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Filiberta Nevado, sin medidas de protección

Tomado de jornada

Juan Ricardo Montoya
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 11 de octubre de 2020, p. 19

Acaxochitlán, Hgo., «Si algo me pasa, te mato», amenazó Crisóforo Mejía, dedicado a la tala clandestina, a Filiberta Nevado Templos, defensora del ya devastado bosque mesófilo de Zacacuautla, municipio de Acaxochitlán. Ante 30 personas Crisoforo hizo la amenaza tras enterarse de que hay una demanda penal en su contra ante las autoridades federales por ecocidio.

En entrevista con La Jornada, tras aclarar que ni ella ni su grupo de ambientalistas han iniciado alguna denuncia legal contra taladores, Nevado Templos reveló que, tras ser amenazada en una reunión del pueblo, Crisóforo Mejía la citó en la delegación municipal, donde los pobladores acostumbran dirimir sus conflictos, y le dijo: “Me pasa algo a mí o a alguno de mis hijos y vengo y le doy sus chingadazos o busco a quien se los dé… Claro que sí, vengo y la mato y la remato”.

Las advertencias las hizo en presencia del delegado del poblado e incluso quedó asentado en un acta de la delegación municipal, misma que presentó ante al agente del Ministerio Público.

Agregó que durante una reunión del comité de limpieza de la zona boscosa, que integraron los vecinos en julio de este año para frenar la tala y quitar las ramas y pedazos de madera, «una persona propuso que me quemen, que me corran del pueblo, que me maten», precisó.

La activista precisó que los taladores dejaron ese tiradero en 50 de las 55 hectáreas de bosque que devastaron a lo largo de dos décadas y que impedían la germinación de las semillas de los árboles.

El 16 de agosto, a las 4 de la mañana «oí bajar una camioneta y como conozco los motores de los coches de mis vecinos, escuché uno de un vehículo desconocido cerca de mi casa, tras lo cual alguien hizo dos disparos».

No es la primera vez que Filiberta, de 64 años, ha sido agredida o amenazada. “Hace algunos años llegaron Los negros –taladores al servicio de la familia Canales Templos, a la que se le ha responsabilizado de la devastación del bosque– aquí en mi casa y me pegaron. Se robaron mi ropa, colchas y sábanas que había lavado, en lo que fue un acto intimidatorio. Hacían cosas para que yo viera que estaba frágil y podían hacer cualquier cosa”.

Luego, otro hombre que había regresado de Estados Unidos y se dedicó a talar, también un día, al pasar cerca con su mujer, dijo en voz alta: «Vamos a ver si a esta pinche vieja no le entran las balas por metiche».

Relató que otra noche, al término de un baile del pueblo, escuchó pasos por la calle y de repente estrellaron los vidrios de su casa con piedras. «Sé quiénes fueron», dijo.

Pese a todo, la ambientalista declaró: “No tengo miedo a las amenazas. Son frecuentes. Alguna vez un grupo de mujeres estuvimos frente a frente con Los negros, que son taladores asesinos y nos agredieron”.

Autoridades solapan a talamontes

A lo largo de 20 años, solapados por autoridades federales, estatales y municipales, los taladores clandestinos Los negros, al servicio de la familia Canales Templos, devastaron con total impunidad, 50 de las 55 hectáreas de la zona boscosa del poblado de Zacacuautla, municipio de Acaxochitlán, estado de Hidalgo.

El bosque, localizado en una región de lluvias abundantes, a 2 mil 254 metros sobre el nivel del mar, en los límites con la sierra de Puebla, lo forman árboles de eucalipto, pino, encino, ocote, oyamel y cedro rojo, lo que ha despertado la voracidad de los taladores.

La activista aseguró que el predio pertenece a la familia Gómez García, originaria del vecino poblado de Honey, Puebla, quienes permitían a los vecinos de Zacacuautla, Hidalgo, juntar hongos, plantas y madera de los árboles caídos a causa de rayos, viento o lluvia. “Entonces no había tala. Los Gómez García solían decir: ‘Toma lo tirado y cuida lo parado’”.

Filiberta cuenta que a finales de los 90 del siglo pasado comenzó de forma paulatina la tala clandestina en Zacacuautla, propiciada por la familia Canales Templos, cuyos integrantes intentaron apoderarse del monte.

En junio de 2000, Francisco Gómez García ganó un juicio para evitar que los Canales Templos se apoderaran del monte boscoso. Dos meses después, Francisco Gómez fue asesinado en la central de abasto de Tulancingo por desconocidos.

Posteriormente, valiéndose de una escritura, que para Filiberta y otros activistas es falsa, que acreditaba a los Canales Templos, como supuestos dueños, comenzaron a talar los predios Altamira y Las Delicias. Mediante ese documento obtuvieron un permiso de aprovechamiento forestal del bosque por 10 años.

