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Tomado de rebelion

ICH/CN

 

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

 

El secretario de Estado Kerry llega a decir cualquier verdad a medias o ficción que se le ocurre sobre Siria, Rusia u otros “malos de turno”, pero cuando cita la inconveniente verdad del “apartheid” israelí, tiene que apurarse lo más posible para retractarse y pedir perdón.

Es una señal de lo bocabajo que se coloca el Washington Oficial cuando se trata de hechos y evidencia el que el secretario de Estado John Kerry, quien ha desarrollado una reputación por hacer declaraciones falsas y engañosas sobre Siria y Rusia, se apresure a disculparse cuando dice la verdad sobre el peligro del “apartheid” israelí.

Después de la revelación pública de que había dicho la semana pasada en una reunión a puertas cerradas de la Comisión Trilateral que Israel arriesga convertirse en un “Estado de apartheid”, Kerry pidió disculpas apresuradamente por su trasgresión, expresando su eterno apoyo a Israel y practicando autoflagelación por su selección de palabras.

“Durante más de 30 años en el Senado de EE.UU., no solo pronuncié palabras en apoyo a Israel”, dijo el señor Kerry en su declaración. “Practiqué con el ejemplo cuando llegó la hora de votar o de luchar”.

Luego trató de aclarar su posición sobre la palabra que comienza con A: “Primero, Israel es una vibrante democracia y no creo, ni he declarado jamás, en público o privado, que Israel sea un Estado de apartheid o que se proponga convertirse en uno. Cualquiera que me conozca sabe eso sin la menor duda.”

Kerry agregó: “Si pudiera rebobinar la cinta, habría elegido una palabra diferente para describir mi firme convicción de que la única manera a largo plazo de tener un Estado y dos naciones y dos pueblos viviendo lado a lado en paz y seguridad es mediante una solución de dos Estados”.

Kerry se apresuró a pedir disculpas después que su observación fue reproducida por The Daily Beast y condenada por el Comité de Asuntos Públicos EE.UU.-Israel (AIPAC), que dijo: “Cualquier sugerencia de que Israel sea, o corra riesgo de convertirse en un Estado de apartheid es ofensiva e inadecuada”.

El único problema con el resentimiento de AIPAC –y con la humillación de Kerry– es que Israel se ha orientado decididamente en la dirección de convertirse en un Estado de apartheid en el cual los palestinos están aislados en áreas circunscritas, a menudo detrás de muros, y están estrictamente restringidos en sus movimientos, mientras Israel sigue expandiendo colonias en territorios palestinos.

Miembros clave del gobierno del Likud del primer ministro Benjamin Netanyahu incluso han propugnado la anexión de Cisjordania y el confinamiento allí de los palestinos a pequeñas enclaves, similar a lo que ya se ha hecho con los 1,6 millones de palestinos en la Franja de Gaza, donde Israel controla estrictamente el ingreso de personas y el acceso a mercancías, incluyendo materiales de construcción.

En mayo de 2011, el vicepresidente del Likud, Danny Danon, describió el plan de anexión en un artículo de opinión del New York Times. Advirtió que si los palestinos buscaban el reconocimiento de las Naciones Unidas para su propio Estado en Cisjordania, Israel anexaría el territorio. “Entonces podríamos extender la plena jurisdicción israelí a las comunidades judías [es decir las colonias] y a las tierras inhabitadas de Cisjordania”, escribió Danon.

En cuanto a las ciudades palestinas, se convertirían en mini-Gazas, separadas del mundo y aisladas como enclaves sin estatus legal. “Además, estaríamos plenamente en nuestro derecho al afirmar, como lo hicimos en Gaza después de nuestra desconexión en 2005, que ya no somos responsables por los residentes palestinos de Cisjordania, que seguirían viviendo en sus propias ciudades – no anexadas”, escribió Danon.

Al excluir esos guetos palestinos, los judíos mantendrían una mayoría en ese Gran Israel. “Esos palestinos no tendrían la opción de llegar a ser ciudadanos israelíes, por lo tanto se evitaría la amenaza al estatus judío y democrático de Israel por parte de una creciente población palestina”, escribió Danon.

