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Se cumplen 25 años de los Acuerdos de San Andrés. El abogado agrario Carlos González, integrante fundador del Congreso Nacional Indígena asegura que la realidad de los pueblos indígenas tiene un antes y un después tras la firma del documento, más allá del incumplimiento del gobierno mexicano

Texto: Daliri Oropeza

Fotos: Daliri Oropeza y Pedro Valtierra / Cuartoscuro

Tomado de piedepagina

El 1 de Enero de 1994 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) declaró la guerra al Estado Mexicano. En la primera Declaración de la Selva Lacandona postularon 11 demandas básicas para los pueblos indígenas: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.

Estas exigencias dieron aliento a más pueblos indígenas que observaron con atención lo que hacían en Chiapas. El EZLN realizó, después de un primer diálogo por la paz con el gobierno, un esfuerzo reconstituyente de largo alcance y sin precedentes. Convocó la participación de pueblos indígenas, sociedad civil, asesores e invitados que llamó por su nombre. El protocolo de los diálogos que la guerrilla zapatista entabló con el gobierno llevaba por apellido “paz con justicia y dignidad”.

De acuerdo con el protocolo acordado, los diálogos tendrían cuatro mesas de trabajo, tres temas y varias fases. La primera fase servía para establecer bases de negociación, mediante la identificación de convergencias y divergencias. La segunda, para pactar compromisos y acuerdos. La tercera, para ratificar y suscribir, después de un periodo de consulta, pronunciamientos, acuerdos y compromisos.

Ahí, los invitados del EZLN y el gobierno hicieron propuestas e intercambio de documentos para dialogar. Las temáticas fueron Derechos y Cultura Indígena (mesa 1 que se llevó a cabo), Democracia y Justicia (mesas 2 que sí se instaló y solo re realizó la primera y segunda fase porque el gobierno no ofreció nada; se suspendió el diálogo con la detención del comandante Germán), Bienestar y Desarrollo, Derechos de la Mujer (3 y 4 que ya no se llevaron a cabo). Los tres temas fueron Conciliación entre varios sectores de la sociedad chiapaneca, participación política y social del EZLN; y distensión integral, que comprende medidas de distensión para erradicar la reanudación de hostilidades.

“A lo largo de la negociación, el EZLN ha estado recogiendo y consensuando esta palabra diversa para comprometer al gobierno a resolver la problemática situación y la indigna miseria en la que subsisten los pueblos indios del país. En cuanto a la autonomía de éstos, que no ha sido aceptada en su totalidad por el gobierno federal, el EZLN la concibe en el contexto de una lucha nacional mucho más amplia y diversa”, dio a conocer el EZLN un día antes de la firma en un documento titulado Punto y seguido, en el que recalcó que ellos negociarían todas las demandas de los pueblos asistentes, no solo por las que el EZLN nació.

Carlos González participó en aquellos diálogos realizados en la cancha de San Andrés Sacamch’en, en medio de la boscosa cordillera de los Altos de Chiapas. Asegura que estas 11 demandas del EZLN tenían su raíz en la profunda desigualdad en que viven los pueblos originarios de México hasta la actualidad. Y ahí se vieron reflejados. La lucha indígena cambió. Tanto con el levantamiento, como con el proceso de diálogos que derivó en los acuerdos de San Andrés aquel 16 de febrero de 1996.

González es integrante fundador de la red de pueblos indígenas que derivó de estos acuerdos: el Congreso Nacional Indígena. A 25 años de este hecho sin precedentes en México, el abogado agrario da su diagnóstico del movimiento indígena, y pone en perspectiva el porqué los Acuerdos de San Andrés son un antes y un después para el país.
El parteaguas indígena en los movimientos

—¿Cómo era el movimiento indígena antes de los Acuerdos de San Andrés? ¿Cómo es ahora?

—Los indígenas no estaban presentes en los movimientos armados y en los movimientos no armados de izquierda. Son los zapatistas los que primero van hacer una transformación de ellos mismos al abandonar el discurso marxista tradicional y poner como sujeto importante de la lucha a los pueblos indios. No tenían derechos.

