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Tomado de jornada

John Saxe-Fernández.

Ese «¿cómo se atreven?», de Greta Thunberg a los jefes de Estado presentes y ausentes en la ONU, fue rayo, trueno y rugido de una muy joven y profunda mujer. Con ella, la voz de las generaciones que reclaman su derecho a la vida. El de todas las especies, en estos solemnes momentos de una humanidad también en vía de extinción masiva y acelerada. No es tarde para apretar los frenos de esta poderosa maquinaria en ruta al abismo. Ese reclamo ante la pasividad o sujeción gubernamental a los combustibles fósiles fue y es rayo y trueno por la vida planetaria ante la catástrofe climática del omnicidio capitalista. El acontecimiento dio la vuelta al mundo y su significado es profundo. Este es tiempo de alto riesgo existencial, como advierte en su «Última batalla» Guillermo Almeyra, compañero siempre contra la guerra nuclear y el desastre climático.

Greta y también Guillermo, junto a millones de niños, niñas, jóvenes y adultos, exigieron desde La Jornada un futuro no catastrófico. Lo que se escuchó en la ONU fue expresión con indignación y fuerza suficientes para mutar en grito de amor por la vida, hoy bajo un pulso tanático de aniquilación biológica del capital fósil, en que el pasmo político es menos por traición y más por falta de datos o –como con los Trump, Bolsonaros o Macrones de hoy, que critican a Thunberg por «radical»– sólo por penosa ignorancia, agudo déficit ético-político, falta de empatía transgeneracional y de imprudencia criminal ante una emergencia climática cuya salida fue bien calibrada por la American Association for the Advancement of Science (AAAS).

El reclamo diplomático de António Guterres por la falta de acción efectiva después de París 2015 debe incluir a la banca mundial y realizar un freno y cese drástico de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), vía la formalización de tratados vinculantes, rechazados por quienes abastecen a los mil 500 millones de motores de combustión interna que incendian al planeta a diario. Ellos, con ojos y oídos dentro de la ONU, tergiversan o redactan documentos que borran el freno y cese de emisiones de GEI donde está el gran negocio de sus jefes. Hoy, por vez primera, surge el rechazo a megasubsidios a los fósiles de 5 billones ( trillions) de dólares según documento del FMI. Después de París 2015 siguió un burlón financiamiento durante los tres años siguientes por poco más de 600 mil millones de dólares anuales para un total de 1.9 billones a proyectos fósiles extremos: arenas bituminosas, fracking, perforación en el Ártico y aguas profundas.

De ahí la indignación y la movilización ciudadana encabezada por la niñez y la juventud de Thunberg. Desde epicentros de la ciencia se advirtió que (textual): «enfrentamos riesgos de cambios climáticos abruptos, impredecibles y potencialmente irreversibles», Así advirtió la AAAS que agregó, puntual: “entre más rápido se realice un esfuerzo común para detener el uso de los combustibles fósiles como nuestra fuente energética primaria, que lanza el dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera, más bajos serán los riesgos y los costos. Esos riesgos aumentarán con el paso del tiempo, a menos que se tomen medidas para detener las emisiones”, incluyendo al metano que captura mucho más calor que el CO₂ y al óxido nitroso que captura 297 veces más calor que el CO₂.

Las amenazas existenciales fomentan la cercanía entre la generación de Guillermo, a sus 91 años, y la de Greta, quien desde niña da la pelea contra el deterioro climático. Ambos seres se unen en lo que Günther Anders (revista Artefacto 5, 2004) llamó La Liga de las Generaciones. Acciones realizadas hoy en día, sean de corte bélico en Oriente Medio, que pueden intensificarse a nivel nuclear global, o la inacción en torno a la regulación y cese de las emisiones de GEI a un nivel que en menos de 12 años puede conducir a la irreversibilidad de la catástrofe climática, afectan el futuro. Los impactos fueron analizados por Anders ya que, dice el filósofo, “afectan a las generaciones futuras tan perniciosamente como a las presentes, el futuro está dentro del campo de nuestro presente. «El futuro ya comenzó, puesto que el trueno del mañana proviene del relámpago de hoy». La distinción entre las generaciones actuales y las del mañana ya no tiene más sentido, y aún podemos hablar de una Liga de las Generaciones a la cual nuestros nietos pertenecen tan automáticamente como nosotros mismos. Ellos son nuestros «vecinos en el tiempo. Al prenderle fuego a nuestra casa, no podemos evitar que las llamas salten hasta las ciudades del futuro, y las casas todavía no construidas de las generaciones todavía no nacidas se convertirán en cenizas junto con nuestros hogares. Aun nuestros ancestros son miembros de derecho de esta liga: porque, si morimos, haremos que ellos también mueran, una segunda vez, por así decir, y después de esta segunda muerte todo sería como si ellos nunca hubieran existido.» ( Ibidem)

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