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De www.elperiodista.com.mx, por Mouris Salloum George

“Un político puede engañar a unos todo el tiempo,
y puede  engañar a todos por algún tiempo.
Pero lo que no podrá lograr es
engañar a todos todo el tiempo”.
Abraham Lincoln

voces1Para 1982, cuando Miguel de la Madrid asumió la presidencia de México, parecía ostensible que, desde que aquél era secretario de Programación y Presupuesto (SPP), el verdadero mandarín del neoliberalismo era Carlos Salinas de Gortari, quien con el nuevo mandatario tuvo a su cargo la misma SPP. Ya con el propio Salinas de Gortari en el poder usurpado, uno de los gurús de los tecnoburócratas fue Francis Fukuyama, autor de un  artículo: El fin  de la historia (1989), que al tiempo convirtió en libro con un título ampliado “… y el último hombre”. Fusilándose la idea central de un debate intelectual de cuatro décadas antes,  Fukuyama postulaba: “No más batallas ideológicas”. En México se inauguraba la pretensión de implantar el pensamiento único.

¿Cómo implantar el pensamiento único? Contratando intelectuales orgánicos que -a pedido expreso del gobierno- pudieran y quisieran escribir desde un artículo periodístico hasta un libro. La lista de los publicistas engrasados en ese periodo ya son del dominio público, con pruebas debidamente documentadas. La otra forma de consumar ese objetivo fue y es eliminar a los líderes de opinión incómodos, desde los más célebres, como Manuel Buendía Tellezgirón, hasta el más modesto oficiante del periodismo en algún remoto lugar de la República.

Para decirlo pronto, en 26 años de neoliberalismo, de 1983 a 2000, tiempos de poder presidencial del PRI, fueron asesinados 34 comunicadores. De 2000 a 2009, tiempos de presidencias del PAN, el número de colegas asesinados ha sido de más de 60. Habría que añadir al menos a una decena de desaparecidos. Y las publicaciones impresas o noticiarios electrónicos que han  sido eliminados El poder totalitario no sabe de signos, siglas o de colores partidistas, si de suprimir expresiones disonantes se trata.

En repetidas ocasiones, la fundación británica Article 19 ha denunciado que quienes ejercen el periodismo en México se encuentran bajo amenaza no sólo de los grupos del crimen organizado, sino por la impunidad, las agresiones activas de representantes del Estado y por la creciente estigmatización que ha empezado a manifestar el gobierno hacia la prensa.

Recientemente, ante la incontenible racha de crímenes contra periodistas, el representante en México de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Alberto Brunori, conminó las autoridades a asumir la responsabilidad de esclarecer los ataques denunciados, investigar y castigar a los responsables de esos delitos. También, en su reciente asamblea realizada en Buenos Aires, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en la voz del director del Comité de Libertad de Prensa, Robert Rivard, expresó su preocupación porque el gobierno de Calderón no tiene la fuerza o la voluntad de investigar los casos y entregar a los responsables a la justicia.

Estamos, pues, frente a un caso típico de prepotencia fascista, que no atiende a un imperativo fundamental de toda democracia: El de la libre circulación de las ideas. Hemos retomado sólo tres testimonios de organismos internacionales que no son beligerantes en las relaciones internas de poder en nuestro país. Lo subrayamos porque, por ejemplo, para efectos de atraer inversiones hacia México, el gobierno se doblega dócilmente a los dictados del exterior, invariablemente enfocados al respeto a la libertad de empresa, que equivale a decir Estado como guardián de los negocios privados.

voces_2Frente a esa palpable e hiriente realidad, resulta irritante, para decirlo suavemente, que el responsable de la política interior, el secretario Fernando Gómez Mont, hable de las circunstancias de hace un siglo y diga que entonces no había espacio de participación desde la disidencia, ni se defendían las libertades fundamentales, entre ellas las de conciencia. Ahora, apunta paladinamente, “podemos plantear caminos para acercarnos a los anhelos sociales a partir del debate comprometido, no mediante la imposición arbitraria”. Debate significa -en la lucha de los contrarios- discutir, controvertir sobre o por una causa; hacerlo, además, en foro democrático, civilizatorio ¿Cuál es el espacio propuesto por el gobierno de Calderón para aproximarnos, siquiera, a esa posibilidad demandada por la oposición? ¿El domesticado Poder Legislativo? ¿Los medios sovietizados, cuyos tiempos son monopolizados por el Poder Ejecutivo? Son cuestiones que, al cumplirse tres años del actual gobierno, no tienen respuesta satisfactoria. Mientras tanto, los periodistas siguen siendo abatidos impunemente. Ilusos aquellos que, en tiempos no lejanos, se gratificaban hablando de cuarto poder.

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