Print Friendly, PDF & Email

Agrupación Tipilaltepemeh (hijos del pueblo) de Milpa Alta

Tomado de desinformemonos

La visión comunitaria sobre lo que en verdad pasa en los montes comunales de Milpa Alta

Era como si una bomba atómica hubiera reventado sobre los montes comunales de Milpa Alta quemándolo todo. Por lo menos 1,400 hectáreas de tierra prácticamente calcinada pusieron en entredicho de un golpe toda la parafernalia discursiva del gobierno de la Ciudad de México en materia de ecología que ha llevado a que la Jefa de Gobierno, la Doctora Claudia Scheinbaum reciba reconocimientos y distinciones por los logros de su gobierno en esta materia: Cero eficiencia ante incendios.

Pero de los miles y miles de arbolitos plantados en los últimos dos años y cantados a los cuatro vientos por ella, no quedaba más que puños y puños de cenizas que de vez en vez dejaban ver el cuerpo calcinado de algún animalito del bosque. Así es como describen el desolador panorama los comuneros de varios pueblos de Milpa Alta después de realizar dos recorridos los pasados 9 y 24 de abril así como una exposición a modo de denuncia visual frente a la Alcaldía de Milpa Alta el día 22 del mismo mes con motivo del Día Mundial de la Madre Tierra. Para ello, contaron con el apoyo de tres ingenieros agroforestales y uno en biotecnología, todos independientes y de la misma comunidad. Los trabajos consistieron en un levantamiento de imágenes con equipo de video y un dron más un muestreo científico que sustenta lo que a simple vista resulta evidente: el fracaso de las políticas medioambientales del gobierno, por lo menos el local.

La observación del otrora saludable monte, el muestreo del suelo y el análisis de supervivencia de la reforestación se hizo de manera independiente para evitar la manipulación de resultados de las instituciones de gobierno, ese que siempre trae sesgo político que sólo justifica y encubre. De entrada, los especialistas, los cuales reservan sus nombres por motivo de seguridad, dejan en claro que los trabajos que realiza la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural (CORENADR) dependiente de la Secretaría del Medio Ambiente (SEDEMA) no tienen ningún sentido; son inconexos, sin objetivos claros y a la vista están los resultados negativos aunque no lo hubiera arrasado todo el fuego.

Aunque estos estudios se seguirán enriqueciendo con más muestreos y análisis, de entrada arrojan números escalofriantes: de los parajes analizados se observó sólo un 1% de supervivencia de la especie oyamel plantada (3 de cada 120 plantas) y 0% de ocotes después de los incendios. Según el cálculo realizado por ellos con base en las cifras de reforestación que se encuentran en la página de la Secretaría del Medio Ambiente (SEDEMA), tenemos que para Milpa Alta se destinaron 1,342,400 árboles de diversas especies de las cuáles sobrevivió el 1%, es decir 13,424 árboles, esto es 9.6 ejemplares por cada hectárea (10 mil metros cuadrados).

¿Culpa de la quemazón? En parte, porque antes de eso y a decir de los mismos brigadistas encargados de la reforestación la taza de supervivencia no alcanzaba el 10%. Las causas principales que influyeron en el bajo nivel de supervivencia son: plantas con un estándar de calidad bajo, la introducción de planta no endémica y malas prácticas para la reforestación, dicho esto, también contribuyó la urgencia de un “programa de conservación” que privilegia la cantidad sobre la calidad y que además nunca toma en cuenta la opinión de la comunidad.

Para este 2021 se pretenden introducir una vez más miles de plántulas forestales, las cuales tendrán evidentemente un bajo índice de supervivencia debido a la falta de un diseño de plantación en los polígonos a reforestar, lo que se traduce en un nuevo dispendio de recursos que sólo ha motivado que los comuneros organizados armados, únicamente de voluntad, hagan el trabajo que no están realizando las instituciones con todos sus millones de pesos y su soberbia.

