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Expropiado de kaosenalred

Por David Santiago Farías Delva

Resuelto el dilema de quién administrará el próximo periodo presidencial en Chile, el pueblo no puede emborracharse con el electo Gabriel Boric, pues como dice el dicho: “Uno no es los que dice sino lo que hace”, por lo tanto el nuevo presidente que gobernará con un congreso dividido en partes iguales e inmerso en una sociedad de las lógicas de mercado, no es garantía de nada, pues el modelo de libre competencia estará ahí para seguir maltratando a la mayoría de los chilenos y recordándoles que en definitiva los dueños del capital son los que realmente ponen el libreto y la música con la que danza el país. Quizás Boric logre realizar ciertos puntos de su programa de gobierno, pero que solo serán pequeños matices que marcarán una ínfima diferencia, pero que en lo sustancial no solucionará las demandas reales de aquellos que estallaron en rebeldía un 18 de Octubre del 2019.

Con este sistema de elecciones tradicionales, con la puesta en marcha de la maquinaria electoral cada 4 años, lo que se hace es seguir nadando dentro del acuario capitalista chilensis, validando así la mejor arma de los poderosos, las llamadas democracias representativas. Acá lo que ocurrió nuevamente es lo que viene sucediendo por décadas y es que Gano la lógica del mercado, la de un modo de producción capitalista protegido por un Estado opresor, que seguirá discriminando al pueblo, a la masa que no quiere o no puede visualizar que la única manera de lograr cambios profundos de estructura y superestructura, pasa por adquirir una conciencia de clase para sí, que conjuntamente con el desarrollo de un nuevo modo de producción NO capitalista, permita la evolución de las clases oprimidas, que están en continua competencia y lucha por subsistir, lo que las obstaculiza en la idea de alcanzar un cierto desarrollo intelectual, que les permita comprender la necesidad de accionar desde el apoyo mutuo y el hacer en lo común, acercándose así al verdadero comunismo, el que hará libres a los sometidos que se encuentran hoy inmersos dentro de sistemas imperialista que se desenvuelven en lógicas de mercado, como lo son los países desarrollados del hemisferio norte y los fracasados socialismos reales y las revoluciones triunfantes, que por estos días nadan en el acuario capitalista, condicionados al libreto de las lógicas de mercado a nivel mundial. Aquí lo que faltó por parte de los combatientes revolucionarios, fue poner énfasis en cambiar o destruir el modo de producción burgués, que es el causante de todos los males del planeta y la humanidad.

Ahora bien, pasadas las elecciones presidenciales el pueblo chileno quizás entre por otros 30 años más en “Modo Espera” con los presos políticos de la revuelta aún tras las rejas, mientras todo el aparataje económico, político, social y militar de la elite en el mando, se reorganiza en la idea de frenar cualquier atisbo de rebeldía ante los abusos que se seguirán sucediendo. Este nuevo periodo de adecuación de las elites intelectuales en el poder, algunos lo han nombrado como Nuevo Ciclo en la forma de hacer política, pero que para el caso no es más que el perfeccionamiento, re-evolución y consolidación de una lógica de mercado, un modo de producción que solo beneficia a aquellos que aceptan vivir en relaciones sociales, económicas y políticas, que validan la desigualdad, la mentira y los eufemismos academicistas de una formación histórica simbólica de sociedades que han ido fraguando un modelo de libre mercado y que se expresa en un capitalismo perverso y patriarcal, el cual tiene como único objetivo más y más Mercado a costa del sometimiento laboral, corporal y emocional de la masas, las que no profundizan en lo que se les comunica como verdad histórica local y universal, fortaleciendo la mediocrización y uniformización de los individuos en una dialéctica mercantilista, potenciando aun más su existencia en lo único que conocen como modelo de vida, no dando cabida a la posibilidad de desarrollar nuevas formas de producción, más justas y equitativas en la manera de administrar la sociedad, la que actualmente se encuentra en una carrera desenfrenada de consumo y producción de desigualdad. Esto último no es más que el resultado de un modo de producción capitalista sustentado sobre una base material, estructural y superestructural, que solo enriquece a la elite mas poderosa del territorio y a aquellos que se han ido construyendo en el indivualismo y la competencia con el vecino de al lado o de enfrente.

¿Aquellos que hablan de cambios estructurales consideraran la base material real sobre la cual se erigen las instituciones? No debemos olvidar que la superestructura que conforma el Estado y sus relaciones burocráticas o administrativas, se encuentran sumergidas en un gran acuario capitalista, donde tiburones se alimentan de pececitos vulnerables a las fauces de escualos que protegen las lógicas de mercado. Es en este cuadro que surgió la idea de una nueva constitución, que a mi entender tiene como mandato lograr crear nuevas formas de administrar la sociedad chilena, que escape a las antiguas formas de dirigir y ordenar la comunidad. Es muy distinto profundizar en la idea de cambios estructurales desde una crítica burguesa de la sociedad y otra, desde una crítica de la sociedad burguesa. Acá podemos constatar que los Estados burgueses con sus instituciones son el resultado de una observación unilateral, que solo garantiza la continuidad de un modelo de vida que mantendrá su estructura y por ende su superestructura. Para hablar en serio de transformaciones, se debe discutir y poner en cuestión todo el sistema de dominación, llevando adelante una orientación estratégica clara que apunte a resolver la cuestión del cambio de modo de producción. Mientras esto no se lleve a efecto, ni nueva constitución ni nuevo gobierno podrán iniciar una real metamorfosis del modo de vida chileno, quedándose solo en una especie de Estado de bienestar, que ni siquiera alcanzará para eso, pues los poderes empresariales y económicos son muy fuertes en este modo de producción capitalista chilensis.

¡Por ahora, la elección presidencial chilena fue lo que fue, ni más ni menos!

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