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Por Rodolfo Olivera

Hay maneras y maneras de hacer la guerra. Detestable como es, puede tener un costado caballeresco, poniendo en el frente a los líderes para que sean ejemplo de heroicidad y hasta convicción por la causa. Se puede “preservar” en el fondo, disimulando cierta cobardía en la necesidad de conservar el mando. O directamente mandar al frente a los que más fáciles son de manejar, manipulando la información y despreciando sus vidas.

Esta “carne de cañón”, en la jerga habitual, fue utilizada repetidamente en la historia pasada y reciente. La Liga del Norte afgana fue un ejemplo frente al talibán, que a su vez había sido carne de cañón contra los soviéticos, y así repetidamente. Ahora, saliendo del marco de la guerra abierta, hay enfrentamientos ideológicos que no pasan por las armas, aunque pueden dejar secuelas de heridos y muertos; y en los que también se “manda al frente” a quienes han sido manipulados con información cambiada o con prebendas prometidas. Los hay que utilizaron masas empobrecidas como fuerzas de choque (aunque poco les importara resolverles el problema) o a gremios enardecidos para objetivos no-sindicales. O lo peor, el eje de esta nota, a los jóvenes y en especial adolescentes aprovechando su natural rebeldía y adrenalina a disposición.

Que en la juventud está el porvenir de toda nación, es una verdad tan repetida y absoluta que ni cabe agregar más. Pero que esa potencia, para ponerse en acto, debe conocer y formarse con seriedad y criterio, también. Porque sin esa base, sin aproximación a la verdad, si se le tergiversa o se le esconde información, terminan siendo usados como mascarón de proa que pueden terminar instalando un poder o un proceso casi inverso al que dicen defender. No les pasa a todos, obviamente, pero sí a muchos. Tampoco se está planteando una ficción, sobran los ejemplos antes, hoy y seguramente mañana.  Es más, repitiendo la metodología, el discurso y los símbolos. Ejemplificar ayuda.

Ayer no más

“Otpor” fue un movimiento juvenil de derecha en Serbia, movilizado activamente por intereses occidentales para derrocar al entonces presidente Milosevic (por el que no tengo, aclaro, ni la menor simpatía). Originalmente nació en la Universidad de Belgrado, pero tuvo “centros de adiestramiento” en la Europa “democrática” donde se les enseñaron códigos, métodos y hasta símbolos que sirvieran a la causa.

Eran jóvenes indecisos, desilusionados, con pocas esperanzas, sobre los que se machacó con los textos de Gene Sharp sobre las “campañas no violentas” (que sí lo eran); de la mano de Daniel Serwer, director del Programa para los Balcanes del Instituto para la Paz de los EEUU, bajo la dirección del Coronel de la Armada norteamericana Robert Helvey. Sus líderes fueron financiados y adoctrinados en Hungría. El mismísimo New York Times publicó que Otpor recibió millones de dólares, camisetas con logo, panfletos y carteles enviados a través de la CIA, según declaraciones de Donald Pressley, administrador asistente de USAID (Agencia de los EEUU para el Desarrollo). Por supuesto, el discurso siempre fue que Otpor era un “movimiento cívico espontáneo”.

Por supuesto, operaron en zonas independentistas, las más proclives a cortar con el centralismo de Belgrado (Kosovo, Vojvodina). Se declararon “pacifistas”, pero alentaron niveles de conflicto en el ámbito universitario, lo que implicó sabotaje y enfrentamiento con la policía. Su popularidad se vio aumentada por el grosero nivel de represión gubernamental. No pudieron, tras la caída de Milosevic, conformar una alternativa política; de hecho, no la tenían. Fueron carne de cañón de otros, y el régimen instalado a posteriori fue tan malo (aunque de signo contrario) al que ayudaron a derrocar. Un dato: en el proceso de la ex Yugoslavia fueron activos partícipes Richard Holbrook y Joseph Biden, hoy asesor y vicepresidente de EEUU.

El proceso fue copiado casi íntegramente para ser aplicado al “Kmara”, grupo juvenil de Georgia, fuerza de choque del golpe aplicado al presidente Shevarnadze que instaló en el poder a un partidario declarado de los EEUU. Este movimiento supuestamente pacifista y espontáneo, financiado por George Soros e inspirado en Otpor, se encargó de instalar en el poder a Mikhail Sakhashvili, graduado en la Universidad de Columbia (New York), absolutamente ligado a los intereses de los EEUU y que hoy es ampliamente cuestionado en su propio país… por los mismos jóvenes (hoy ya no tanto) que lo entronizaron. Aquella “Revolución de los claveles” paga hoy su inexperiencia.

Podríamos seguir con el grupo Zubr (en Bielorrusia), el Keikel (en Kirguistán), el Gong (en Croacia) o el Volga (en Uzbekistán), todos inspirados y financiados por el establishment. Pero acerquémonos en el mapa

Hoy, más cerca

Pasó en Bolivia, cuando la Juventud Cruceña se dedicó a desestabilizar al gobierno “indio” por ser tal, con apoyo empresarial, diplomático y económico de multinacionales (petroleras) y de la propia Casa Blanca. Su perfil xenófobo, decididamente racista, quedó evidenciado de mil maneras. Esos chicos, adolescentes muchos, fueron expuestos como “avanzada de la democracia”. Pero cuando se fue a las urnas, perdieron estrepitosamente.

Hoy vemos algo parecido en Venezuela. Pero los movimientos estudiantiles son tan “espontáneos” y tan “pacifistas” como el Otpor serbio. De hecho, hasta le copian las consignas y el símbolo de la mano en las camisetas y pancartas. Acicateados por los políticos tradicionales, por medios de comunicación golpistas (está probada su participación en abril de 2002) y por intereses foráneos, imposibilitados hasta ahora de derrotar a Chávez en las urnas (ganó 13 de las últimas 14 compulsas electorales), están utilizando la misma lógica que en la ex Yugoslavia, en Georgia y todo el resto. Apena ver menores de edad tan “entusiasmados” en dar una batalla que no entienden (a veces sin conocer la propia historia venezolana o el pedigree de la oposición).

(Fragmentos. Publicado en Radio Mar del Plata)

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