en lo que tengamos por poco que sea, porque «devolverán vitalidad y la posibilidad de hacer comunidad».

Para honrar la verdadera Guelaguetza, llaman a «solidarizarse con los pueblos indígenas y campesinos en una campaña nacional e internacional en defensa de la milpa, la comunalidad y la vida».

Una defensa de la raíz, que apoye las resistencias de pueblos indígenas en México y el mundo contra los despojos y asesinatos que sufren. Que no es un acto de solidaridad solamente, es una forma de fortalecer la salud de la gente y el planeta y las bases para la alimentación sana que todas y todos necesitamos.

* Investigadora de Grupo ETC

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