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Gloria Muñoz

Dos cristalazos, huevazos, pega de carteles y pintas frente a la casa del ex presidente Luis Echeverría Álvarez, fueron parte de la jornada para hacer justicia a domicilio, ante la impunidad que prevalece por la masacre estudiantil del 10 de junio de 1971.

«La justicia vino hasta aquí», dice Tania Ramírez, de HIJOS México, colectivo que aprendió de sus iguales en Argentina la estrategia del escrache para exhibir a los asesinos de sus padres y madres, y no dejarlos caminar por la vida sin el señalamiento público por los crímenes que cometieron. «Es lo que ahora nosotras hacemos en las redes sociales con los violentadores de mujeres», expresa Camila, de 22 años, integrante de una generación que encontró también en el escrache (#MeToo) una posibilidad de justicia. En ambos casos la impunidad es la que las convoca. Ante la ineficiencia o complicidad del Estado, las víctimas no se callan y apelan a la condena social.

No es la primera vez que se convoca a un escrache en la casa de Echeverría. El lugar está marcado. «Hay que recordarle al pueblo de México y del mundo que aquí vive un genocida de manera impune desde la década de los 70», el mismo que hace unas semanas fue a vacunarse contra el Covid como si nada, aunque se encuentra (supuestamente) en prisión domiciliaria y con un proceso legal en curso. Indignó ver al responsable de tanta muerte tan campante, a punto de pisar la tumba, es cierto, pero sin haber tocado la cárcel.

No dejar que se pierda la memoria es la tarea. Por eso también un nuevo antimonumento se sembró en la Ciudad de México, entre las avenidas Juárez y Humboldt. Es una V de la victoria, «un señalamiento directo de que ya no es posible seguir protegiendo a los perpetradores, pues el pueblo exige que se juzguen y se castiguen los crímenes de Estado, tanto del pasado, como los recientes y los actuales», dijo un integrante del Comité 68 durante la sorpresiva instalación con la que se reivindica y resignifica el espacio público.

Nada se conjuga en pasado, es responsabilidad del actual representante del Estado hacer justicia a los de antes y a los de ahora. No es tiempo de ofrecer disculpas, sino de dejar de reprimir, por ejemplo, a los estudiantes de las escuelas normales rurales.

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