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Tomado de jornada

José Steinsleger

Buenos Aires. Restaurante al paso en un barrio cualquiera de la ciudad. Pedimos bife con ensalada y vino común de la casa (pan incluido). Con jovialidad, el viejo mesero sirve los platos canturreando Uno, famoso tango del poeta y luchador social Homero Manzi (1907-51): “Uno busca lleno de esperanzas / El camino que los sueños / Prometieron a sus ansias…” Mi prima le sigue el compás: “Sabe que la lucha es cruel y es mucha / Pero lucha y se desangra / Por la fe que lo empecina…”

Mi prima (historiadora) confiesa que olvidó la letra de Los muchachos peronistas, y cuenta que Hugo del Carril (1912-89) la cantó por primera vez frente a Perón, en la Casa Rosada (1948). Con picardía, el mesero se la recuerda: «¡Por ese gran argentino / que se supo conquistar / a la gran masa del pueblo / combatiendo al capital!»

Mi prima transmite ideas de la conservadora y creativa «generación X» (nacidos en la década de 1960). Cuenta, por ejemplo, que en 1952, tras el estreno de Las aguas bajan turbias (filme basado en la novela El río oscuro), Del Carril pidió a Perón la libertad de su autor, el escritor comunista Alfredo Varela. «¿Por qué está preso?», preguntó el general. El cantor respondió: «Por orinar frente a la embajada estadunidense». Perón ordenó la libertad inmediata de Varela y, sonriendo, dijo: “Mire… todos somos un poco comunistas, si al final lo que buscamos es la justicia social”.

Más allá de alegrías poselectorales, todo mundo se pregunta cómo sigue la película en este país que Macri saqueó, humilló y endeudó, dejándolo en una insondable bancarrota moral y material: 40 por ciento de pobreza, un millón en la indigencia.

Incógnitas que, seguramente, el presidente electo Alberto Fernández despejará, cuando asuma la jefatura del Estado frente a un pueblo que enloquecería totalmente si el Fondo Monetario Internacional continúa decidiendo el futuro de los argentinos.

Algunos políticos estiman que el peronismo reúne los requisitos para convertirse en una suerte de socialdemocracia «progresista». Es lo que a ojos vistas se desprende del Grupo de Puebla, impulsado desde julio por Alberto («armador» del kirchnerismo originario) con dirigentes y ex gobernantes progres de América Latina.

En el decenio de 1980, varios partidos latinoamericanos (como el PRD de México), se afiliaron a la Internacional Socialista (IS). No obstante, algunos dirigentes no tardaron en detectar que la IS trabajaba de manera «clientelar». El siempre lúcido Porfirio Muñoz Ledo (representante del PRD en la IS) dijo: «Quieren codearse con los europeos, como si fueran de la clase alta».

Por otro lado, nadie recuerda que en 2003, Alberto propuso a Néstor Kirchner desafiliar al Partido Justicialista (PJ) de la Internacional Demócrata Cristiana, incorporándolo a la IS. Aunque quizá convenga, por ahora, olvidar la admiración de Alberto por los tenebrosos Pactos de la Moncloa (Madrid 1977), que en Chile la «Concertación» copió con regla y compás (Santiago, 1988). O su escasa simpatía por la revolución bolivariana, que al kirchnerismo le dio, generosamente, la liquidez monetaria para existir.

Kirchner se resistió y la propuesta de su «ingeniero político» quedó en agua de borrajas. En todo caso, las ideas de Alberto distan de encolumnarse en el peronismo «de izquierda», el sindicalismo corporativo, o el enredado «populismo» teorizado por Ernesto Laclau, que de buenas a primeras entusiasmó a muchos intelectuales «cristinistas».

Con insurrecciones populares o con votos, desangrándose, los pueblos de América Latina y el Caribe empiezan a pasar factura al «capitalismo salvaje». No hay, por ende, otro camino que el sugerido por el tango Uno: esperanza, sueños, ansias, lucha, fe. ¿Podrán con el desafío?

Las ideas que en el siglo XVIII se veían como mecanismo de relojería y en el XIX como una entidad orgánica, fluyen hoy de modo turbulento y caótico. Pareciera que esta es la nueva metáfora: realidades no lineales, dinámicas y cautivas del comportamiento errático de todas las cosas.

Costo total del almuerzo para dos personas: 7.46 dólares (145.47 pesos mexicanos). Mi prima alza las cejas: «una pequeña fortuna en el gasto diario de los argentinos». En México, igual consumo habría costado cuatro veces más.

«El mejor equipo económico en 50 años», según Macri, acaba de manifestar que deja una economía ordenada. Pero en estos días, el precio del pan subió 300 por ciento. Con todo, mi prima está feliz: ¡Macri kaput!

El mesero aclara: «Gracias a los votos de Cristina». Pregunto: «¿Y Alberto?» El viejo mesero suspira: «¿Qué le puedo decir? Un buen muchacho. Ojalá que cuando asuma, cante la marcha peronista».

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