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Tomado de jornada

Gloria Muñoz Ramírez

“No voy a permitir que interroguen a mis soldados”, declaró contundente en 2015 el recientemente exonerado general Salvador Cienfuegos, en el marco de la indagatoria de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa perpetrada la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, cuando él encabezaba la Secretaría de la Defensa Nacional. Han pasado más de seis años y un cambio de gobierno federal, pero siguen básicamente sin cumplirse las promesas de avances reales en las investigaciones. Y, por otro lado, Cienguegos ya fue detenido y liberado en Estados Unidos por sus vínculos con el narcotráfico, y este jueves la Fiscalía General de la República lo declaró libre de cargos en México.

Mientras, los padres y madres de los normalistas insisten en la participación del Ejército en la fatídica noche de Iguala. Hace un par de días lo dijeron en Palacio Nacional, frente al Presidente, sin conocerse aún la noticia de la liberación del general que habita en sus pesadillas: «dejaron de confiar en que el Ejército está del lado de la verdad en la investigación del caso». Como respuesta, el jefe del Ejecutivo renovó las promesas, pero éstas no tienen el mismo sabor de las de hace 24 meses.

Las familias de los 43, tan despreciadas por el gobierno peñista, fueron recibidas desde los primeros meses por el actual gobierno federal. La diferencia en el trato fue enorme, reconocieron, pero dos años después el «buen trato» y las inacabables promesas se desgastan. Que les digan dónde están sus hijos, que les digan la verdad y que se llegue a fondo sobre la participación del Ejército.

«Queremos la verdad sea cual sea, pero ya no queremos que nos traigan de reunión en reunión sin resultados», les dijo frente a frente Mario González, a nombre de las familias de los 43, en la primera reunión de este año en Palacio Nacional.

Apenas en diciembre pasado, obligados por la pandemia a dejar las calles, pero no a callarse, los padres y madres exigieron «acciones concretas y mayor colaboración y dinamismo de la FGR y la Sedena, cuyos miembros estuvieron implicados de manera directa e indirecta en la desaparición de los 43». Pero la exoneración de Cienfuegos no abona a su exigencia y pone en duda el desenlace.

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