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Una mujer está sentada sobre escombros de su asilo de ancianos, dañado por el terremoto del jueves, en Puerto Príncipe, domingo 17 de enero de 2010. Más de 100 ancianos están viviendo frente los vestigios de un asilo sin comida ni cuidados distintos a un eventual baño que dos enfermeros que quedaron para ayudarlos les dan. (AP Foto/Julie Jacobson)

Una mujer está sentada sobre escombros de su asilo de ancianos, dañado por el terremoto del jueves, en Puerto Príncipe, domingo 17 de enero de 2010. Más de 100 ancianos están viviendo frente los vestigios de un asilo sin comida ni cuidados distintos a un eventual baño que dos enfermeros que quedaron para ayudarlos les dan. (AP Foto/Julie Jacobson)

Una anciana se arrastra por la tierra y llora porque quiere sus medicamentos. Un hombre viejo yace inmóvil mientras las ratas hurgan en su pañal, que se desborda.

No hay agua, comida ni remedios para los 85 ancianos que vivían en la dañada Residencia de Ancianos Municipal de Puerto Príncipe, apenas a un kilómetro y medio (una milla) del aeropuerto donde un enorme operativo de asistencia internacional se está organizando.

“Ayúdennos, ayúdennos”, rogaba el domingo Mari-Ange Levee, de 69 años, tirada en el suelo con costillas y una pierna fracturadas. Un enjambre de moscas zumbaba sobre otra fractura, abierta, en su cabeza.

Un hombre ya murió tras sobrevivir al sismo y el administrador Jean Emmanuel dice que si la ayuda no llega de inmediato otros también fallecerán.

“Le pido a quien sea que nos traiga lo que sea o si no otros no vivirán hasta esta noche”, dijo y señaló a cinco hombres y mujeres que respiraban con dificultad, una señal de que estaban agonizando.

El fallecido era Joseph Julien, un enfermo de diabetes que tenía 70 años, a quien sacaron del asilo parcialmente colapsado pero murió de hambre el jueves.

Su cuerpo se descompone sobre un colchón, pero casi no se lo distingue de los que yacen a su alrededor, vivos.

Un anciano come nueces que le da su sobrino mientras permanece en un campamento improvisado afuera de su asilo dañado por el terremoto del martes en Puerto Príncipe, el domingo 17 de enero de 2010. Más de 100 ancianos viven allí sin comida ni más cuidados que un ocasional baño provisto por los dos empleados que se quedaron a ayudarlos. (Foto AP/Julie Jacobson)

Un anciano come nueces que le da su sobrino mientras permanece en un campamento improvisado afuera de su asilo dañado por el terremoto del martes en Puerto Príncipe, el domingo 17 de enero de 2010. Más de 100 ancianos viven allí sin comida ni más cuidados que un ocasional baño provisto por los dos empleados que se quedaron a ayudarlos. (Foto AP/Julie Jacobson)

Seis residentes murieron en el sismo y ahora quedan 25 hombres y 60 mujeres, acampados afuera de su antiguo hogar. Algunos yacen sobre un colchón. Otros no tienen dónde.

Madeleine Dautriche, de 75 años, dijo que algunos de los ancianos habían juntado dinero para comprar tres paquetes de fideos, que compartieron entre todos el jueves, la última vez que comieron. Como no había agua potable, algunos prefirieron no alimentarse porque la comida se cocinó con agua de la alcantarilla.

Dautriche indicó que muchos ancianos llevaban pañales que no habían sido cambiados desde el día del sismo.

“El problema”, dijo, “es que las ratas se les están viniendo”.

Ancianos de ambos sexos permanecen en un campamento improvisado afuera de su asilo dañado por el terremoto del martes en Puerto Príncipe, el domingo 17 de enero de 2010. Más de 100 ancianos viven allí sin comida ni más cuidados que un ocasional baño provisto por los dos empleados que se quedaron a ayudarlos. (Foto AP/Julie Jacobson)

Ancianos de ambos sexos permanecen en un campamento improvisado afuera de su asilo dañado por el terremoto del martes en Puerto Príncipe, el domingo 17 de enero de 2010. Más de 100 ancianos viven allí sin comida ni más cuidados que un ocasional baño provisto por los dos empleados que se quedaron a ayudarlos. (Foto AP/Julie Jacobson)

(Con información de AP)

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