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Tomado de jornada

Crece la indignación de independentistas

Torra, presidente catalán, condena la violencia; nada la justifica, dice

Armando G. Tejeda
Corresponsal
Periódico La Jornada
Jueves 17 de octubre de 2019, p. 26

Barcelona. Jóvenes, niños, jubilados y trabajadores indignados salieron por tercer día consecutivo a las calles de Cataluña para expresar su repudio a las condenas del Tribunal Supremo español contra nueve líderes independentistas.

Las protestas cobran fuerza cada día; ayer, una multitud recorrió de nuevo las calles de Barcelona y llegó a las puertas de la consejería (ministerio) del Interior, que preside el independentista Miquel Buch, a quien exigen su dimisión por la represión de los agentes de la policía autonómica catalana, los Mossos d’Esquadra. Por segunda noche consecutiva se reportaron enfrentamientos y ardieron barricadas en la ciudad.

El paro de estudiantes que comenzó ayer y terminará mañana, que coincidió con una huelga general en Cataluña, arrancó con una manifestación por el centro de la ciudad en un ambiente festivo y pacífico. Miles llevaban papel higiénico para, según la convocatoria, «limpiar toda la mierda» que han dejado tanto la sentencia como las «desproporcionadas» actuaciones policiales de los últimos días.

Nuria es estudiante barcelonesa, tiene 19 años y a pesar de que no es partidaria de la secesión, desde el pasado lunes pasa la mayor parte del tiempo en las manifestaciones. «Yo no quiero la independencia, pero no entiendo este fallo; no entiendo la reacción del Estado español y pienso que sólo tengo un camino: responder al avance del fascismo en las calles, con mis compañeros de generación».

Mientras hablamos en la plaza de la Universidad, a sólo unos metros hay una concentración de estudiantes en favor de la permanencia en España. Todos llevan a la espalda la bandera nacional y están rodeados por policías para evitar agresiones.

Marc, compañero de Nuria, de 21 años y estudiante de filosofía, quien se prepara para acudir a la protesta universitaria, contó: «Yo no era independentista hasta el primero de octubre. Ese día entendí que no podía seguir perteneciendo a un país que apalea a sus ciudadanos, que responde con violencia al anhelo de la gente por votar».

Muy cerca, Patricia, quien trabaja de dependienta en una tienda de ropa, observa a los estudiantes y expresa: «Si por mí fuera me pondría la estelada (bandera no oficial que se asocia al independentismo) a la espalda y me iría con ellos. No podemos permitir que nos humillen como pueblo».

Después de la marcha pacífica, unos 5 mil jóvenes intentaron romper el cordón policial y fue entonces cuando volvieron los enfrentamientos entre agentes y manifestantes, y con ello se levantaron numerosas barricadas en llamas por toda la ciudad, que olía a plástico y cartón quemado, ya que la mayoría de las hogueras las hicieron con los botes de basura del ayuntamiento. El fuego alcanzó a cinco vehículos. Algunos jóvenes también arrancaron adoquines para lanzarlos a los policías.

El saldo provisional es 59 de detenidos y más de 300 heridos, entre ellos 84 agentes policiales.

Las protestas continuarán, advirtieron en un comunicado los Comités de Defensa de la República (CDR) y aseveraron que es un «camino de no retorno» ante las reiteradas agresiones del Estado español al movimiento independentista, por lo que hicieron un llamado a la desobediencia «civil e institucional», en un claro mensaje al gobierno catalán que encabeza Quim Torra, y a los partidos políticos que hoy celebrarán un debate en el Parlamento catalán respecto de la sentencia, pero en el cual se cerró la puerta a votar alguna resolución, tal como pedían algunos sectores del independentismo, que claman por dar un paso adelante en la desobediencia.

El gobierno español, presidido por el socialista Pedro Sánchez, expresó su preocupación ante la «violencia generalizada» que se ha desatado en Cataluña. El mandatario se reunió con los tres principales líderes de la oposición para recabar apoyos y buscar una salida a la crisis.

También se informó que un turista de origen francés que sufrió un paro cardiaco el lunes pasado, cuando intentaba llegar al aeropuerto en el momento más álgido de las protestas, murió en un hospital de Barcelona. El hombre, de 65 años, tuvo que caminar cuatro kilómetros con sus maletas para llegar a tiempo a abordar su vuelo. La ambulancia que debía trasladarlo a un hospital quedó atrapada en la multitud y tuvo que ser llevado en helicóptero al centro médico, donde murió.

Torra se reunió ayer con el gabinete de seguridad y después se dirigió a Girona, desde donde encabezó una de las cinco marchas que salieron de distintos puntos de la región con el objetivo de llegar a Barcelona el próximo viernes, en lo que se prevé será la manifestación más numerosa de estas jornadas, que además coincidirá con la huelga general.

«El movimiento independentista no es ni ha sido violento. Siempre hemos condenado y condenaremos la violencia. No se pueden permitir los incidentes que estamos viendo en las calles de nuestro país. No hay razón ni justificación para quemar coches», sostuvo Torra en una declaración institucional anoche, a última hora.

Pero también atribuyó las decenas de hogueras y la quemazón de coches a «grupos de infiltrados y provocadores» que «dañan la imagen de un movimiento de millones de catalanes».

Estas movilizaciones «por la libertad» fueron inspiradas en manifestaciones históricas como la marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad, de Martin Luther King, o la Marcha de la Sal de Gandhi. El objetivo es «empoderar» a la ciudadanía y «tejer una respuesta masiva y no violenta que vuelva a inundar las calles en favor de la autodeterminación, de la libertad de los presos políticos y los exiliados, y en contra de la represión».

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