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Desde sus orígenes, la contrarrevolución cubana ha sido una fuente inagotable de mercenarismo utilizada por sucesivas administraciones norteamericanas.  En la década de los años sesenta del siglo XX,  Estados Unidos utilizó a esos contrarrevolucionarios como fuerza invasora para agredir a su propia Patria.

En noviembre de 1960, durante los entrenamientos en Guatemala para la invasión que se gestaba, fueron utilizados como tropa  mercenaria para sofocar una rebelión de militares de ese país en Puerto Barrios.

Después al no saber qué hacer con ellos, tras la derrota de Playa Girón el 19 de abril de 1961, Estados Unidos los envió a miles de millas para que como “soldados de fortuna” reclutados y por encargo de la Agencia Central de Inteligencia, se unieran a los legionarios de varias nacionalidades en el Congo Belga y con estructuras aéreas, navales y de infantería, sembraran el terror entre la población civil, asolaran y saquearan cuanto a su paso encontraran estos modernos salteadores.

También los utilizó en las llamadas Unidades Cubanas del Ejército norteamericano, para enviarlos por voluntad propia a la guerra criminal de Estados Unidos en Vietnam, o seleccionó a los más dóciles entre los capaces para internarlos en Fort Benning, Georgia, de donde saldrían preparados en las técnicas más modernas de castigo, como piezas del grupo de contrainsurgencia, cuyos miembros serían destinados para asesorar y participar en la represión en  muchos países de América Latina.

Se colocaron al frente en las operaciones contra el destacamento guerrillero internacionalista dirigido por el comandante Ernesto Che Guevara en Bolivia; asesoraron a los terribles miembros de los Sinchis, de Perú, grupo represivo de particular ejecutoria cruel; también sirvieron en Ecuador, Brasil y Colombia.

En Venezuela organizaron la Dirección General de la Policía, DIGEPOL y después la tristemente célebre Dirección de  Servicios de Inteligencia y Prevención, DISIP, que secuestró, detuvo, torturó, asesinó y desapareció a miles de venezolanos en unos pocos años.

En la ruta del crimen se integraron con su experiencia represiva a las dictaduras militares de América Latina en los años setenta, siempre al servicio de la CIA. Asesoraron a la dictadura militar en Argentina en los primeros años de esa década, después se vincularon a las organizaciones de extrema derecha en ese país y Chile, a las organizaciones terroristas Patria y Libertad y a la tenebrosa Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). Cuando se institucionalizó la Operación Cóndor, en octubre de 1975, se alistaron en sus grupos de tareas, que realizaron crímenes terribles como los de Orlando Letelier del Solar en pleno centro de Washington, donde murió su secretaria Ronnie Moffit, una joven ciudadana norteamericana y su esposo recibió secuelas como consecuencia del atentado con explosivos, que virtualmente lo pulverizó.

Dejaron su estela de muerte en Nicaragua, cuando lucharon al lado de la dinástica dictadura de Anastasio Somoza, contra el Frente Sandinista de Liberación Nacional y después de derrocada, se sumaron a la guerra sucia de la Agencia contra la Revolución sandinista y los Movimientos de Liberación Nacional en Honduras, Guatemala y El Salvador.

No faltaron como protagónicos en el escándalo Irán Contras y sus variables relacionados con el tráfico de drogas, utilizando los mismos canales protegidos del abastecimiento de armas para introducir cocaína en mercados norteamericanos.

Estos mercenarios de origen cubano han tenido roles importantes en acontecimientos trascendentales en la historia norteamericana, como en el asesinato del presidente  John F. Kennedy y el Escándalo Watergate.

Han realizado operaciones especiales en muchos países como en el  Líbano, o se han conjurado para asesinar líderes políticos, sacerdotes, presidentes, dirigentes sindicales, militares y aceptados cuanta misión les fue asignada por sus empleadores.

Los terroristas anticubanos han sido carne de cañón mercenaria por más de medio siglo y han operado en decenas de países, ahí están los ejemplos y solo se mencionan los casos más notorios de mercenarismo.

En el deshonroso sitial de estos criminales se destacan: Luis Posada Carriles, Orlando Bosch Ávila, Félix Rodríguez Mendigutía, Rolando Otero Hernández, Guillermo Novo Sampol, José Dionisio Suárez Esquivel, Virgilio Paz Romero, Gaspar Jiménez Escobedo, Armando López Estrada, René Corvo Lorenzo, Gustavo Villoldo Sampera y otros cuya relación sería interminable, ninguno de ellos aparecen en las listas, ni certificaciones norteamericanas sobre terrorismo.

A esta larga historia de entrega al servicio del Imperio, se suma la variedad de mercenarismo que integran aquellos en Cuba, que desde hace años y de moda ahora se autotitulan de “disidentes” y en minúsculos grupos reciben paga por alterar el orden en calles, asisten a las tertulias convocadas por diplomáticos norteamericanos  para disputarse canapés, bebidas y como bufones tratan de hacer reír a sus empleadores para acumular méritos, que puedan ser trocados por favores o se dejan morir en estériles huelgas de hambre.  Incitados por los titiriteros de Miami, que a sabiendas de que nunca lograrán sus objetivos, ni mucho menos  por medio de la presión y el chantaje a la Revolución, los exaltan al límite para supuestamente alcanzar promesas.

Desde los tiempos del fullero Ricardo Boffil Pagés, el falso paralítico y escritor Armando Valladares Pérez, vencido por una cucaracha que lo descubrió o el contrarrevolucionario Pedro Luis Boitel, quien después de su muerte inspiró al delincuente Orlando Bosch Ávila para crear los peligrosos “Comandos terroristas Pedro Luis Boitel”, que ejecutaron decenas de actos de terror, en los finales de la década de los setenta, causando muertes, heridos, daños y el pavor entre la población de muchos países de América Latina.

Los anexionistas Lincoln y Mario Díaz Balart, quienes ahora incitan con llamadas telefónicas a sus mercenarios asalariados en Cuba al suicidio por medio de estériles huelgas de hambre. Estos y otros han recibido la llamada del dinero de sus amos en Estados Unidos.

La historia del mercenarismo dentro de la contrarrevolución cubana, tiene todavía páginas inéditas por revelar.

* Es Profesor e Investigador Universitario.

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