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Tomado de inspimundo

Ernesto Faraday

Una comunidad campesina de la Cordillera Blanca, en Perú, logró sanar el agua de sus ríos utilizando saberes ancestrales y soluciones científicas. La iniciativa se posiciona entre las diez favoritas entre numerosos proyectos presentados por más de 33 países para ganar el concurso Solution Search: Water Pollution & Behavior Change.

En Canrey Chico y Campanayoc-Shallap, poblaciones remotas en el entorno del Río Negro y ubicadas cerca del Parque Nacional Huascarán, los pobladores colaboraron con miembros del Instituto de Montaña y especialistas de la Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo para restaurar el agua contaminada del río y el paisaje aledaño. Juntos, construyeron un sistema purificador que colecta y trata el agua contaminada del río.

El problema a enfrentar se focaliza en que hay 8.791 sitios de relaves mineros identificados en las tierras altas de Perú que contaminan las fuentes de agua dulce con drenaje ácido de roca (ARD) y metales. La recesión de 18 cadenas de glaciares como resultado del cambio climático está empeorando la ERA. La contaminación con metales afecta los sistemas de riego, los cultivos y la salud humana. Las comunidades de montaña tienen poca confianza en la información sobre problemas ambientales que proviene de fuentes externas.

Sin embargo, juntos, comunidades locales y científicos se comprometieron para diseñar la solución: un sistema de biorremediación de bajo costo que aplica técnicas simples para tratar el agua. Utilizaron un enfoque de Investigación Acción Participativa, un proceso estructurado que afirma el conocimiento local y las capacidades necesarias para involucrar a expertos externos como colegas. Este enfoque proporciona información que las comunidades pueden utilizar y en la que confían. La solución técnica diseñada por investigadores locales fue una sedimentación artificial y humedales artificiales que rápidamente mejoran el pH reduciendo el nivel de metales en el agua.

El sistema consta de tres pozos de sedimentación cada uno con cuatro metros de ancho y casi diez metros de alto, que permiten que los metales desplazados por la corriente (hierro, plomo, cadmio, cromo, arsénico) se depositen en el fondo. Desde allí el agua fluye hacia un humedal artificial hecho con plantas y materiales locales: una capa de grava gruesa, seguida de arena y luego materia orgánica, totorillas nativas y bacterias reductoras de sulfato cultivadas y proporcionadas por la universidad local. Se plantaron alrededor de 900 totorales. Así, luego de su tratamiento, el nivel de los metales en el agua se reduce a rangos aprobados para uso agrícola.

Gracias al conocimiento tradicional local fueron identificadas las plantas nativas que tienen la capacidad de absorber los metales del agua. Es importante destacar que toda la solución se concibió con una intensa participación de la población que organizó un grupo de investigadores locales.

Para conocer más acerca de esta propuesta puedes visitar el sitio de Solution Search: Water Pollution & Behavior Change.y votar su candidatura al premio.

Fuente y fotografías: Solution Search: Water Pollution & Behavior Change.

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