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Tomado de rebelion

Por Ramzy Baroud

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Hace cien años los representantes de unos pocos países poderosos se reunieron en San Remo, una aletargada ciudad de la Riviera italiana y juntos decidieron la suerte de los vastos territorios confiscados al Impero otomano tras su derrota en la Primera Guerra Mundial.

Fue el 25 de abril de 1920 cuando el Consejo Supremo de los Aliados creado tras la Primera Guerra Mundial aprobó la Resolución de la Conferencia de San Remo por la que se establecían Mandatos occidentales en Palestina, Siria y “Mesopotamia” (Irak). En teoría los dos últimos estaban destinados a tener una independencia provisional, mientras que se concedió Palestina al movimiento sionista para que estableciera ahí una nación judía. “El Mandatario será responsable de poner en práctica la declaración [Balfour] hecha originalmente por el gobierno británico y adoptada por las demás potencias aliadas el 8 de noviembre de 1917 a favor del establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío”, afirmaba la Resolución.

La Resolución otorgaba un mayor reconocimiento internacional a la decisión unilateral británica, adoptada tres años antes, de conceder Palestina a la Federación Sionista con el fin de establecer una patria judía a cambio del apoyo sionista a Gran Bretaña durante la Gran Guerra.

Y al igual que en la Declaración Balfour, [en la Resolución] se hacía una rápida mención a los desventurados habitantes de Palestina, cuya patria histórica se estaba confiscando y entregando injustamente a los colonos judíos.

Según la Conferencia de San Remo, el establecimiento de ese Estado judío dependía de un vago “acuerdo” de que “no se hará nada que pueda perjudicar a los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías que existen en Palestina”.

Esta mención solo sirvió como un pobre intento de parecer equilibrado políticamente, mientras que en realidad nunca se estableció ningún mecanismo para llevarlo a la práctica y garantizar que se respetaba y aplicaba ese “acuerdo”.

De hecho, se podría argumentar que la larga implicación de Occidente en la cuestión de Israel y Palestina ha seguido el mismo prototipo de San Remo, es decir, que se concede al movimiento sionista (y después a Israel) sus objetivos políticos en base a unas condiciones que no se pueden cumplir y que nunca se respetan ni se aplican.

Hay que señalar que la inmensa mayoría de las Resoluciones de Naciones Unidas referentes a los derechos palestinos siempre han sido aprobadas por la Asamblea General y no por el Consejo de Seguridad en el que Estados Unidos es uno de las cinco potencias con derecho a veto y siempre está dispuesto a echar abajo cualquier intento de hacer cumplir el derecho internacional.

Esta dicotomía histórica es lo que ha llevado a actual punto muerto político.

Uno tras otro los dirigentes palestinos han fracasado en cambiar este esquema opresivo. Décadas antes del establecimiento de la Autoridad Palestina, innumerables delegaciones, incluidas aquellas que afirmaban representar al pueblo palestino, viajaron a Europa para apelar a uno u otro gobierno, defender el caso palestino y exigir justicia.

¿Qué ha cambiado desde entonces?

El 20 de febrero de 2020 el gobierno de Donald Trump publicó su propia versión de la Declaración Balfour bajo el nombre de “Acuerdo del Siglo”.

La decisión estadounidense que, una vez más, desprecia abiertamente el derecho internacional, prepara el camino para futuras anexiones coloniales por parte de Israel de la Palestina ocupada paves the way for further Israeli colonial annexations of occupied Palestine. Amenaza abiertamente a los palestinos que si no cooperan serán castigados severamente. De hecho, ya han sido castigados ya que Washington cortó la financiación de la Autoridad Palestina y de todas las instituciones internacionales que proporcionan una ayuda fundamental al pueblo palestino.

Lo mismo que en la Conferencia de San Remo, en la Declaración de Balfour y en muchos otros documentos se pedía a Israel, de una forma muy educada pero sin ningún plan para hacer cumplir esas demandas, que concediera a los palestinos algunos gestos simbólicos de libertad e independencia.

Se puede argumentar, y con razón, que el “Acuerdo del Siglo” y la Resolución de la Conferencia de San Remo no son idénticos en el sentido de que la decisión de Trump fue unilateral mientras la que Resolución de San Remo fue el resultado de un consenso político entre varios países: Gran Bretaña, Francia, Italia y otros.

Es cierto, pero hay que tener en cuenta dos puntos importantes: en primer lugar, la Declaración Balfour también fue una decisión unilateral. A los aliados de Gran Bretaña les costó tres años aceptar y dar validez a la decisión ilegal de Londres de conceder Palestina a los sionistas. La pregunta ahora es cuánto tiempo le costará a Europa hacer suyo el “Acuerdo del Siglo”.

El segundo lugar, el espíritu de todas estas declaraciones, promesas, resoluciones y “acuerdos” es el mismo, esto es, las superpotencias deciden en virtud de su propia fuerte influencia reorganizar los derechos históricos de las naciones. En cierto modo, nunca murió verdaderamente el colonialismo de antaño.

Se obsequia a la Autoridad Palestina, lo mismo a que los anteriores dirigentes palestinos, con la consabida política del palo y la zanahoria. El pasado mes de marzo el yerno del presidente Donald Trump, Jared Kushner, dijo a los palestinos que si no volvían a las (inexistentes) negociaciones con Israel, Estados Unidos apoyaría la anexión por parte de Israel de Cisjordania.

Desde hace casi tres décadas y, desde luego, desde la firma de los Acuerdos de Oslo en septiembre de 1993, la Autoridad Palestina ha elegido la zanahoria. Ahora que Estados Unidos ha decidido cambiar totalmente las reglas del juego la Autoridad Palestina de Mahmoud Abbas se enfrenta a su más grave amenaza existencial hasta ahora: ceder ante Kushner o insistir en volver a un modelo político muerto que Washington construyó y luego abandonó.

Israel aborda con una total claridad la crisis dentro del liderazgo palestino. El nuevo gobierno de coalición israelí, formado por quienes antes eran rivales, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y Benny Gantz, ha acordado provisionalmente que la anexión de grandes partes de Cisjordania y el Valle del Jordán es solo cuestión de tiempo. Solo esperan la aprobación de Estados Unidos.

No es probable que esperen mucho tiempo ya que el Secretario de Estado Mike Pompeo afirmó el 22 de abril que la anexión de territorios palestinos es “una decisión israelí”.

Francamente, poco importa. Ya se ha hecho la Declaración Balfour del siglo XXI y solo es cuestión de convertirla en la nueva realidad incontestable.

Quizá es el momento de que los dirigentes palestinos comprendan que la respuesta nunca es y nunca ha sido prosternarse a los pies de los herederos de la Resolución de San Remo, que crearon y mantienen el Israel colonial.

Quizá sea el momento de reflexionar seriamente al respecto.

Ramzy Baroud es periodista y director de The Palestine Chronicle. Es autor de cinco libros, el último de los cuales es These Chains Will Be Broken: Palestinian Stories of Struggle and Defiance in Israeli Prisons” (Clarity Press, Atlanta). El dr. Baroud es investigador no residente del Center for Islam and Global Affairs (CIGA), Istanbul Zaim University (IZU). Su página web eswww.ramzybaroud.net

Fuente: http://www.ramzybaroud.net/100-years-of-shame-annexation-of-palestine-began-in-san-remo/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

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