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Diego Enrique Osorno

Tomado de milenio

Al cumplirse 27 años del alzamiento en armas del EZLN, el subcomandante Moisés sentencia: “Hicimos lo que tocaba”.

La charla de antaño con el actual dirigente zapatista que en aquel 1 de enero de 1994 tenía el grado de Mayor, gira sobre la fecha del calendario que marcaron los indígenas rebeldes con su insurrección.

—Para entender 94, hay que irnos atrás, ¿podría relatarnos esos años previos al alzamiento?

—Sí, en 1983 es cuando llegan algunos compas a las montañas del sureste mexicano y empezaron a reclutar, decimos pues, a los compañeros, por lo que fueron creciendo los miembros de la organización, después a pueblos, es decir, desde el 83 hasta el 93 fue el tiempo de reclutamiento, el tiempo de la clandestinidad.

Los compañeros fueron buscándose uno por uno y después se cambió la forma, el método de reclutar, porque tienen un modo los pueblos, las comunidades indígenas, que se conocen ellos en colectivo, en grupo, entonces fueron reclutados los que tienen autoridad moral. De ahí fuimos organizándonos con los pueblos ahora sí, porque ya empezó a haber lo que nosotros decimos pueblos y luego regiones, que una región se compone en varios pueblos, hay unas regiones que son de 20 pueblos o 30 y así, eso es lo que decimos una región.

Y al mismo tiempo que fuimos creciendo en pueblos y regiones, políticamente, hicimos la preparación militar, se organizaron los compañeros, las compañeras, hasta que llegó el día, se decidió: ahora sí, de que ya es la hora, que tenemos que salir.

—¿Cómo impactó en la organización de los pueblos la llegada de los miembros de la ciudad en aquellos años?

—Ahí en eso se empezaron a ver muchas cosas, porque aparte las comunidades no estaban organizadas de esa forma. Estoy tratando de decir la importancia de que llegó el EZLN, empezó a tomarse en cuenta a las mujeres, que antes no se tomaban en cuenta. Aunque sí había algunas organizaciones, pero nunca se tomaba en cuenta. Eso es lo que pasó, lo que fue en ese tiempo, hubo más organización y respeto a las mujeres.

—El 1 de enero de 1994, usted tenía el cargo de mayor, todavía no era subcomandante. ¿Cómo vivió los preparativos de ese día?

—Todos nosotros llegamos, como el ser insurgente o tropa, todos llegamos a prepararse. Antes de mayor llegué como insurgente Moisés, estuvimos preparándonos así pues en las montañas, al mismo tiempo ayudando a preparar a los compañeros milicianos; ahí dentro de la tropa insurgente tuvimos que presentar nuestros exámenes para graduarse de ser mando y así, empezando de subteniente, de teniente, luego capitán segundo, capitán primero, luego mayor y así. Entonces, sí, el grado que tenía cuando salimos el 1 de enero de 94 era mayor, pues como se conoció públicamente. Hay una cierta preparación que recibimos y aparte otra preparación especial, porque tuvimos que salir así en la ciudad, porque es diferente en la montaña que en la ciudad, y me tocó estar con el compañero subcomandante insurgente Pedro, que era mi mando, es el que me estuvo enseñando, preparando, formándome pues.

Y sí, muchas de las cosas que nos dejó enseñado, explicado, él me decía en aquellos tiempos, antes de 1994, que tendría que prepararme “porque un día va a pasar como estoy precisamente ahora contigo”, que hay que explicar lo que somos y vamos a tener que hablar un día con el pueblo de México, a los maestros, a los estudiantes, a los obreros y eso, nos decía, pues.

—¿Qué más le aconsejaba el subcomandante Pedro en aquellos años de formación?

—También decía que pues sí hay que preparase, porque no sabemos a quién le toca morir, y sí, sí es cierto. Y hoy lo estamos viendo, que éramos clandestinos, pero ahora estamos organizándonos con los compañeros, como en este caso el Congreso Nacional Indígena, y que ahora estamos abiertamente trabajando con el pueblo, pues. Entonces pasó lo que pasó, como lo había dicho él, cuando salimos al amanecer de 1994, entonces tuve que hacer lo que me correspondía, lo que me había dicho, que pase lo que pase tengo que seguir y tengo que asumir la responsabilidad, y sí, agarré lo que me había dicho desde el principio: que pase lo que pase se tiene que seguir luchando y aquí estamos, está cumplido, pues.

—¿Y cómo fue para usted el 1 de enero de 1994?

—Me tocó, pues, junto con el subcomandante insurgente Pedro, tomar la presidencia de Ocosingo. A él le tocó estar frente a la presidencia y yo a un lado, donde estaba posicionada la policía, entonces lo que pasa es que quedamos separados de una posición a otro, pero nos habíamos dicho de que nos íbamos a comunicar a la hora de que íbamos ahora sí a la presidencia municipal.

Yo estaba esperando la orden de él pues, al no aparecer tuve que mandar un enlace para saber que estaba pasando. El enlace tardó, pero sí dio la señal de que el sub Pedro había caído en combate, entonces desde ahí, ahora sí, tenía que tomar yo el mando y decidir qué es lo que se va a tener que hacerse. Y lo primero que se hizo fue ir a ver el cuerpo del compañero subcomandante insurgente Pedro, pues lo saqué, le levanté la cabeza, le hablé para ver si es que todavía estaba vivo, pues no, lo sacamos y llevamos su cuerpo a una comunidad zapatista.

Y tuvimos que seguir pues, lo que nos tocaba, en ese caso, estábamos para avanzar. Y eso estaba yo organizando, pues eso de que hay que avanzar para otra ciudad que es Comitán, y en eso que estaba, moviéndonos para organizarse para el avance, pues llega la orden del subcomandante insurgente Marcos que habría que replegarse, y nos tuvimos que replegar porque era la orden. Así estuvo.

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