El movimiento indígena antes del levantamiento zapatista y la firma de los Acuerdos de San Andrés venía fortaleciéndose y unificándose, por lo menos desde el año 1992, cuando se cumplieron 500 años de la invasión europea al continente que llamaron América y del inicio de la consecuente conquista de nuestros pueblos.

En aquella ocasión el gobierno de España, los diversos gobiernos europeos y los gobiernos americanos trataron de hacer un festejo por esos 500 años. El escaso movimiento indígena que había empezó a articularse para exigir que no hubiera ningún festejo, que no hubiera ninguna conmemoración y que se le tomara como lo que es: una fecha de duelo, el inicio del mayor genocidio en la historia de la humanidad que provocó la muerte de por lo menos 60 millones de personas en los pueblos saqueados, y por lo menos 90 millones de seres humanos que fueron traídos desde África hasta América como esclavos. El mayor genocidio en la historia de la humanidad.

Esto ocasionó el inicio de la unidad de diversas luchas y movimientos indígenas en México en el continente.

Los Acuerdos de San Andrés fueron esa serie de conversaciones para tratar de proponer una reforma del Estado que se pueda traducir en una reforma constitucional para hacer un primer reconocimiento de los derechos básicos, de los derechos fundamentales de los pueblos originarios en México. Esta reacción provocó el surgimiento de un movimiento indio americano y un movimiento indígena en México que logró cierta unidad. Sin embargo, para el año 1994 estos movimientos, estos procesos todavía invisibles, no abarcaban todo el territorio nacional, ni tenían la suficiente presencia, ni contundencia política a nivel nacional ni mucho menos a nivel internacional.

Va a ser el levantamiento zapatista el que le dé primero visibilidad a los pueblos indígenas. En segundo lugar ,el que ponga en primer orden y en primer lugar de las agendas políticas las demandas y las exigencias de los pueblos originarios.

En tercer lugar, el zapatismo va a provocar el acercamiento de los pueblos originarios y la formación de movimientos indígenas más coherentes, con mayor profundidad, con mayores alcances en sus objetivos, como lo vimos en los diálogos.

Los pueblos resurgieron con una mayor fuerza política que finalmente con el auspicio del zapatismo van a desembocar, después de la firma de los acuerdos de San Andrés, el 12 de Octubre de 1996: en la fundación del Congreso Nacional Indígena, con representación del Comité Clandestino Revolucionario Indígena Comandancia General (CCRIG) del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

De la traición a la autonomía

—¿Cuál es tu diagnóstico en este momento del Movimiento Indígena?

—A 25 años de la firma de los acuerdos de San Andrés lo primero que habría que señalar es: la traición a los mismos.

En el año 2001, el CNI junto con el EZLN ejercieron presión a través de una Marcha El Color de la Tierra sobre el Estado Mexicano para que incluyera los Acuerdos de San Andrés en la Constitución federal. El 28 de Abril de 2001, la Cámara de Diputados legisló pretendiendo incluirlos. No fue así. Los derechos básicos de autonomía, el reconocimiento de las comunidades como entidades de derecho colectivo, de la capacidad de asociación de estas comunidades entre sí, los derechos de municipios de mayoría indígena, el reconocimiento de derechos territoriales no fueron incluidos en la reforma constitucional, lo que deformó en absoluto los Acuerdos de San Andrés. Los hizo nugatorios, los hizo ilusorios.

Desde ese momento a la fecha la situación de los pueblos indígenas con respecto al Estado ha sido de una erosión constante de sus derechos y una violación permanente de sus derechos; de múltiples procesos de despojo de sus territorios y de sus recursos naturales para favorecer a los grandes capitales nacionales y trasnacionales.

El movimiento indígena ha sufrido una fuerte embestida. Un golpeteo incesante, lleno de violencia en todos estos años. Sin embargo, los acuerdos de San Andrés fortalecieron procesos de autonomía, con o sin el reconocimiento del Estado, o del grado de reconocimiento en la Constitución, siendo muy importante y muy singular la existencia de los Municipios Autónomos Zapatistas, de las Juntas de Buen Gobierno y de los Caracoles que existen totalmente al margen de la legislación y de los controles del Estado Mexicano y que se reproducen sin presupuesto público de ningún tipo.

