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Tomado de jornada

Luis Hernández Navarro

En el siglo de las diferencias, un escuadrón zapatista integrado por diferentes (indígenas rebeldes, mujeres en lucha, jóvenes y un transgénero) tocó este domingo, después de una travesía marítima de 50 días, las costas de Vigo, en España. Se propone no reconstruir naciones, sino nuevas realidades, nuevos mundos.

Los insumisos del sureste mexicano se soñaron cruzando las aguas del ­Atlántico en un velero para adelantar las manecillas del reloj de la historia, y encontrarse en tierras europeas con otros diferentes, para conversar y escuchar sobre formas alternativas de convivencia que pongan en el centro la vida, y ese sueño se hizo realidad. Mientras, en la cubierta del barco, de cara a tierra firme, desplegaron una manta que grita a todo el viejo continente: ¡Despertad!

Hasta hace apenas 28 años, la mayoría de los antepasados de este grupo de siete indígenas que navegaron a bordo de La Montaña, tenían como su confín político y cultural la iglesia, la milpa y el camión de redilas. Con enormes esfuerzos y sacrificios, desafiando el aislamiento, la miseria y la represión, se asociaron en uniones para recuperar la tierra usurpada por los latifundistas y apropiarse de su proceso productivo. Pero no fue suficiente. Para ser escuchados tuvieron que levantarse en armas.

Hoy, el horizonte del Escuadrón 421 y del resto de la delegación del EZLN que aguarda la entrega de sus pasaportes para viajar por aire a encontrarse con sus compañeros, es Europa y la construcción de un otro mundo. De ese tamaño es el cambio vivido en las comunidades zapatistas en casi tres décadas.

El escuadrón va a reunirse con los consumidores del café que ellos y sus compañeros cultivan en sus huertos a casi 9 mil kilómetros de distancia; con las mujeres que visten los huipiles que ellas bordan en sus telares y con las que han compartido más de un encuentro feminista, con los luchadores sociales que tienen a la Comuna de la Lacandona como fuente de inspiración para pensar sus propias utopías.

En múltiples ocasiones, Carlos Monsiváis reconoció como una de las grandes aportaciones del movimiento zapatista ­el introducir a la discusión pública el tema del racismo, como una de las características nacionales innegables. Según él, las movilizaciones de los mil 111 delegados rebeldes en la Ciudad de México en septiembre de 1997, fueron «la primera manifestación antirracista en la historia de México» (https://bit.ly/3vSIBwl). Como lo demuestra la vergonzosa negativa de los funcionarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores a expedirles pasaportes o de otras autoridades a reconocerlos como mexicanos (https://bit.ly/2ScnTJM), el racismo estructural es una realidad lacerante en nuestro país, y el EZLN sigue siendo un actor clave en la lucha contra la discriminación.

Una y otra vez, el poder ha intentado presentar a los zapatistas como indígenas manipulados por un blanco que quiere desestabilizar el país, o por trasnochados que no se acaban de enterar que ya cayó el muro de Berlín o, incluso, en el colmo del delirio, como agentes del imperio británico que anhelan los recursos naturales del subsuelo chiapaneco. Parece broma, pero no lo es. Hoy no es la excepción. Estas calumnias se replican una y otra vez. La travesía por la vida muestra al mundo la dignidad y conciencia de los indígenas rebeldes y cómo su reivindicación de igualdad y diferencia está profundamente encarnada en su ser.

En febrero de 1994, los zapatistas enfrentaron estas infamias, desplegando en los diálogos de la catedral, la bandera nacional. Mandaron así un mensaje muy claro al país: los pueblos originarios se reapropiaban de la patria. De esta manera, además de responder a la campaña de estigmatización en su contra, recuperaron para sí un discurso que se les había arrebatado: el de lo nacional.

Desde hace años, el EZLN ha sido un sofisticado artista en el difícil oficio de construir interlocutores para escapar de la trampa de negociaciones de ventanilla con el poder y de «soluciones» militares. Así lo hicieron en el diálogo en catedral (1994), en San Miguel (1995), en San Andrés (1996) o en el Congreso de la Unión (2001). Así lo hacen también ahora con este viaje.

Como ha señalado Arturo Anguiano, la ofensiva europea permite al EZLN romper el cerco. No es exageración. Grupos paramilitares actúan en Chiapas impunemente, en al menos cinco frentes (Tila, Aldama, Cuxuljá, Oxchuc, Ocosingo), varios de ellos ubicados en corredores estratégicos para bloquear la expansión territorial de la autonomía zapatista (https://bit.ly/3vNQaUF). En 2022, la Guardia Nacional tendrá 24 cuarteles en cuatro zonas de seguridad en el estado (https://bit.ly/3zIOrU4). Simultáneamente, a través de programas clientelares, se busca desarticular la resistencia de las comunidades en rebeldía, y fortalecer líderes y bases de apoyo afines al gobierno. La travesía por la vida permitirá cambiar el terreno de esta confrontación.

Hace más de 28 años, en marzo de 1994, al terminar el diálogo de la catedral, uno de los 14 delegados zapatistas leyó un comunicado, que explicaba: «En nuestros sueños hemos visto otro mundo, un mundo verdadero, infinitamente más justo que en el que ahora estamos». Pese al tiempo transcurrido, esos sueños los siguen soñando los integrantes del Escuadrón 421 que desembarcaron en Vigo, sus comunidades en rebeldía y quienes, provenientes de las más distintas latitudes, los recibieron con una gran celebración. Es la hora de soñarse soñando.

Twitter: @lhan55

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