El permiso los condicionaba a sembrar árboles cuya vida sería de sólo 20 años, tras lo cual se autorizaba a los Canales Templos a derribarlos.

En 2010 los Gómez García iniciaron un litigio por la recuperación del predio ante el juez primero de lo civil y familiar con número de expediente 1240/2010 en Tulancingo, Hidalgo, y aún sigue en proceso.

Tras años de lucha, en 2013 los pobladores de Zacacuautla lograron que las autoridades federales revocaran los permisos de explotación de la madera a la familia Canales Templos, pero de poco sirvió porque recurrieron a la tala clandestina.

Todos los días, hasta los fines de semana, brigadas de entre 15 o 20 de Los negros, provenientes de Puebla, con dos o tres motosierras llegaban al bosque para tirar cedros rojos, oyameles y pinos.

Filiberta Nevado, activista y habitante de Zacacuautla, declaró que ese grupo derriba árboles hasta de 300 años «en sólo 15 minutos». Además portan armas de fuego para amedrentar a quienes pretenden evitar su trabajo depredador.

Actividad fuera de control

En un comunicado de diciembre de 2019, la asociación ecologista Kuautlali, AC hizo un llamado de alerta sobre la creciente tala en la región. Según la agrupación “desde 2018 y 2019 esta actividad está fuera de control. Es escandaloso y doloroso, ya que al menos se talan 20 o 30 árboles por día tan sólo en el monte del manantial, lo que se suma a lo que talan en otros montes.

El impacto en nuestro pueblo es fatal, nuestro monte, sus especies, nuestra agua, todo está siendo devastado y es un verdadero desastre ecológico”, dijo.

Señalaron que pese a sus denuncias ante la alcaldesa de Acaxochitlán, Rocío Jaqueline Sosa Jiménez, hasta el 5 de septiembre los taladores gozaron de la protección tanto de la entonces presidenta como de los policías municipales.

«Es común ver pasar camionetas cargadas de madera ilegal y a una patrulla de policía municipal que le sigue un poco más adelante o un poco más atrás. Si algún vecino hace una denuncia, (las autoridades) vienen, se acercan al lugar donde están talando, pero no entran ni los molestan. Pareciera que más bien los protegen».

Al pedir información sobre la denuncia la respuesta siempre es que fue una falsa alarma y cuando revisaron no había nada.

Hemos insistido en la denuncia y les exigimos que regresemos al lugar, con todo y el riesgo que esto representa para nosotros. Al llegar, siempre encontramos 20 o 30 árboles derribados, seccionados en trozos de 2.50 metros listos para ser cargados. Se ven obligados a recoger la madera y ponerla a disposición de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa)”, denunció Kuautlali AC.

Los policías entregaban a Profepa menos de la mitad de lo que habíamos encontrado, según Kuau-tlali. «Creemos que el acuerdo que tienen con los taladores consiste en dejarlos llevarse una parte y entregan otra más pequeña a las autoridades. Ya estamos cansados de que ninguna autoridad haga nada a pesar de las múltiples denuncias que hacemos».

Impunidad de la familia Canales Templos

Hasta hoy, ningún integrante de los Canales Templos ha sido llamado a comparecer ante las autoridades. En contraste, los activistas han sufrido detenciones y se les han iniciado innumerables carpetas de investigación.

En 2009, Filiberta Nevado, fue presa por un delito que después se comprobó que era un invento. Lo peor fue el asesinato del activista Samuel Cruz Hernández en septiembre de 2004 en las puertas de su casa cerca del bosque.

En septiembre de 2014, miembros de la cooperativa El Ocotenco de Puebla denunciaron que en sólo cinco años se habían talado ilegalmente más de 150 mil árboles del bosque de Zacacuautla lo que afectó la recarga de los mantos acuíferos que abastecen, entre otros, a los pobladores de los municipios poblanos de Honey y Pahuatlán.

Filiberta Nevado dijo que, a raíz de la pandemia de Covid-19, entre abril y julio de este año la tala clandestina se intensificó, pues los taladores aprovecharon la cuarentena para actuar furtivamente. Al percatarse de la gran cantidad de vehículos cargados con madera, decidieron poner fin a la tala, para lo cual formaron un comité de limpieza en el que incluso hay taladores e integrantes de la familia Canales Templos.

Finalmente, reveló que tanto ella como otros defensores del bosque interpusieron un amparo para obligar a las autoridades de los tres niveles de gobierno a proteger lo que queda del bosque, lo cual ha sido mal interpretado por los integrantes del comité de limpieza, algunos de los cuales la han acusado de oponerse a ellos. «La tala no sólo acabó con el bosque, sino terminó dividiendo a la comunidad», concluyó Filiberta.

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