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Expropiado de piedepagina

El Río Yaqui es el elemento articulador de las resistencias de la nación Yaqui, así como lo es de los ocho pueblos, de su organización político religiosa, su cultura, rituales, alimentación y todo esto está en riesgo desde que secaron el río

Twitter: @Dal_air

Se necesita que Uds. respeten los derechos que a esta tribu le pertenecen,

es decir que no hagan daño a los yaquis entonces

los yaquis no harán daño a nadie y así reinará la paz y la tranquilidad eterna…

Carta de los Generales Julian Cosari, Manuel Periat,

el Capitan 1ro. Victoriano Azul, Capitan 2do. Ipachola

a los pueblos de Río Chico y Movas.

Por Daliri Oropeza

Vi el río Yaqui con agua. Fui afortunada. Apenas estaba en construcción el Acueducto Independencia. La resistencia de la nación Yaqui contra este megaproyecto ya tenía sus dos primeros presos políticos: Mario Luna y Fernando Jiménez. Recuerdo su belleza y en ese momento jamás me imaginé que dejaría de tener agua.

La activación del acueducto que lleva el agua del río a Hermosillo es lo que terminó por secarlo. Ahora solo se ven sus huellas húmedas con un camino de árboles que bordean paredes de lo que parecen venas, que depende la temporada de lluvias si se alcanzan a ver riachuelos o no.

Quién lo diría. Los problemas de la nación yaqui en el siglo XVIII, cuando se juntaron las aguas de los ríos yaqui y mayo, fueron las inundaciones; en el XIX, fueron los constantes desbordamientos del río. Ahora en el XXI es la total escasez.

Que los gobiernos, empresas, productores del Valle del Yaqui secaran el río puso en riesgo todo lo que está conectado con la cosmoexistencia yaqui. Su cultura, su nombre, su lengua, su mitología, sus rituales, su modo de subsistencia, agricultura, ganadería, su religión, su forma de gobernarse, sus montes sagrados, sus mitos fundacionales, su alimentación.

Por eso, ahora el tema que provoca controversia es el del agua respecto al decreto presidencial y la creación del Distrito de Riego 018 dentro del Plan de Justicia para los Yaquis. Autoridades yaquis de varias iglesias y guardias tradicionales se interpusieron un amparo de revisión y un juez suspendió el decreto. Argumentan fallas técnicas y jurídicas y la falta de una consulta indígena donde participaran todos los habitantes. Aseguran que están de acuerdo con el plan y en hacer justicia, pero no con el contenido del decreto, donde les asignan agua de otra presa y obligan a hacer un organismo concesionario del agua. Tampoco están de acuerdo con el modo en el que el INPI entró a los pueblos.

La presa de La Angostura está en la parte alta del río Yaqui, a 25 kilómetros del municipio de Nacozari. Esta es la presa que por decreto de Lázaro Cárdenas les corresponde el 50% del agua. Río abajo se encuentran la presa El Novillo, con menos agua, en el municipio de San Pedro de la Cueva y más abajo la presa El Oviáchic, que irriga la zona de regadíos intensivos de Ciudad Obregón y es de donde les quieren dotar de agua con la creación del Distrito 018:

“El Distrito de Riego que se establece por el presente Decreto, cuya principal fuente de abastecimiento de agua es el caudal del Río Yaqui, se dotará de la presa Álvaro Obregón (Oviachic) y contará con un volumen anual para fines de riego del orden de 673 Mm3, esto en función de la disponibilidad hídrica en la cuenca”.

Pero el río nació de la escasez de acuerdo con su mitología, y de un sapo.

Y ahora con la escasez lo que exigen es, primero, detener y cancelar el acueducto independencia y la restitución del río Yaqui, que se respete lo asignado por Lázaro Cárdenas por lo menos, aunque nunca se ha llevado a cabo, pero no están de acuerdo con lo que dicta el nuevo decreto.
Las venas del río, la vida de los pueblos

El Río Yaqui nace en la sierra Madre Occidental y corre de sureste a noroeste, inicia en Chihuahua donde se le conoce como río Papigochi, baja a la parte de la sierra de Sonora y en adelante corre 410 kilómetros hasta desembocar en el golfo de California, cerca del puerto de Guaymas.

A los márgenes del Río están asentados los pueblos fundacionales de la nación Yaqui. El río teje a los ocho pueblos, los cuales se conciben como unidad gracias a la unión del río. El cuerpo de agua es el elemento geográfico articulador de la etnia, de sus ranchos, rancherías, caseríos o sembradíos que se asentaron como constelación en sus riachuelos, las iglesias que fundaron en su longitud y es el elemento articulador de las resistencias a su vez.

“Podemos considerar al río Yaqui como un personaje e incluso un actor histórico, en tanto su importancia y significado está dado por los seres humanos que lo observan, lo adoptan o lo aprovechan”, describe Raquel Padilla en el ensayo El río Yaqui como elemento aglutinador y articulador de una cultura.

Todo esto lo puedo escribir gracias a la publicación de ocho ensayos inéditos de la etnohistoriadora Raquel Padilla Ramos en la revista Noroeste de México, que fueron impresos después de su asesinato, en el año 2020.

