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Tomado de jornada

Luis Hernández Navarro

Arde Chiapas. Los dueños de los paramilitares les soltaron la rienda y, envalentonados, hacen de las suyas. Atacan con armas de fuego a las comunidades rebeldes, se dan el lujo, como en Santa Martha, de exhibirse con armas y uniformes y desarmar agentes de la policía estatal preventiva.

Apenas este 22 de agosto, un grupo de transportistas pertenecientes a la Organización Regional de Cafeticultores de Ocosingo (Orcao) que viven en el municipio de Oxchuc, encabezado por Tomás Santiz Gómez, disparó, saqueó e incendió dos bodegas de café de bases de apoyo del Ejército de Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en la comunidad de Cuxuljá, municipio rebelde de Moisés Gandhi (Ocosingo, en la nomenclatura oficial).

Cuxuljá es un pueblito a pie de la carretera que une San Cristóbal y Ocosingo. Está rodeado de ocho municipios autónomos zapatistas y es cruce de diversas comunidades. Estuvo ocupado por el Ejército hasta 2001. Los uniformados se retiraron de esa posición para cumplir con las tres señales que el EZLN exigió al gobierno de Vicente Fox para restablecer el diálogo.

El retiro de las tropas no «pacificó» la zona. Tan pronto como el diálogo fracasó, por la aprobación de la reforma constitucional sobre derechos y cultura indígenas que incumplió los acuerdos de Andrés, comenzaron las agresiones del grupo paramilitar Orcao contra las bases rebeldes de esa comunidad. Su objetivo fue ocupar el territorio dejado por la tropa.

La Orcao no siempre fue así. Durante algunos años tuvo una estrecha relación con el zapatismo. Sin embargo, rompió este vínculo entre 1997 y 1999, y su dirección comenzó a disputar la base social rebelde, con apoyos económicos y puestos en el gobierno para sus dirigentes. Con la llegada al gobierno del estado de Pablo Salazar (2000-06), el conflicto escaló. En 2002, las agresiones de la organización de caficultores contra las bases zapatistas se intensificaron dramáticamente, al punto de destruir un mural insurgente. Se convirtió en fuerza paramilitar.

La Orcao se formó en 1988, con 12 comunidades de Sibacjá, en el municipio de Ocosingo. Al poco tiempo se sumaron a ella otros poblados, hasta casi sumar 90. Sus demandas originales consistieron tanto en la búsqueda de mejores precios para el café (en 1989 se desplomaron drásticamente) como en la solución del rezago agrario. Influida por el trabajo pastoral progresista, en 1992, en el contexto de la conmemoración de los 500 años de resistencia indígena, negra y popular, reivindicó la autodeterminación indígena, se opuso a la reforma al artículo 27 constitucional y exigió libertad, justicia y democracia (https://bit.ly/3goUvWS).

Sin embargo, sufrió una imparable descomposición. Prácticamente fue expulsada de Unorca en 2015. Dividida internamente, dos grupos pelean su dirección, el de José Pérez, ligado a los Verdes y al control de transporte de pasajeros, y el de Juan Vázquez, comisionado para la reconciliación en el gobierno de Juan Sabines, más orientado a lo productivo. Aliados a los gobiernos en turno, sus líderes han disfrutado, para su beneficio personal, de puestos en la administración pública. Muchos de ellos fueron parte del PRD, del PVEM y ahora de Morena.

Existe una larga historia de agresiones de la Orcao contra Cuxuljá. Como resultado del levantamiento armado, las bases de apoyo del EZLN (un grupo colectivo de 539 campesinos) fueron beneficiadas con mil 433 hectáreas expropiadas a finqueros. Cuentan con un «acta de entrega-recepción de tierras» de la Secretaría de la Reforma Agraria.

Los zapatistas trabajan la tierra en colectivo y se niegan a parcelarla individualmente. Aseguran que hacerlo sería como volver a 1994. Sin embargo, un pequeño grupo de la Orcao, que abandonó la comunidad y vendió sus casas, apoyado originalmente por el Ejército y la policía, insiste desde hace 19 años en fraccionar el predio, sacar certificados y vender individualmente lo que es producto de una lucha en común.

Los ataques contra las bases de apoyo del EZLN por la Orcao han sido una constante. No se limitan a Cuxuljá, sino que abarcan varios municipios. El último se efectuó el pasado 23 de febrero en Chilón, cuando la misma Orcao, los Chinchulines e integrantes de Morena violentaron y secuestraron a representantes comunitarios, como represalia por participar en las Jornadas en Defensa del Territorio y la Madre Tierra Samir Somos Todas y Todos (https://bit.ly/3leg3cs).

Estas agresiones se han efectuado, regularmente, en el marco de ofensivas gubernamentales para tratar de debilitar al zapatismo y contener su avance. No son producto de pugnas intercomunitarias, sino resultado de una estrategia de fabricación de conflictos internos por parte del Estado. Los gobiernos en turno (aun el actual) apoyan a la Orcao con recursos económicos, proyectos productivos (muchos de ellos ganaderos), cobertura política e impunidad policial, para tratar de erosionar y desgastar al EZLN.

Apenas hace un año, los rebeldes anunciaron la creación de siete nuevos caracoles adicionales a los cinco existentes, con lo que en total cuentan con 43 instancias de autogobierno, sin relación con los órganos de gobierno oficiales. Adicionalmente, ha anunciado su rechazo al Tren Maya y al Corredor Interoceánico. La nueva batalla de Cuxuljá y la imparable guerra de los paramilitares de Chenalhó son parte de una estrategia de contención contra ese avance del zapatismo. Una estrategia que no parece preocuparse por incendiar el estado.

Twitter: @lhan55

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