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La alegría y el cariño con la que Mario Cartagena El Guaymas recordaba sus vivencias junto a sus compañeros fue uno de sus signos distintivos. Incluso en situaciones muy difíciles contagiaba el sentido del humor con el que enfrentaba la adversidad.

Para muchas de las hijas e hijos de los que cayeron en la lucha o fueron víctimas de la desaparición forzada, él ha sido y seguirá siendo un referente que les fortalece su identidad como herederos de combatientes dispuestas y dispuestos a darlo todo por la causa de la justicia social. Los costos que pagó por la fidelidad a sus ideales fueron muy grandes, nunca renegó de su militancia y tuvo la satisfacción de actuar conforme a ellos. Quizá eso explique su inquebrantable optimismo, su gozo y su amor a la vida. Él y su esposa, Marta, siempre compartieron cuanto tenían (y hasta lo que no), encontraban la manera de darse tiempo para cultivar la amistad, para atender y cuidar de sus compañeros y seres queridos cuando ellos lo requerían. Sus hijos e hijas se forjaron en esa escuela familiar de solidaridad, de compromiso social, de inalterable disposición a participar en las luchas populares. Con ellos y Marta nos quedamos.

Carolina Verduzco

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