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El 31 de mayo de 2010, el genocida ejército sionista atacó a las embarcaciones que conformaban la Flotilla de la Libertad. El ataque se dio de madrugada, en aguas internacionales y con una clara intención criminal. En particular, el barco de bandera turca Mavi Mármara, recibió la embestida con absoluta saña, resultando 9 compañeros asesinados más otro que permaneció en coma por mucho tiempo, hasta morir también. Antes de realizar el cobarde ataque, los sionistas impusieron un escudo electrónico que buscaba aislar a la flotilla evitando cualquier tipo de comunicación. Sin embargo, en el Mavi Mármara se disponía de una tecnología por entonces desconocida para los técnicos israelíes, lo que permitió dar a conocer en transmisión síncrona toda la operación terrorista, que eso fue, en el mundo entero.

El ataque resultó fuertemente impactante en la opinión pública mundial y conllevó un creciente repudio a esa colonia fascista en Palestina. En lo personal, significó un cuestionamiento a mi complicidad por mantenerme tan solo como observador de la situación tan injusta que sufre el pueblo palestino y una sacudida a mi ignorancia sobre el tema. Días después, recibí una invitación a participar en una reunión donde se analizaría ese crimen de lesa humanidad. La reunión se realizó justamente el 5 de junio, recuerdo perfectamente que era sábado, en un plantel de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Ese día me enteré, entre otras muchas cosas, que se conmemoraba un aniversario de Al Naksa, el inicio de la Guerra de los 6 Días en 1967. Pero también, ese mismo día se gestó un grupo de trabajo muy comprometido, honesto y desinteresado, cuyo fin era precisamente apoyar a la causa palestina. Se trataba de un grupo muy diverso, con algunos compañeros que tenían décadas de trabajo solidario con la causa palestina, algunos que tenían menos tiempo o incluso ninguno, pero desarrollaban su trabajo o sus estudios en el marco de la defensa y promoción de los derechos humanos, e incluso algunos, como yo, sin experiencia previa en el activismo, más allá de apoyos muy limitados a ciertas causas, como la de Cuba o la lucha zapatista. Semanas después decidimos darle un nombre a ese espacio de análisis y activismo y lo nombramos simplemente «Palestina Ya», el cual adoptó como un eje importante de acción, el campo de la cultura. Hoy, a diez años de aquella primera reunión, y tras un final triste para el trabajo de ese colectivo, sobre lo cual en su momento escribí (a poco menos de 3 años de su nacimiento), hemos seguido caminos distintos, algunos opuestos en ciertos aspectos, pero todos seguimos siendo solidarios con Palestina, además de los afectos personales que logramos desarrollar con esa experiencia.

No quise dejar pasar este aniversario, y considero que la mejor manera de hacerlo es convocar a sumarse a esta digna causa, la causa de la humanidad, la causa palestina. Actualmente, estamos conformando el Movimiento Mexicano por Palestina, donde confluimos algunos de quienes participamos en aquél colectivo, o que nos conocimos en virtud del trabajo que entonces realizamos. En este momento, creemos que el principal eje de acción es el apoyo irrestricto a las acciones promovidas por el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) nacido en el seno de la sociedad civil palestina, de carácter pacífico, y que ha cosechado ya muy importantes triunfos, al grado de provocar que el régimen sionista destine importantes presupuestos a combatirlo, sin éxito.

Por último, dejo la liga al documental preparado por el compañero David Segarra, participante en la Flotilla de la Libertad y víctima también de la agresión israelí.

¡Viva Palestina, libre y entera!

Para todos los compañeros que participamos en Palestina Ya.

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About Author: asbaeza