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Tomado de jornada

Ezer R. May May*

“Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y mucho son los que entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida” (San Mateo, 17:13-14, Nueva Biblia Latinoamericana). Muchos pueden cruzar una puerta ancha, pero pocos una puerta estrecha; es fácil y cómodo caminar una senda amplia, pero dificultoso andar por una angosta. Jesús planteó un claro resultado diferenciado.

El Estado mexicano entró por la puerta ancha al ejecutar la «consulta» del «Tren Maya» en noviembre de 2019, una puerta por la cual también el PRI y el PAN decidieron cruzar porque así era más fácil llevar a cabo (mega) proyectos de desarrollo. ¡Claro! Concebir a la consulta sólo como un requisito burocrático o como una palomeada en el check list desarrollista no es apretujado.

La fase informativa duró dos días (29-30/11/2019), en la que la información expuesta fue de carácter sesgado, y en la mayoría de los casos, los únicos expositores fueron los representantes de Fonatur. No podía esperarse algo distinto. Hasta ese momento (¿ahora sí?) no existían evaluaciones de impacto social ni ambiental que pudieran dar certezas de los potenciales efectos negativos y positivos. Una de las referencias a lo dicho por el representante de Fonatur durante la «consulta» en Tunkás fue: “…el proyecto no está hecho… sólo es una propuesta del impacto y los estudios paulatinos se definirá la mejor dinámica del tren” (Acta de Asamblea Regional Informativa de Tunkás, 29/11/2020). De acuerdo con los estándares del Convenio 169 de la OIT, los resultados de los «estudios paulatinos» que irían marcando la «mejor dinámica del tren» debieron ser parte de la fase informativa para tener un mejor proceso consultivo, e incluso también hubiera marcado una mejor dinámica en la consulta.

A pesar de estas carencias, se realizó la «consulta» prometiendo bienestar, desarrollo y más programas sociales, planteando únicamente los posibles «beneficios económicos» y «beneficios ambientales» de un tren, tales como se plasmaron en uno de los folletos informativos oficiales. En un solo día, 29 o 30, se llevó y se finalizó la fase informativa, inaugurando enseguida la fase deliberativa (Acta de Asambleas Regionales Informativas). El diálogo se acotó a lo que un ente público dijo, y los asistentes tuvieron que realizar preguntas con base en una información desbalanceada, desequilibrada y limitada. Es evidente, la prioridad fue obtener la «aprobación» y no la creación de un entorno en el que la población estuviera informada.

En la asamblea informativa acudió solamente el comisario ejidal de mi pueblo Kimbilá y el comisario municipal del pueblo vecino, Citilcum (Registro de asistentes a la Asamblea Regional Informativa de Tunkás, 29/11/2020). La fase deliberativa fue una laguna. En ambas localidades no hubo tal fase deliberativa, la cual permitiera retornar a la fase consultiva con las voces de ambos pueblos –recordando que el comisario ejidal sólo representa al sector agrario empadronado. ¡Claro! Convencer a una persona con información tendenciosa, para luego argumentar que representa la voz de toda una población, es menos complicado y poco tardado para sustentar el proyecto gubernamental –aunque este proceder es deshonesto. ¡Es la prisa del camino amplio! El capital no espera, siempre ha pasado por la senda amplia porque es más rápida, y siempre evita la senda angosta porque es más onerosa.

Ahora que los proyectos empresariales de energías renovables están en debate, quisiera mencionar un aspecto relevante. Antes del conflicto y tensión en torno a ellos, los ejidos –no la localidad o pueblos en su totalidad– aceptaron gustosos firmar los contratos debido a las promesas basadas en una información sesgada de los empresarios, quienes buscaron que el ejido firmara el mismo día; algo similar a los actos del equipo del proyecto «Tren Maya», con los cuales consiguieron la «anuencia» de un sector poblacional en un mes. Esta prontitud con los negocios «verdes» desencadenó los posteriores conflictos que, en cierta medida, los que llevaron la mayor carga de éstos fueron los pueblos. Y precisamente, estos resultados se tienen que evitar con el «Tren Maya».

La nueva comentocracia moralmente empoderada y silenciosa por momentos nos hace creer que la intención es distinta y honesta; nos hace creer que la piedra con la que nos tropezaremos de nuevo no es la misma, aunque piedra siga siendo. Es claro que el presidente Andrés Manuel López Obrador y el equipo de Fonatur quiere finalizar lo más pronto posible el proyecto «Tren Maya». Por eso la prisa en los modos de «consulta» y por eso la prisa para inaugurar la construcción durante la pandemia. Esa prisa lo está llevando a tomar el camino fácil, amplio y ancho, e ignorando la puerta estrecha y la senda angosta que «lleva a la vida». No hace falta decir que transitar el camino estrecho tampoco consiste en realizar pactos con los indeseables, sino transitar sin esos pactos que hacen aún más angosto el andar. El actual Presidente ha recorrido tanto desde distintas sendas, muchas de ellas estrechas, pero ¿la 4T cambiará de senda con el Tren Maya, ahora que ha cruzado por la puerta ancha?

*Antropólogo social e historiador, originario de Kimbilá, Izamal, Yucatán

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