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Por Yudith Díaz Gazán

La Operación Peter Pan constituyó una acción de guerra psicológica al manipular a menores con intenciones políticas, como una prueba más en estos más de 50 años de agresiones de Estados Unidos contra Cuba.

Fue uno de los más tristes episodios en la historia de la emigración de la década de los 60, que ha tenido lugar en el hemisferio occidental, cuya estrategia mediática fue pensada por Washington para engañar a los cubanos.

Quienes concibieron el proyecto tuvieron en cuenta el clima de incertidumbre existente entre burgueses y pequeño burgueses de la Cuba de principios de Revolución.

Sus autores fueron el Gobierno Federal de Estados Unidos, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), elementos de la alta jerarquía de la iglesia católica de ese país y grupos contrarrevolucionarios.

El terrorismo mediático tiene entre sus antecedentes directos capítulos tan escandalosos como la siniestra Operación Peter Pan, un plan para que las familias enviaran a sus hijos al exterior porque supuestamente el gobierno les quitaría la patria potestad.

Entre 1960 y 1962, 14 mil niños cubanos fueron entregados por sus padres a organizaciones “caritativas” creadas al efecto, para ser trasladados a Estados Unidos, donde serían albergados por tiempo indeterminado en hogares de desconocidos y en orfelinatos.

Según ha declarado el sacerdote de la Diócesis de Miami, Bryan O. Walsh, ejecutor de la idea y vinculado a la Agencia Central de Inteligencia, todo comenzó cuando directivos cubanos de la Cámara de Comercio Americana de La Habana le comentaron su deseo de enviar a sus hijos a Norteamérica.

Todo partía del temor de que al estar involucrados en actividades subversivas, el gobierno cubano tomaría represalias contra ellos y como excusa, les retiraría la custodia paterna.

Al plan le siguió una campaña mediática a través de radio Swan y emisoras de Miami, que trataban el tema cuidadosamente, y el 26 de octubre informaron sobre una supuesta ley de la Patria Potestad, la cual se aplicaría a menores de meses hasta 18 años de edad.

De forma inmediata se adoptaron medidas con vistas a garantizar la partida hacia Miami de los infantes cuyos padres lo solicitaran mediante la concesión de visas Waiver.

Mediante ese sencillo procedimiento comenzaron a salir los primeros niños el 26 de diciembre en el vuelo 422 de la línea aérea Pan American.

Los 14 mil viajaron sin compañía y en su inmensa mayoría fueron recibidos por un comité de recepción que tenía la misión de ubicarlos.

Llegaron a parar en casas de adopción, orfelinatos e, incluso, establecimientos penitenciarios para delincuentes juveniles.

El método concebido pretendía que los niños se reunirían nuevamente con los padres una vez derrocada la Revolución, pero el 23 de octubre de 1962, al estallar la crisis de los cohetes, Washington suspendió los vuelos hacia Cuba y quedó en el limbo el anunciado reencuentro.

Muchos demoraron años en volver a ver a sus padres y, otros menos afortunados, no lo hicieron nunca.

Estos han narrado y plasmado en libros y filmes sus amargos recuerdos, la angustia y soledad vividas al verse colocados en el centro de un episodio fuera del alcance de su comprensión.

(Publicado en Prensa Latina)

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