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La situación actual de la hermana república hondureña dista mucho de ser la de una nación democrática. Esa nación vive bajo una dictadura militar apoyada por el clero y la oligarquía de ese país y por el gobierno norteamericano. El desenlace del golpe fue muy distinto al que planearon originalmente el Pentágono y sus títeres en Honduras, por lo que no tuvieron más remedio que «condenar» el golpe, aunque fuera con gran tibieza, los gobiernos sometidos a la voluntad imperial, en particular, los presidentes de Colombia, Perú y Panamá.

Ahora se aproximan las elecciones que originalmente servirían para sustituir al legítimo y único presidente de Honduras, Manuel Zelaya, y que sirvió como pretexto para realizar el golpe en su contra, arguyendo supuestas violaciones a la constitución, por el terrible delito de incluir una cuarta urna, en la cual solamente se preguntaría si se estaría de acuerdo en convocar a una consulta no vinculante. Este proceso electoral dista mucho de ser democrático. Los golpistas hondureños emprenden una feroz represión contra el pueblo que exige el retorno a la normalidad verdaderamente democrática y la restitución de su presidente. En tales condiciones, cada día son más los candidatos a diferentes puestos de elección que, en un acto de dignidad, renuncian al proceso por reconocer su naturaleza anti democrática y que solo tiene la intención de legalizar lo que de origen es ilegal: el régimen dictatorial.

Ante este escenario, los gobiernos cómplices de los golpistas, EEUU, Colombia, Panamá y Perú, han anunciado su reconocimiento al proceso electoral a celebrarse en Honduras. Sostienen que en otros casos, las elecciones democráticas han sido la salida para los regímenes dictatoriales. !Qué desfachatez! Ese tipo de argumentación solo pretende ocultar su participación en el proceso golpista y su adhesión a la política militarista del premio nobel de la paz. En todos los casos, se trata de gobiernos con presidentes corruptos, represores y alineados descaradamente a su amo del norte.

Preocupa la tibieza y falta de claridad en la postura del gobierno mexicano ante esta situación y, si bien conocemos la deuda que tiene con el grupo detrás de este teatro, en virtud de la campaña que los llevó al poder en el proceso electoral mexicano, totalmente viciado, exigimos asumir una postura digna y rechazar las elecciones hondureñas, desconocer al gobierno espurio que pudiera resultar de ellas y requerir la restitución del presidente Zelaya, para entonces, solo entonces, poder convocar a un proceso electoral justo y equitativo. Más allá de esto, el pueblo de México se suma al rechazo de ese proceso viciado y exige la restitución de Mel Zelaya al gobierno de Honduras y la convocatoria a un nuevo Congreso Constituyente.

Armando Soto

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