Desde que realizó el histórico “Peritaje antropológico respecto del impacto social y cultural por la operación del acueducto Independencia”, Raquel Padilla junto con el investigador José Luis Moctezuma Zamarrón describieron:

“Consideramos que cualquier medida de mitigación de los impactos negativos del proyecto en cuestión sobre la cultura, la sociedad, la religiosidad y la vida cotidiana de la Tribu Yaqui, debe partir de garantizar el ‘gasto mínimo ecológico’, que permita la restitución del río Yaqui en toda su extensión; la recuperación de la flora y la fauna propias del área próxima al caudal; la realización de los rituales tradicionales asociados con el río y con sus aguas; la explotación de las especies útiles para la construcción, la medicina tradicional y las actividades recolectoras de la yoemia; y la recuperación de los geosímbolos y las marcas territoriales asociados con el río como elemento central del territorio y la cosmovisión yoeme”.

En el peritaje describen puntos fundamentales para entender por qué las personas yaquis están íntimamente ligadas con su río:

“El río Yaqui representa mucho más que un elemento puramente económico; no se trata sólo de un recurso, puesto que involucra y moviliza componentes simbólicos y afectivos que tienen que ver con su cosmovisión, su ritualidad y su vida cotidiana”.
El río en la cosmoxistencia yoeme

El término Yaqui (hiaki o hiaqui) viene del nombre del río. Aunque las personas yaquis se autodefinen como yoeme, es con la llegada española que les refieren como “Habitantes del río Yaqui”.

El patrón de asentamiento fragmentario y descentrado es acorde con la forma del río, por lo cual conforman una organización sociopolítica descentralizada y descentrada, como forma de administración equivalente del poder y los bienes con los que se consigue el sustento, permanencia y reproducción del grupo. Las personas yaquis se apoyan del conocimiento de los ciclos climáticos y dan gran importancia al manejo del agua.

El consejo ancestral que reciben los gobernadores recién consagrados sobre su cargo por parte del maestro litúrgico de la iglesia es su deber al gobernar en conjunto con la tropa, es defender al que no puede defenderse, como la tierra, el agua y la naturaleza.

Para la vida de las personas yaquis ha sido una constante el uso de un modelo de producción para el autoconsumo, con respeto a su río y un trato sostenible con el medio ambiente, tal como describe Raquel Padilla, el sistema de creencias deposita los principales hitos territoriales y símbolos identitarios en elementos de la naturaleza.

“La relación con este tipo de seres no humanos se entabla, según su cosmovisión, desde distintas dimensiones: el juya ania o mundo del monte, el batwe ania o mundo del agua, el sewa ania o mundo flor, y chokim ania o mundo de las estrellas (el firmamento)”, describen las investigadoras.

Y continúan:

“En el primero, los saberes estratégicos para la guerra y la persistencia se conjugan con la historia de persecución y muerte que los ha marcado profundamente, pero también remite al origen de la Tribu como tal, por el hecho de que en su territorio el cerro denominado Omteme (el que está enojado) es quien al levantarse sobre la planicie estableció la división entre el agua del río y el agua del mar”.

“El batwe ania representa el principio y fin, origen y destino. Es principio porque nació de la nada con la ayuda del bobok (el sapo), derivado de las negociaciones que entabló éste con “el que ordena la lluvia” e hizo enfurecer al Omteme, y es final porque con el cruce del río se escenifica el paso de una vida (la pagana) a otra (la divina)”.

En la tradición oral, así lo describen las señoras, que al ver difícil situación, los jefes y sabios yaquis convocaron a una reunión de todos los pueblos del valle. Acordaron hacer el río que tanta falta les hacía. En las reuniones también contaban con la participación de animales sabios. Enviaron al cuervo, al gavilán y al búho a pedir agua, y no regresaron. Un sapo se presentó.

Anteriormente ya habían enviado al cuervo, al gavilán y al búho, pero nunca regresaron. Por eso querían enviar a los más veloces. Los jefes buscaban entre todos a quién enviar. En eso estaban cuando se presentó un sapito como voluntario para ir a hablar con el jefe de la lluvia. Pidió tamales de elote para desgranarlos en el camino por donde pasaría el río y de un salto llegó a la casa del jefe de la lluvia. Le pidió agua. Al otro día cayó tal lluvia, que el caudal que bajó de la sierra formó el río Yaqui.

La unidad de los yaquis es el río. Es identidad alma y fuerza. Integridad territorial. Es uno de los símbolos más importantes de los yoemem, y con la sagrada sierra del Bacatete denominan en lengua jiak nooki la configuración de su territorio ancestral.

El primer movimiento que unió a los yaquis fue para expulsar a los jesuitas, religiosos externos a sus territorios, por entrometerse a su organización propia, y desde entonces esa lucha ha sido una constante, acompañada de la exigencia de que salgan dejen de despojar su río y sus tierras, que conciben como una unidad.

Personas yaquis se defienden por la vía legal de la imposición del Decreto de Distrito 018, fueron perseguidas y privadas de su libertad por personas encapuchadas y armadas, luego encerradas hasta que las autoridades de Torim las juzgaron en la enramada de sus propios pueblos para orillarles a retractarse de interponerlo. Comenzaron las destituciones de autoridades eclesiásticas tradicionales por haberse amparado. Provocaron en la tropa una serie de descontentos por no respetar a las autoridades de las iglesias.

“El agua la agarramos cuando queramos porque es nuestra, nada de concesiones, nada de distritos”, han dicho las defensoras del agua y la tierra.

Lo que está en el centro es el río Yaqui.

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