La visibilidad del CNI

—¿Qué ha significado el CNI como derivado de los diálogos de San Andrés para el movimiento indígena?

—El Congreso Nacional Indígena, en esta situación tan adversa, persiste. Ha continuado a lo largo de todos estos años y también en unos meses más va a cumplir veinticinco años como un espacio de organización, de unidad, con altas, con bajas. Pero persistiendo en su lucha, en sus planteamientos históricos y reforzado desde el año 2017 que se conformó el Concejo Indígena de Gobierno y lanzó como precandidata a la Presidencia de la República a su vocera Marichuy.

El CNI, desde mi punto de vista, no es el único espacio, ni es el único proceso, pero es el más representativo y el más importante a nivel nacional. El que va representando los intereses históricos, estratégicos del movimiento indígena.

Existen otros muchos movimientos, y eso es bueno y también viene de San Andrés, pero que van luchando cuestiones coyunturales, cuestiones de demandas mediatas e inmediatas.

El CNI contempla los objetivos históricos a largo plazo de los pueblos indígenas y que tenemos que ponerlos en el centro. Los indígenas que son oprimidos por el Estado Mexicano y por el sistema capitalista deben de liberarse y eso es lo que va planteando radical y profundo el Congreso Nacional Indígena.

Eso es lo que le da una representatividad más allá de la que pudiera verse desde una perspectiva de la democracia representativa o de la cuestión numérica, eso por un lado.

Esta red le da visibilidad, le da luz a los distintos movimientos indígenas, estén o no con el CNI. ¿Por qué? Porque le da presencia y continuidad a las luchas en los pueblos en el país y eso permite dar cobertura y abrazo. Incluso algunos de ellos, con una visión opuesta al Congreso Nacional Indígena y proclives a tener alianzas o acuerdos con el gobierno mexicano o con partes del Estado Mexicano.

Hemos tenido de compañeros importantes que actualmente están en puestos claves dentro del Estado Mexicano empujando sus políticas indigenistas, ¿verdad?

—¿Cómo ves estos futuros inmediatos del país en términos de los pueblos indígenas?

—El futuro es catastrófico para el mundo y para el país, para indígenas y para no indígenas. El capitalismo nos está llevando a una suerte de destrucción masiva, de las condiciones de vida humana en el planeta que se está expresando en esa profunda crisis sanitaria, ecológica, cultural y económica. Tiene ahorita en jaque a la humanidad completa, por supuesto a México y ni qué decir de los pueblos originarios. Sin embargo, creo yo, que los pueblos originarios en su modo de vida en su relación profunda con la tierra están en posibilidades, y han tratado de hacerlo, de proponer una forma distinta de vivir y de inventar el mundo.

Los pendientes

—¿Cuál es tu diagnóstico del movimiento a 25 años de los Acuerdos de San Andrés?

—Los pendientes cambiaron. En ese tiempo el pendiente era que la Constitución incorporara a estos derechos fundamentales que estableció en los Acuerdos de San Andrés.

Actualmente incluir estos Acuerdos en la Constitución sería básicamente ilusorio, porque existe todo un marco constitucional legal que se ha ido reconformando a lo largo de treinta años para favorecer el despojo capitalista neoliberal de las tierras, de los territorios, de los recursos naturales, de la cultura de las comunidades indígenas y campesinas del país.

La sola incorporación de los Acuerdos de San Andrés ya no son… pendientes. Hay un conjunto de procesos, de leyes como la energética y otras reformas profundas a la Constitución como al artículo 27 que son totalmente contrarias al espíritu de los Acuerdos de San Andrés y que lo vuelven, uso nuevamente una palabra jurídica: nugatorios, es decir, ilusorios que son mera ilusión.

Ahorita nuestro gran pendiente, suena pequeño, es la destrucción del capitalismo y con urgencia, siendo algo tan difícil, tan complicado y tan grande es urgente. Esa es la prioridad que tenemos como humanidad porque realmente estamos acabando con nuestras condiciones de vida como sociedades, como culturas, como civilizaciones humanas.

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