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Tomado de jornada

Gilberto López y Rivas

El 17 de agosto de 2019, el subcomandante insurgente Moisés, vocero del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), hizo público un histórico comunicado en el que esta organización rinde cuentas al CNI-CIG, a su vocera, a organizaciones, grupos colectivos y personas de México y el mundo, que «se preocupan por los pueblos zapatistas» y «siguen con su corazón palpitando junto al nuestro».

En este documento –como es habitual, ignorado, minimizado o tergiversado por los grandes medios de comunicación y la clase política– se recuerda que hace tres años, los pueblos organizados en el Congreso Nacional Indígena, junto con el EZLN, ante la recolonización y catástrofe humanitaria de las corporaciones capitalistas y los malos gobiernos, se comprometieron a pasar a la ofensiva en la defensa del territorio y de la Madre Tierra, y «extender la palabra y la acción de resistencia y rebeldía».

En el cumplimiento de la palabra empeñada, práctica ética que lo caracteriza, comunica que, al igual que el CNI-CIG, el EZLN «pasó a la ofensiva en su lucha de la palabra, la idea y la organización», dando a conocer una extraordinaria noticia para los movimientos emancipadores en el ámbito planetario: la ruptura del cerco contrainsurgente y el establecimiento de “nuevos caracoles y más municipios autónomos rebeldes zapatistas, en nuevas zonas del suroeste mexicano”.

Estos nuevos autogobiernos rebeldes no constituyen un golpe o espectáculos mediáticos como los que se observan con frecuencia en el honorable Congreso de la Unión o en las mañaneras, sino el producto de “años de trabajo silencioso, a pesar del cerco, a pesar de las campañas de mentiras, a pesar de las difamaciones, a pesar de los patrullajes militares, a pesar de la Guardia Nacional, a pesar de las campañas contrainsurgentes disfrazadas de programas sociales, a pesar del olvido y el desprecio (…) Aunque con lentitud, como debe ser según su nombre, los cinco caracoles originales se reprodujeron después de 15 años de trabajo político y organizativo; los Marez y sus Juntas de Buen Gobierno también tuvieron que hacer crías y ver que crecieran. Ahora serán 12 caracoles con sus Juntas de Buen Gobierno”.

Con este paso trascendente, los mayas zapatistas refrendan el principio esencial de la estrategia autonómica: «Sabíamos y sabemos que nuestra libertad sólo será obra de nosotros mismos, los pueblos originarios», y, en esa dirección, identifican como factor crucial de este crecimiento exponencial «el trabajo político organizativo y el ejemplo de las mujeres, hombres, niños y ancianos bases de apoyo zapatistas. De manera destacada, de las mujeres y jóvenes zapatistas». En el otro polo equidistante del sujeto pasivo que recibe ayuda gubernamental individualizada y clientelar, en esta experiencia: «Las compañeras de todas las edades se movilizaron para hablar con otras hermanas con o sin organización. Los jóvenes zapatistas, sin abandonar sus gustos y querencias, aprendieron de las ciencias y las artes, y así contagiaron a más y más jóvenes». Así, el EZLN puede afirmar, «sin pena y con orgullo, que las mujeres zapatistas no sólo van adelante para, como el pájaro Pujuy, marcarnos el camino y no nos perdamos: también a los lados para que no nos desviemos; y atrás para que no nos retrasemos».

Ratifican en su comunicado la posición crítica frente a la política de la Cuarta Transformación, a la que califican de «destructora de la comunidad y la naturaleza», y señalan que: «las comunidades tradicionalmente partidistas han sido lastimadas por el desprecio, el racismo y la voracidad del actual gobierno, y han ido pasando a la rebeldía abierta o escondida. Quien pensó que, con su política contrainsurgente de limosnas, dividiría al zapatismo y compraría la lealtad de los no-zapatistas, alentando la confrontación y el desánimo, dio los argumentos que faltaban para convencer a esos hermanas y hermanas de que es preciso defender la tierra y la naturaleza. El mal gobierno pensó y piensa que lo que la gente espera y necesita son limosnas monetarias».

Este prolongado proceso de reflexión y búsqueda, con miles de asambleas comunitarias, en el que se forjan sujetos autónomos concientizados, politizados y motivados en el mandar obedeciendo, se constituye, realmente, en una transformación de alcances revolucionarios a la que, de nueva cuenta, sin vanguardismos ni hegemonismos, los mayas zapatistas nos convocan con su ejemplo. ¡Que broten Caracoles y Centros de Resistencia Autónoma por toda la geografía nacional y mundial!, con procesos autonómicos de abajo y a la izquierda, anticapitalistas y antipatriarcales, para hacer posible, en nuestras realidades, esa utopía concreta que edifican los hermanos y las hermanas zapatistas. ¡Es la hora de romper nuestros cercos, ser otro de los mazos que derribarán los muros, de los muchos vientos que barrerán la tierra, otra de las tantas semillas de las que nacerán otros mundos!

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