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José Steinsleger

La entidad necolonial que en 1948 declaró su independencia unilateral (o sea, violando la carta de la ONU y negociándola con Londres y Washington) se dio a sí misma el nombre de «Estado de Israel» y es un hecho consumado. Por consiguiente, el debate en torno a su «derecho a existir» es un falso debate.

En todo caso, el debate verdadero gira en torno al rol de Israel como potencia subrogante de los intereses de Washington y Europa occidental en Medio Oriente. Una potencia que, por su lado, guarda una concepción peculiar acerca de lo que, genéricamente, entendemos por ley y derecho.

En efecto: quien se oponga a su política de ocupación, expansión y anexión en aquel territorio dominado sucesivamente por romanos, bizantinos, otomanos y británicos, será indefectiblemente sospechado (o acusado) de antisemita o terrorista. ¿Cómo tratar tan bizarra concepción con criterios éticos, morales y jurídicos?

Imposible. Aunque algunos «progres» huirán por el foro con el cuento de los «dos estados». Un caramelo de madera diseñado para omitir, deliberadamente, los apodícticos términos de la concepción de marras, en la que el fuerte impondrá su ley, dejándole al débil el discernimiento entre el derecho a la rebelión o la sumisión.

No pienso subestimar la inteligencia del lector, remitiéndolo a lo que Abraham prometió a su pueblo (la «tierra prometida»). Pues no soy experto en bienes inmobiliarios y temo que, de incursionar en tan milenario asunto, Jesucristo y Mahoma me reclamarían lo suyo.

Aunque lo haya engendrado, importa señalar que el judaísmo es el polo opuesto del sionismo (ideología racista del supremacismo israelí) y que junto con su réplica clonada (el seudoevangelismo electrónico made in USA), surgió del nazifascismo cocinado en los sótanos del capitalismo occidental. Narrativas, en fin, pensadas para edulcorar y justificar el odio inducido, los genocidios y la destrucción de pueblos enteros.

¿Tema idóneo para los que «piensan distinto»? Sin discusión. Concedamos la palabra, entonces, a un entendido «con chapa»: Avraham Burg, quien fue titular de la Organización Sionista Internacional (1995-99), de la Agencia Judía, y presidente en funciones de Israel durante un breve periodo (agosto/julio de 2000).

En 2003, Burg se retiró asqueado de la política, y en el diario hebreo Yediothh Ahronot escribió un artículo demoledor: «La revolución sionista descansaba sobre dos pilares: la sed de justicia y un equipo dirigente sometido a la moral cívica. Una y otra cosa han desaparecido. La nación israelí es actualmente una masa informe de corrupción, de opresión y de injusticia».

Sigue: «El fin de la aventura sionista está a las puertas. Sí, ahora es probable que nuestra generación sea la última del sionismo. Tras ella no quedará más que un Estado judío irreconocible y odioso. ¿Quién de nosotros querrá ser uno de sus patriotas?» («La revolución sionista ha muerto», septiembre de 2003).

Años después, en una entrevista, redobló sus ideas: «la definición de Israel como estado judío llevará a su destrucción» (Haaretz, 7/6/07). A más de afirmar que la presión de Israel contra los árabes tiene paralelismos con la que sufrieron los judíos en los regímenes nacionalsocialistas, antes de la Segunda Guerra Mundial (diario español Público, 10/1/08).

Introduzco una inquietud. En 1998, en Estocolmo, una llamada «Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto» (impulsada por el gobierno de Tel Aviv), emitió una confusa «Declaración sobre el antisemitismo y la cuestión palestina» (aunque sin mencionar a Israel y el ­sionismo).

La declaración proponía, implícitamente, vigilar y judicializar las expresiones que, a su juicio, podían incurrir en «antisemitismo». Por ejemplo, condenar el genocidio de Israel en Palestina.

No tengo información acerca de si Avraham Burg y otros como él fueron denunciados por los que prefieren desgarrarse las vestiduras. Al parecer, no. Porque en Israel, felizmente, existe el derecho a «pensar distinto». Un derecho que, infelizmente, ya quisieran ejercer 2 millones de árabes y palestinos que en la «única-democracia-de-Medio-Oriente» viven sometidos al apartheid.

Para finalizar, las caritas de todas las niños y niños masacrados en Gaza, que fueron publicadas por The New York Times en primera plana, el 26 de mayo. Si consigue sostener sus miradas una a una, sin derramar una lágrima, me avisa. Yo no pude. A la cuarta o quinta, me quebré: https://www.resumenlatinoamericano.org/2021/05/29/ palestina-ha-causado-impacto-la-nota- especial-del-the-new-york-times-sobre- las-ninas-y-ninos-palestinos-asesinados-por-las-bombas-israelies-textofotos/

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