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Tomado de jornada

Iván Restrepo

El nombre de Tedros Adhanom Ghebreyesus era desconocido por la inmensa mayoría de la población del planeta hasta que apareció el Covid-19. Elegido director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2017, es el primero originario de África en dirigirla. Al tomar posesión de su cargo fijó cinco prioridades a cumplir durante su mandato: la cobertura sanitaria universal; las emergencias sanitarias; la salud de la mujer, el niño y el adolescente; los efectos del cambio climático y ambiental en la salud, y la transformación de la OMS.

El doctor Tedros fue antes ministro de Relaciones Exteriores de Etiopía y mostró su capacidad de gestión al dirigir las negociaciones de la Agenda de Acción de Addis Abeba, en la que 193 países se comprometieron a aportar los recursos necesarios para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Una de las virtudes del director de la OMS es no ocultar lo que opina sobre los problemas en que su organización tiene injerencia, como la pandemia actual. Por eso es mal visto por quienes niegan la labor que realiza en las actuales circunstancias. Como el presidente Donald Trump, que acusó a dicho organismo de estar al servicio de China, ocultar la realidad y abusar de su país en cuanto a apoyos monetarios. Por eso lo retiró de la OMS.

Hace una semana, Tedros fue noticia importante para México al lanzar la voz de alarma por la rápida propagación del Covid-19 en nuestro país y exhortar a las autoridades a tomar la situación «muy en serio» ante el aumento de infectados y muertes. E insistió: «Queremos pedirle a México que se lo tome muy en serio». Ante esa alerta, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, aseguró que el «regaño» de la OMS a México no estuvo dirigido a su persona ni al presidente Andrés Manuel López Obrador, sino a toda la población del país; dijo no tener «nada que responderle» a Tedros y que las declaraciones de su colega fueron tomadas por varios medios de comunicación en sentido negativo respecto al gobierno. Pidió a la población evitar bodas y festejos navideños este diciembre pues, como lo pronosticó al inicio de la pandemia, se espera un «ligero» repunte en el número de casos.

También el dirigente de la OMS se refirió a Brasil en términos severos, pues el presidente Jair Bolsonaro niega la gravedad del virus y dice que no se vacunará contra él. Con 212 millones de habitantes, ese país es el segundo en fallecidos por la pandemia: más de 173 mil, sólo superado por Estados Unidos. El ultraderechista Bolsonaro es muy criticado por asegurar que el Covid-19 «trajo cierta histeria». Se opone a la restricción de las actividades económicas. Cuando en julio tuvo coronavirus reafirmó su fe en la hidroxicloroquina, igual que Trump, pero la eficacia de ese medicamento no está probada científicamente.

El «repunte» del Covid-19 ha sido grave en Europa y América por el pésimo manejo de la pandemia por parte de las autoridades. En eso nadie supera a Donald Trump. Y en mal ejemplo para los ciudadanos destacan el presidente López Obrador y numerosos funcionarios, legisladores y políticos mexicanos que aparecen en público sin cubrebocas ni guardando la sana distancia. El mandatario dijo en marzo que no había nada malo en abrazarse, pese a la recomendación de la OMS. Aseguró que la defensa contra el virus era la honestidad y dos estampas de santos a los que llamó sus «guardaespaldas».

Es cierto que el sistema de salud del país estaba en pésimas condiciones cuando llegó el Covid-19 y que es notable el esfuerzo de quienes integran el sector salud por atender a las víctimas. Pero durante meses se nos dijo que todo estaba bajo control. No es verdad si nos atenemos al número de fallecidos, infectados y hospitalizados: casi 110 mil muertos y pronto el número de infectados llegará 1.2 millones de personas. En la Ciudad de México y entidades vecinas los contagios aumentaron un tercio las últimas semanas, igual los ­hospitalizados.

Ahora López Obrador recomienda a la población no salir a la calle, hacer videollamadas en vez de visitar a familiares; nada de fiestas y dejar los regalos navideños para después. Mejor, dice: «Regala afecto, cariño, amor, no lo compres». Su mensaje cayó en el vacío: miles de personas abarrotan los centros y plazas comerciales de las ciudades ignorando las mínimas medidas de prevención, y sin estampitas milagrosas de santos. ¿Y las autoridades?

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