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Tomado de jornada

John Saxe-Fernández

Si bien es cierto que, como dice AMLO en relación a la 4 T, «lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer»–Gramsci–, mucho pende de la inteligencia política en el manejo de lo que se configura a nivel planetario como una «catastrófica emergencia climática», aunque ya desde hace más de 60 años los altos círculos del capital fósil están enterados por sus propios investigadores y por la comunidad científica mundial de la devastación bioclimática que se anida en los combustibles fósiles. Desde México y su 4T téngase presente la inmensidad que en ese contexto se despliega la abismal asimetría que enfrenta el país ante Estados Unidos bajo el negacionismo climático del gobierno de Trump, quien junto a los grandes emisores de los gases de efecto invernadero (GEI) en disputa hegemónica, se opone, en lugar de liderar, a regular y frenar los GEI haciendo a un lado las advertencias de la ciencia.

Ahora el problema para México está en el uso del T-MEC para una todavía más riesgosa y devastadora ambición de «supremacía energética» por la vía de altas inversiones en combustibles fósiles no convencionales de sus vecinos por medio de la fractura hidráulica ( fracking) en EU y en México, y la explotación de arenas bituminosas en Canadá. Tal parece que las cosas se acomodan en dirección a ese diseño. Se trataría de agregar unos 60 mil pozos en cuencas shale de México con una noción de supremacía energética, motorizada por Trump usando diversos mecanismos que van desde el T-MEC, hasta un memorando de entendimiento, que según el calendario oficial debe formalizarse este diciembre de 2019 (ver adelante), hasta nociones que atraen a Trump, como el BEAN (Bloque Energético de la América del Norte), propuesto por Rick Perry, secretario de Energía y sucesor de Bush como gobernador de Texas. Por ello es necesario atender los riesgos de la asimetría, así como la alerta dirigida a México por la economista María L. Ramos Urzagaste, quien entre otros puntos, advierte que el T-MEC define procedimientos judiciales para evitar la divulgación de secretos comerciales de las trasnacionales en casos de litigio con el respectivo Estado («T-MEC, craso error», La Jornada 20/6/2019). Ramos indica que, eso «le vendrá muy bien a los contaminadores. Estarán protegidos de no difundir información de los químicos que utilizan». Los intereses del fracking estarán de plácemes.

Ya estamos advertidos de que ni en materia laboral, recursos naturales y muy especial en asuntos energéticos, ni Trump ni el big oil «dan patada sin guarache». Al momento de escribir esta nota ya estaría formalizándose por medio de instrumentos financieros el diseño energético de EU al sur del Bravo, de la Cuenca de Burgos al norte de México hasta Vaca Muerta en Neuquén, Argentina. Ya Ana Langner en «Busca EU pactar con México un plan para financiar energéticos» informó ( La Jornada 14/12/2019) que el gobierno de EU contempla “entablar negociaciones para la formalización de un memorando de entendimiento para sumarse a la iniciativa estadunidense de «Crecimiento económico de América» (el término «América» se refiere sólo a Estados Unidos), que habría de ser «presentada oficialmente en Washington» el martes 17 de diciembre, según lo comunicó Mauricio Claver-Carone, asesor del gobierno de EU.

Es necesario tener presente que la unanimidad y precipitación legislativa a favor del T-MEC, en el contexto de una abismal asimetría multidimensional con EU, abre espacios de alto riesgo para la 4T en dos de sus metas esenciales: primero, la solidaridad intergeneracional en lo referido a la herencia climática que se deja a las generaciones más jóvenes y futuras, y segundo, la amenaza que representa la fractura hidráulica para la población mexicana más pobre y vulnerable: aquella que vive en regiones y localidades cercanas a sus valiosos recursos naturales, algo semejante a los efectos nocivos contra la población, la fauna y la flora de la minería a cielo abierto. AMLO ya presidente reiteró el «no» al fracking. No está solo. Le acompañan millones en México y más allá, en decenas de ciudades, condados y estados de EU y el más amplio sector de la comunidad científica.

Es un rechazo basado en los riesgos bioclimáticos de la explotación de combustibles fósiles reforzado por datos sobre los efectos del fracking aun a distancia, en fetos y en la salud humana, contaminación del agua, del aire, impacto cada día mayor sobre el calentamiento global. Las fugas de metano del Ártico crecen y acentúan en el este de Siberia.

Coda: Por la inclusión de EU en el T-MEC, éste sería emulado automáticamente por los centros del capitalismo que compiten entre sí. Para Trump la política energética de México es parte de la disputa global por él alentada (con China, por ejemplo) para promover el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales como ingrediente de una cataclísmica supremacía energética.

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