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Tomado de jornada

Antonio Gershenson

El pasado mes de junio, Washington Examiner, un sitio web de alta influencia, presionó al gobierno de Estados Unidos para sancionar a la empresa noruega Det Norske Veritas a no dar el visto bueno a la estructura del gasoducto Nord Stream 2. La discordia continúa. Estados Unidos no se conforma con el hecho de que al concretarse el superproyecto que proveerá gas a la Unión Europea (UE), habrá perdido en definitiva a sus clientes.

El conflicto internacional reciente, que ha provocado el traslado del opositor ruso Alekséi Navalny a Alemania, es motivo para evidenciar la falta de libertad de expresión del gobierno de Vladimir Putin. Oportunidad que aprovecha el presidente Trump para recriminar a la UE, en especial a Alemania, su apoyo a la construcción del gasoducto.

Sin embargo, la construcción del Nord Stream 2 es un hecho, y es ocasión para recordar las palabras del vicedirector del Instituto de Energía Nacional de Rusia, quien dijo que pretender lesionar a la UE con el bloqueo al gasoducto es una idea contraproducente e irónica.

Asimismo, es una alerta a los estadunidenses interesados en suspender el contrato con Gazprom de que no sólo Alemania saldría perjudicada, sino también sus propios socios europeos.

El temor a la dependencia total a Rusia en este rubro energético continúa. Pero la pregunta es si otros proveedores de gas del mundo pueden abastecer 55 mil millones de toneladas de gas natural ruso al año a Alemania, y aumentar a más de 110 mil millones de metros cúbicos, una vez terminados los aproximadamente 100 kilómetros que faltan para concluir el gasoducto. Tampoco se ve claro si los gobiernos europeos que otorgaron crédito para la construcción del Nord Stream 2 estarían dispuestos a perder su inversión con la suspensión del proyecto.

Ya faltan pocos kilómetros, recordemos que, un tramo del gasoducto atraviesa el fondo del mar Báltico, y éste tiene más de 90 por ciento construido. Sólo quedan 150 de los 2 mil 460 kilómetros de la obra completa, de los cuales, 120 kilómetros son en territorio submarino de Dinamarca y 30 bajo las aguas de Alemania.

En la actualidad, Alemania reitera su total rechazo a las sanciones de otros países, ya que lo considera una intromisión en los asuntos internos de la UE, aunque continúa la presión por parte de Polonia para no depender del gas ruso.

«Nord Stream 2 es un proyecto que Polonia ha criticado siempre porque no garantiza la seguridad energética y establece dependencia con respecto de un solo suministrador, Gazprom», dijo el economista Jacek Krzysztof Czaputowicz, quien recientemente dejó el cargo de ministro de Relaciones Exteriores de su país.

Para Czaputowicz, el gasoducto es una amenaza para la soberanía y seguridad energética de la UE, ya que la hará dependiente del gas ruso y lo que necesita Europa es la seguridad del abastecimiento. Con Gazprom, las empresas de Europa Central se verán afectadas. «Debemos aspirar a garantizar la diversificación (de suministros) y hacer que este proyecto no se cumpla». Con esta declaración se confirma su apoyo a Estados Unidos, supuestamente para proteger su industria gasera. Sin embargo, el proyecto Nord Stream 2 no pretende bloquear la industria de ese país.

Es importante recalcar que el gas licuado de esquisto que Estados Unidos vende a Europa no garantiza el abasto necesario ni uniendo la cantidad que producen los países europeos. Alemania es el país más interesado, ya que 50 por ciento del energético que consume es ruso, mientras la UE depende de 40 por ciento.

Sin embargo, el proyecto avanza, y los obstáculos que ha tenido que enfrentar, tarde o temprano se resolverán. De hecho, la canciller Angela Merkel está de acuerdo con el gasoducto y el pacto con Rusia, pese a la complicada situación con el caso Navalny. La soberanía energética de la UE no se salvaría si, por el contrario, se suspendiera el proyecto Nord Stream 2 por decisión unánime, y se le confiara el abasto total a Estados Unidos y aliados.

El convencimiento para sus-pender el trato con Rusia no ha-bría sido por beneficio económico, sino por presión política, ya que se aplicaría la ley propuesta por senadores estadunidenses, en la actualidad en elaboración, que sanciona a todas las compañías que certifiquen instalaciones portuarias del gasoducto. Dichas sanciones, de acuerdo con lo expresado por el ministerio de Economía de Alemania, afectarían a las compañías alemanas y europeas, pero también lesionarían a las institucio-nes estatales.

El asunto de la alta productividad del gas ruso es la verdadera discordia que genera el conflicto internacional.

antonio.gershenson@gmail.com

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