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A las autoridades de los Caracoles, Municipios Autónomos Rebeldes y Comunidades Zapatistas
Al Congreso Nacional Indígena – Concejo Indígena de Gobierno
Al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos Michelle Bachelet
A los pueblos en digna resistencia
A los medios de comunicación
Al pueblo de México

A diferencia de los dos anteriores, el presente gobierno llegó con la legitimidad que le proveyeron los votantes en el proceso electoral de 2018. Aquellos, conscientes de su rechazo popular, pretendieron legitimarse con el uso de la violencia, simulando un combate a la delincuencia organizada que en realidad fue, y es, una estrategia macabra de control social.

Sin embargo, el gobierno de López Obrador se ha empeñado en perder la legitimidad obtenida en las urnas, manteniendo un programa neoliberal, a pesar de haber decretado el fin de ese periodo. Ese programa se ha visto intensificado con la militarización plena de la vida nacional, dándole incluso un absolutamente ilegítimo estatus constitucional.

Hoy, emulando al servil gobierno colombiano del expresidente Álvaro Uribe Vélez, hoy perseguido por la ley, López Obrador renuncia a su pretendido carácter democrático y a su obligación suprema de garantizar la seguridad y, por lo menos, permite la actuación impune de las bandas paramilitares que fueron creadas o fortalecidas por Carlos Salinas y Ernesto Zedillo y que en estos días atacan a diversas comunidades chiapanecas simpatizantes con el zapatismo, incluyendo el robo y la quema de una bodega de café de bases de apoyo zapatistas en la comunidad de Moisés Gandhi, municipio de Ocosingo.

Posiblemente estos ataques paramilitares, como la pandemia, también le vengan como anillo al dedo para la imposición de sus megaproyectos, mismos que han sido señalados por especialistas internacionales como altamente dañinos para el medio ambiente y con repercusiones mundiales. Proyectos que, cabe recordarlo, también nos remiten a los nefastos tiempos de Salinas y Zedillo.
No ignoramos que la acumulación de elementos de las fuerzas armadas se ha concentrado precisamente en los alrededores de las zonas que ahora son hostigadas por esa vergonzante presencia del paramilitarismo, lo que difícilmente puede considerarse como una medida para combatir la inseguridad en el país, pues esas comunidades son precisamente las que presentan los más bajos índices delictivos del territorio nacional.

Repudiamos tajantemente estos ataques y acusamos al gobierno federal a cargo del C. Andrés Manuel López Obrador de ser el responsable, por acción u omisión, de tan lamentable situación, que pone al país en una muy desgraciada posición en el concierto de las naciones.

A las comunidades autónomas zapatistas, a las organizadas en el Congreso Nacional Indígena – Concejo Indígena de Gobierno, y, en general, a todos nuestros hermanos que resisten al despojo, el desprecio, la explotación y la represión en México y en el mundo, les externamos nuestro total e incondicional apoyo y les manifestamos que pondremos todos nuestros modestos esfuerzos a su disposición, para enfrentar la barbarie encarnada en los gobiernos serviles al capital, por muy de izquierda que se autodenominen.

¡Basta ya de simulación y crímenes de lesa Patria!
¡Vivan las comunidades zapatistas y los pueblos del Congreso Nacional Indígena!
¡Patria y vida, venceremos!

Atentamente

Asociación Cívica Mexicanos Unidos

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