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Gloria Muñoz Ramírez

Hace un año, Jaime Montejo dejó las calles que recorrió durante casi 30 años apoyando a las trabajadoras sexuales. No las abandonó, de hecho estuvo ahí hasta casi su último suspiro. Dos meses tenía instalado el coronavirus en México y él fue uno de los primeros activistas a los que se llevó, no sin antes darle una probadita más de lo que padece el México profundo en esta crisis sanitaria: en más de siete hospitales lo rechazaron durante dos días por falta de cupo, en un momento en que se aseguraba que sobraban camas.

Con su muerte, las calles de la Ciudad de México, Tapachula o Guadalajara perdieron un guardián. Hace un año, junto con Elvira y Rosa Isela Madrid, cofundadoras de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez, no lo pensó dos veces para instalar comedores comunitarios para las trabajadoras sexuales; como lo hicieron en la década de los 90 con la distribución de condones ante el recién descubierto VIH sida y en 2009 con la alerta de la influenza. Nunca las abandonaron, siempre con una postura política y no como un acto caritativo.

Jaime era rudo en la calle. No podía ser de otra manera, pues se manejaba entre proxenetas; autoridades (que luego son lo mismo); gente del crimen organizado; mujeres con problemas de drogadicción; hombres o mafias que roban a los hijos de las trabajadoras, y médicos en hospitales que, como a él, les cerraban las puertas. Y qué decir de Elvira Madrid, su compañera de vida y de lucha, quien podía arrebatarle la pistola a un policía y encañonarlo para que soltara a su marido.

Todo lo que ha ganado la Brigada Callejera, como el reconocimiento de las trabajadoras como no asalariadas, ha sido a golpe de movilizaciones. Jaime, que no podía perderse una marcha, esta vez no recorrió el Centro Histórico el primero de mayo; sin duda se hubiera sentido orgulloso de ver a sus compañeras reclamar al Estado su muerte, pues la falta de un sistema de salud también es un crimen.

Hoy, las calles sin él no son mejores. Un año después de la pandemia y de su muerte, el número de trabajadoras sexuales se ha incrementado en 100 por ciento, mientras sus ingresos han bajado 90 por ciento. Por eso existe la Brigada Callejera.

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