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Tomado de jornada

R. Aída Hernández Castillo*

La semana pasada el Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria de la Organización de Naciones Unidas requirió al Estado mexicano la libertad inmediata de un preso que fue torturado para autoinculparse en un delito que no cometió. Esta historia parece repetirse en muchas de las prisiones mexicanas, que están pobladas por personas que no pudieron pagar el precio de la justicia y donde la tortura ha sido una parte integral de sus «procesos legales». Este es el caso de María Luisa Villanueva, quien fue encarcelada el 6 de enero de 1998, acusada de un secuestro que no cometió, después de pasar cuatro días en una casa de seguridad y ser torturada sexualmente. Lo que hace diferente el caso de María Luisa, es que durante los 21 años en los que ha estado presa, ha dado una lucha férrea por probar su inocencia, enviando cartas a las autoridades, escribiendo su testimonio, realizando tres huelgas de hambre demandando la revisión de su caso. A dos décadas de su detención, podría pedir su libertad anticipada haciendo efectivos sus beneficios, pero ella exige que se reconozca su inocencia.

Cada lunes desde hace 10 años me encuentro con ella en el contexto del Taller de Escritura Creativa que impartimos con las compañeras de la Colectiva Editorial Hermanas en la Sombra en el Cereso Femenil de Atlacholoaya, Morelos. A lo largo de esta década, he aprendido de su férrea resistencia, de su determinación para no dejarse aniquilar por un sistema que reivindica la reinserción, pero práctica el castigo y el aislamiento. Mediante la poesía, la crónica y el cuento, María Luisa ha narrado su memorial de agravios, la manera en que fue inculpada de un delito que se cometió en Cuernavaca, a kilómetros de distancia de donde ella estaba amamantando a su hijo recién nacido, en el rancho El Ocotillo en la Sierra de Guerrero. Su testimonio de los cuatros días de tortura que vivió en manos del Grupo Antisecuestro de Morelos, fue registrado en el Dataton de la organización civil Documenta, y ha tomado forma de denuncia poética en muchos de sus escritos.

Su agudeza crítica y su escritura poética han alimentado este proyecto en el que las internas han escrito, diseñado y publicado 21 libros, en muchos de los cuales ha participado María Luisa. Es una lectora empedernida, y pasa de la poesía de Rosario Castellanos y Virginia Woolf a los libros de filosofía de Friedrich Nietzsche. Sin embargo, en más de dos décadas, no ha tenido la posibilidad de estudiar una carrera, porque esas opciones no existen en los Ceresos de Morelos, donde los proyectos educativos y culturales son casi nulos.

Su pasión por la escritura la ha hecho escribir múltiples cartas a la senadora Nestora Salgado García y al mismo presidente Andrés Manuel López Obrador. Ante su insistencia, ambos le han respondido por escrito. La visita de Nestora Salgado a Atlacholoaya en diciembre del año pasado, la primera que realiza una senadora de la República a ese centro de detención, conmovió a María Luisa hasta las lágrimas, despertando muchas esperanzas. Sin embargo, la espera continúa.

En los pasados tres años el abogado de derechos humanos Eutiquio Damián Santiago retomó su caso, reconstruyendo la genealogía de errores y arbitrariedades judiciales que se han cometido contra María Luisa, que incluyen no sólo la tortura, sino la fabricación de pruebas falsas, el chantaje, la pérdida de expedientes, etcétera. Con esta historia de vejaciones reunidas en un amplio expediente, el licenciado Santiago ha tocado múltiples puertas, encontrando muchas promesas y pocas respuestas. La periodista Sanjuana Martínez hizo un amplio reportaje sobre su caso en 2017, documentando las múltiples arbitrariedades y violencias de las que ha sido víctima.

Cada lunes, sufro la vergüenza e impotencia de no poder hacer nada por ella. Sirvan estas letras para hacer eco a su denuncia, cerrando con una estrofa de un poema escrito por María Luisa que será publicado en el próximo libro de la Colectiva, intitulado La esperanza es un epicentro:

Me declaro inocente de mi nacimiento
Soy inocente de tener un padre pájaro
Soy inocente de no soltar la mano de mi madre,
Inocente por arrastrar un pasado que no pedí
Inocente de los delitos que se me imputan
Inocente por no hablar, por mi silencio
por las palabras atoradas por mis ideas que el viento se llevó…

* Investigadora de Ciesas

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