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Tomado de jornada

Gloria Muñoz Ramírez

Pretender disminuir o simplificar la oposición a la actual administración federal a la ridícula y ultraderechista protesta del Frente Nacional Anti-AMLO (Frena) es no querer ver o desviar la mirada de lo que está ocurriendo en el territorio mexicano, donde la polarización inducida ha provocado graves niveles de violencia.

Al parecer no ha sido suficiente el asesinato de Samir Flores Soberanes, defensor del territorio nahua y parte de la lucha contra la imposición de la termoeléctrica de Huexca, el gasoducto en las faldas del volcán Popocatépetl y el acueducto que, de echarse a andar, se llevará el agua de los campos de Ayala para abastecer a la planta de energía.

No se acusó a la Presidencia de México de haber ordenado la desaparición de Flores Soberanes, pero sí de haber envalentonado a los asesinos con la descalificación y polarización del ambiente en Morelos. Un año y ocho meses después, señala la Red TDT (Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos Todos los Derechos para Todas y Todos), se «incrementa el riesgo y hostigamiento contra el campamento de Apatlaco», donde los ejidatarios mantienen un plantón para impedir la colocación de aproximadamente 100 metros de tubería del acueducto, obra que falta para la puesta en marcha de la termoeléctrica.

Mientras el gobierno pretende ignorar los amparos en proceso, la red de derechos humanos –conformada por 86 organizaciones en 23 entidades de la República– advierte que el anuncio de la reactivación de los trabajos «agrava de manera preocupante el contexto de agresiones contra las personas defensoras en los tres estados».

Terminar con las intenciones de poner en marcha el impugnado Proyecto Integral Morelos, respetar la voluntad de las asambleas comunitarias y poner fin a las amenazas de ingresar al territorio con la Guardia Nacional es lo que procede, pues aunque los indígenas opositores siguen intentando dialogar con el gobierno federal, han reiterado que están dispuestos a llegar a las últimas consecuencias en defensa de su agua, territorio y cultura. «Si vamos a dar la vida, que sea luchando y jamás arrodillados», advirtió Teresa Castellanos, defensora amenazada en el contexto de la lucha contra la termoeléctrica.

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