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Tomado de jornada

Antonio Gershenson

El presidente Donald Trump confunde anarquismo con el derecho a protestar por la posibilidad de que cualquier agente de policía pueda tirar a matar. El temor aumentó en especial entre los afroamericanos. La intolerancia continúa como siempre y, por el periodo electoral, se intensifica el ataque del presidente a las movilizaciones antirracistas en Nueva York, Portland y Seattle.

La impunidad que protege a la policía es garantía de que el presidente Trump ha cumplido. No sólo en esas tres ciudades la población se ha movilizado como en los años 60. La lucha contra el racismo es permanente después del asesinato de Martin Luther King, pero las manifestaciones se han multiplicado. En cuestión de derechos humanos, el esquema de justicia estadunidense está en la mira.

El gobierno de Trump tiene serios problemas que enturbian la posibilidad de que se relija. La cantidad de nuevos contagios está demostrando las limitaciones reales del programa de salud. Su testarudez que no frenó la mortandad, sí la convirtió en pretexto para atacar a China culpándole de la pandemia y para hostigar a Alemania, exigiéndole que suspenda su compromiso con Rusia en relación con el gasoducto Nord Stream2.

La campaña por la relección republicana se desarrolla en un contexto de agresiones y muertes por el coronavirus, además de la violencia policiaca. Sin embargo, ninguno de los problemas que tienen enfrente parece intimidar a los integrantes del gabinete de Trump.

Todavía no logra controlar las manifestaciones y ya tiene encima otro problema, el nombramiento de Amy Coney Barret, magistrada conservadora, férrea antiabortista y antifeminista, quien sustituye a la jurista demócrata Ruth Bader Ginsburg, egresada de la Escuela de Derecho de Harvard y reconocida defensora de las garantías civiles.

Los demócratas en el Congreso exigen que sea el próximo presidente quien nombre al sustituto de Bader y señalan que el apresurado nombramiento está fuera de ley.

La magistrada demócrata fue un símbolo de libertad y no claudicó en su lucha por los derechos civiles y la igualdad de género. La población repudió al presidente Trump por hacer guardia ante el féretro de la juez.

El desequilibrio político en Estados Unidos continuará en caso de que los republicanos ganen las elecciones. Las consecuencias son más que predecibles. El fallecimiento de la juez da a Trump una posibilidad de seguir con su política de exclusión, racista y bélica. No se vería futuro para la población empobrecida.

Con el nuevo nombramiento, las tensiones se complicarán más. En la batalla por la Corte Suprema, Trump puede lograr el nombramiento, ya que cuenta con la mayoría de seis jueces conservadores contra tres liberales; sólo debe mantener las decisiones sobre temas como los derechos laborales, la diversidad sexual y un sistema judicial más justo.

El mandatario estaría enfrentando un cambio en el proceso electoral que no le sería favorable; sin embargo, la astucia no le falta para hacer trampa y cometer fraude. Estos son algunos temas centrales que se juegan con el nuevo nombramiento de la persona que ocupe el lugar de la juez Bader.

El fiscal general de Estados Unidos, William Barr, acusa de anarquistas a manifestantes de diversas ciudades que se han mantenido en protesta por los asesinatos de varios afroamericanos. A los gobiernos de las ciudades antes mencionadas los ha amenazado con disminuir sus presupuestos, como represalia por no controlar a los manifestantes. Pero no es tan fácil, ya que el fiscal de Nueva York, Cyrus Vance, podría demandar al presidente por fraude fiscal, pues la disminución de la cantidad destinada a la ciudad evidencia manejos ilegales del erario federal.

Sin embargo, la acusación va más allá del interés de poner orden a los manifestantes. La intención es presionar económicamente a esos gobiernos estatales donde, se sabe, viven y trabajan miles de migrantes mexicanos.

Con la disminución del presupuesto para las ciudades antes mencionadas, los empleos para migrantes se reducirían drásticamente, aun más de lo que ha provocado la pandemia del Sars-cov-2. La consecuencia inmediata sería una baja en las remesas hacia México. Con esta reducción, la economía del país se vería afectada significativamente. No es nada extraño que, dentro de la estrategia electo-ral de Donald Trump, se incluya la promesa de devolverle al pueblo estadunidense todas las divisas que se fugan de su país a causa de los contratos a migrantes, no importa si son población legalmente establecida.

Detrás de las «protestas anarquistas», según el presidente, se encuentran grupos que intentan llevar al país hacia el socialismo. Asegura que este sistema es la verdadera amenaza para el país, aunque no se ha dado cuenta del peligro que la pandemia ha significado para la población que no cuenta con la atención médica suficiente. En suma, los fallecimientos por esta enfermedad ya rebasan 200 mil, suma mayor a la de los caídos en todas las guerras, incluyendo la Segunda Guerra Mundial.

Por favor, que alguien le aclare a Trump que anarquismo no es lo mismo que socialismo. Y que el desorden que impera en su país sí es un reflejo del neoliberalismo que tanto defiende.

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