Ya el 12 de agosto del 2020, esos mismos comuneros denunciaron ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) la introducción de miles y miles de plantas de origen africano en zona de conservación por parte de la CORENADR. Una planta de ornato, de jardinería, comúnmente conocida como “rocío” (Aptenia cordifolia) junto con otra llamada “dedo moro” que es altamente invasiva pues se extiende en forma de alfombra y pone en peligro el delicado ecosistema de la región. Dicha denuncia generó un escándalo mediático que hasta la fecha no ha tenido repercusiones en materia penal aunque sea un grave delito de carácter federal. Asimismo, los comuneros han denunciado una y otra vez la violación a los derechos constitucionales de la comunidad por parte de la CORENADR así como la corrupción que en ella impera y la manipulación de brigadas para confrontarlas con la misma comunidad. Denuncia que llegó incluso a nivel presidencial mediante una petición de auditoría contra la institución y nada ha pasado, excepto que se nos catalogue de “revoltosos” aún a pesar de presentar pruebas, señalan los comuneros. Incluso los mismos brigadistas comunitarios, precisamente los encargados de arriesgar la vida para sofocar los incendios, denuncian de manera anónima su impotencia por no poder acudir a los siniestros por carecer de vehículos y gasolina, a pesar de que este año como el anterior “se quintuplicó el recurso” destinado a conservación pasando de 200 millones a 1000 millones de pesos. Varias de las brigadas quedaron literalmente varadas por falta de transporte y combustible mientras el monte se terminaba de consumir ante su impotencia.

Según los comuneros, en el fondo de todo esto hay una dicotomía entre la realidad que perciben las autoridades de la Ciudad de México vía la CORENADR y ellos: por un lado las instituciones sólo buscan cumplir objetivos numéricos, de escritorio, que son traducibles en capital político y aplausos de la opinión pública nacional e internacional basados en la simple estadística donde se privilegia el número de árboles plantados en detrimento del sotobosque que es donde habita más del 90 por ciento de la vida. Eso sí, a un altísimo costo medioambiental y de recursos económicos cuya aplicación no se ve por ningún lado. Por otra parte, aún existe la cosmovisión de un pueblo que no ve solo el árbol, sino el monte de modo integral con toda su biodiversidad que se entreteje y se coopertenece en una dinámica que llega a niveles de espiritualidad. Esta forma de pensar motivó que al término de los trabajos de muestreo los comuneros realizaran una ceremonia ancestral en lo alto de uno de los volcanes más significativos de la región para pedir perdón a la Madre Naturaleza por todo el daño recibido tanto por quienes provocan incendios, talan, cazan, saquean y destruyen como por quienes se preocupan pero son omisos.

Si a todo lo anterior sumamos que el saqueo de los montes comunales continúa, aunque a baja escala del lado de Santa Ana Tlacotenco donde sus brigadas comunitarias junto con la Representación comunal del pueblo y algunos comuneros organizados han logrado frenar y revertir la tendencia a un mínimo con el apoyo directo de la PROFEPA, también es cierto que hay zonas del lado poniente del territorio donde la tala, el cambio de uso de suelo, el saqueo de tierra, piedra y la cacería furtiva están desbordados.

Por todo lo anterior, hoy están tomando cartas en el asunto de modo activo al crear un movimiento de comuneras y comuneros de conciencia autodenominado Tipilaltepemeh (hijos del pueblo). Ahora están más convencidos que sólo organizados van a poder salvaguardar este sagrado pedacito de Madre Naturaleza que aún queda al sur de la intoxicadísima y moribunda Ciudad de México.

¿Creer en partidos políticos, candidatos y funcionarios? Para nada. “Ellos sólo nos han enseñado a creen en nosotros mismos”.

Agrupación Tipilaltepemeh (hijos del pueblo) de Milpa Alta

Este material periodístico es de libre acceso y reproducción. No está financiado por Nestlé ni por Monsanto. Desinformémonos no depende de ellas ni de otras como ellas, pero si de ti. Apoya el periodismo independiente. Es tuyo.

Tags:
About Author: asbaeza