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Tomado de jornada

John Saxe-Fernández

Mantener y, peor aún, acentuar sanciones económicas en medio de la pandemia de Covid-19 como ingrediente letal de la diplomacia de fuerza de Estados Unidos configura un crimen de lesa humanidad. Centrada en crecientes e ilegales sanciones económicas contra naciones arbitraria e ilegalmente designadas en ocasiones diversas como «amenazas a la seguridad» de Estados Unidos (Cuba, Nicaragua, Siria, Irak, Afganistán) o con jurisdicción sobre los yacimientos de combustibles fósiles que van quedando en la corteza terres-tre (Venezuela e Irán), es un crimen de guerra que merece el mayor rechazo público violatorio de convenciones internacionales varias.

Sorprende y alarma esa sevicia por el desprecio y crueldad con la humanidad y las jóvenes generaciones de hoy, mañana y por nacer. El desprestigio, descomposición y cobardía que abate al nacional trumpismo son visibilizados por la pandemia misma. Bill van Auken, en «El imperialismo estadounidense utiliza el coronavirus como un arma de guerra» (wsws.org, 20/3/2020), captó la debacle hegemónica cuando cita al doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de Salud (OMS): “La única forma de derrotar esta pandemia, como siempre lo hemos dicho, es por medio de la solidaridad. Solidaridad, solidaridad, solidaridad… Somos una raza humana, y eso es actualmente suficiente. Este es un enemigo invisible que ataca a la humanidad” (p. 2). Esas breves y certeras palabras captan grados de insensibilidad y crueldad cercanos al tipo de masacres de exterminio desatadas ante la resistencia indígena a la expansión territorial de Estados en Norteamérica (ver Roxanne Dunbar-Ortiz, An Indigenous People’s History of the United States, Beacon, 2015).

Las sanciones de Estados Unidos contra Venezuela e Irán vienen de esos hondos castigos colectivos. Con jurisdicción sobre la principal reserva petrolera del mundo, Venezuela fue receptora de sanciones económicas decretadas por Donald Trump desde el inicio de su mandato en 2017 hasta estos días. Partiendo del análisis de Dunbar-Ortiz, se puede observar una continuidad histórica con el estudio de Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs, Sanciones económicas como castigo colectivo: el caso de Venezuela (2019), disponible en español en www.cepr.net. Sobre el castigo colectivo, revisar la puntual síntesis de Stanley Cohen, que llega hasta las masacres de Israel contra la población palestina, por lo que es necesario revisar la agresión contra Venezuela hasta donde apuntan los cañones de esas letales sanciones desde agosto de 2017. Los datos de Weisbrot y Sachs, contundentes, demuestran que los cañones del nacional trumpismo van contra niños, mujeres y hombres inermes. Indican que «la mayor parte del impacto de esas sanciones no se ha producido en el gobierno, sino en la población civil» (p. 1), y agregan que “las sanciones han infligido, y progresivamente infligen, daños muy graves a la vida y la salud humanas, incluidas más de 40 mil muertes entre 2017 y 2018… Estas sanciones encajarían en la definición de castigo colectivo de la población civil, tal como se describe en las convenciones internacionales de Ginebra y La Haya, de las cuales Estados Unidos es signatario. Estas sanciones también son ilegales según el derecho internacional y los tratados firmados por Estados Unidos, y parecería que también violan la legislación de Estados Unidos”.

En un artículo del The New York Times ( 24/3/2020) sobre cómo las sanciones de Estados Unidos contra Irán van a poner en riesgo la vida de millones, N. Bajoghli y M. Rouhi notan que la guerra de ocho años entre Irán e Irak, que costó cerca de un millón de vidas, «va a palidecer en comparación con la epidemia del coronavirus. Investigadores iraníes han estimado que la epidemia, que ya lleva mil 500 bajas, llegará a un pico a fines de mayo y podría resultar en 3.5 millones de muertos». Tal parece que acaba la “revolución shale” y que las big oil y el Pentágono se lanzan otra vez, como en Irak y Libia, al negocio de las petroguerras, incendiando y ahora azuzando la pandemia, vía «decretos» que desatan más sanciones que atacan hospitales y las rutas financieras a las medicinas, doctores, enfermeras y equipos necesarios para enfrentar el Covid-19.

Coda: contrario a los desfiguros de la bancada conservadora, México va por la fraternidad y la esperanza con una sólida conducción nacional ante una crisis compleja e histórica. Un sen-timiento reforzado por los responsables de las organizaciones Mundial de la Salud (OMS) y Panamericana de la Salud en el país, para quienes «México está tomando varias de las lecciones aprendidas por otros países, como China, y está aplicando medidas coherentes con las recomendaciones de la OMS; fue el primero en poner a punto una prueba de detección para el coronavirus, y eso es premisa básica para disminuir la velocidad de dispersión de la pandemia. Esos esfuerzos nos hacen pensar que se siguen haciendo bien las cosas, los 164 (casos) son aún importados y las personas con las que estuvieron en contacto han sido estudiadas, eso nos deja tranquilos» ( El País, 21/3/2020).

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