En otras palabras, la derecha israelí parece orientarse hacia un apartheid total, si no a una forma de limpieza étnica haciendo intencionalmente que la vida para los palestinos sea tan aplastante que no les quedaría otra alternativa que partir.

Solo días después del artículo de opinión de Danon, Netanyahu demostró su propia dominación política sobre el Congreso de EE.UU. al dirigirse a una sesión conjunta en la cual demócratas y republicanos compitieron para ver quién se levantaría de un salto y aplaudiría más fuerte ante todo lo que salía de la boca del primer ministro israelí.

Netanyahu fue vitoreado cuando aludió al nacionalismo religioso que cita autoridad bíblica para el derecho de Israel a poseer Cisjordania donde viven actualmente millones de palestinos. Llamando al área por sus nombres bíblicos, Netanyahu declaró: “En Judea y Samaria, el pueblo judío no es un ocupante extranjero”.

Aunque Netanyahu insistió en que estaba dispuesto a hacer dolorosas concesiones por la paz, incluyendo la entrega de parte de esa “ancestral patria judía”, su tono beligerante sugirió que se movía más por la ruta de anexión descrita por Danon. Ahora, con el predecible colapso de las negociaciones de paz de Kerry, ese camino hacia un sistema expandido de apartheid parece aún más probable.

Pero el apartheid ya es una característica de la sociedad israelí. Como escribió el ex analista de la CIA Paul R. Pillar en 2012, “la versión israelí del apartheid es muy similar en importantes aspectos a la versión sudafricana, y esa equivalencia debiera resultar de una equivalencia empírica. Ambas versiones han incluido un gran apartheid, queriendo decir la negación de derechos políticos básicos, y un pequeño apartheid, que es la mantención de instalaciones y oportunidades separadas y muy desiguales en innumerables aspectos de la vida diaria.

“Algunos aspectos en los cuales los israelíes pueden aseverar que su situación es diferente, como ser que enfrentan una amenaza terrorista, no involucran realmente una diferencia. El Congreso Nacional Africano, que ha sido el partido gobernante en Sudáfrica desde el fin del apartheid en ese país, tuvo una participación significativa en el terrorismo cuando estaba enfrentando al gobierno del Partido Nacional blanco. Ese gobierno también consideraba que el ANC planteaba una amenaza comunista.

“Un acompañamiento adecuado a las similitudes entre los dos sistemas de apartheid es el hecho histórico de que cuando el sistema sudafricano todavía existía, Israel era uno de los pocos amigos o socios internacionales de Sudáfrica. Israel fue el único Estado aparte de la propia Sudáfrica que trató a los bantustanes sudafricanos como entidades aceptadas. Israel cooperó con Sudáfrica en asuntos militares, posiblemente incluso hasta llegar a realizar conjuntamente un ensayo secreto de un arma nuclear en una parte remota del Océano Índico en 1979.”

Sin embargo, Washington Oficial no puede aceptar esta verdad, ya que la capital de la principal superpotencia del mundo se ha convertido en una sombría versión de Alicia en el País de las Maravillas en el cual decir la verdad sobre los que tienen buenas conexiones requiere disculpas inmediatas, mientras que decir verdades a medias y mentiras contra “malos de turno” convierte en miembros altaneros del club de los elegidos.

Cuando Kerry hace afirmaciones beligerantes sobre Siria y Rusia –incluso cuando posteriormente se demuestra que sus declaraciones carecen de base o son falsas– no hay ni un poco de presión para que emita una corrección o pida disculpas. Sin embargo, cuando dice algo que es palpablemente verdadero sobre Israel –por cierto una pálida versión de la horripilante verdad– no puede correr bastante rápido para emitir una aclaración y pedir perdón.

Mientras Kerry y otros antiguos habitantes de Washington Oficial se han acostumbrado a esta locura –ese desdeño politizado por la realidad– su país de fantasía demasiado militarizado se ha convertido en una pesadilla para el resto del planeta.

El periodista de investigación Robert Parry reveló muchas de las historias de Irán-Contra para The Associated Press y Newsweek en los años ochenta. Su nuevo libro es: America’s Stolen Narrative.

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article38364.htm  

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